martes, 25 de octubre de 2005
Posiblemente, es la más conocida, la más sobrecogedora, la más
punzante. La que sorprende más cuando se llega a América Latina y
se regresa a Europa. Por otra parte, la economía se une a la política y
a la dimensión social, formando un bloque compacto.

Lo que llama más la atención es el contraste entre el lujo y el
hambre, entre el superdesarrollo y el subdesarrollo, entre minorías
que viven en la abundancia y mayorías que lo hacen en la miseria.

A modo de ejemplo:

- Los países ricos e industrializados, tienen el 25% de la población
mundial; el 90%. de la industria mundial, el 85% de las riquezas del
mundo y dominan el 90%, del mercado mundial.

- Los países pobres son el 75% de la población mundial; poseen el
17% del producto nacional bruto, el 8% de la industria mundial, el 15%
de la energía mundial, el 6% de los gastos mundiales de salud, el 5%
de la tecnología mundial, etc...

Concretamente, en América Latina, una estricta minoría gana
muchísimo, está muy bien alimentada y puede ir a la universidad,
mientras que una gran mayoría padece una grave pobreza y extrema
desnutrición, y no tan sólo no llega a la universidad sino que no acaba
ni siquiera la escuela primaria.

En Bolivia el 32% de la población carece de dormitorio, el 66% no
tiene electricidad, el 78% está sin alcantarillado, el 64% no tiene agua
potable, el 40% no dispone de cocina y el 92% no puede contar con
una ducha. Mientras el salario mínimo es de 25$, la cesta de la
compra cuesta 294$ al mes. También en Bolivia, de 100 alumnos que
comienzan la primaria, solamente tres acaban la universidad. Se
calcula que el número de analfabetos en Bolivia es del 55%. La deuda
externa alcanza los 5.000 millones de dólares; cada boliviano, desde
que nace, se hace deudor de 738$...

Esta situación repercute en todo. E1 subdesarrollo es integral. Y
estos países, en vez de mejorar se hunden cada día más. Como dice
Juan Pablo II, la situación del Tercer mundo es peor que la de hace 20
años, cuando se publicó la Populorum Progesszo (1967); la situación
de América Latina en Puebla (1979) era peor que la de Medellín
(1968); Bolivia cada vez baja más, de manera que ahora gana en el
ranking de pobreza de toda la América Latina por encima del mismo
Haití.

Toda esta problemática se proyecta en la política, en la fragilidad
democrática, en la continua tentación de golpes militares, en la
postura "herodiana" de los sectores ricos que están en conexión con
las transnacionales, en la tentación de ejercer la violencia y la
guerrilla a falta de otras soluciones, en la corrupción y la economía
sumergida (narcotráfico), etc...

Así, América Latina, Bolivia, ofrece un lugar privilegiado para
realizar un análisis de nuestro mundo. Como dice Ellacuria es
necesario hacer un coproanálisis, un análisis de la economía del
Primer mundo desde la terrible situación del Tercer mundo, desde la
negación y la muerte. Desde el Tercer mundo, nuestro sistema
económico es inviable, puesto que es un sistema que engendra paro,
diferencias y marginación constante.

Esta realidad no es causal, ni fruto de la mala suerte, del azar, del
clima o de la raza. Es consecuencia de un sistema inhumano, cruel,
injusto, que para los cristianos tiene un nombre: pecado personal y
social, estructuras de pecado, injusticia estructural. El clamor del
Tercer mundo se convierte en una acusación para el Primer mundo:
"Caín, ¿qué has hecho de tu hermano?" Es un grito que clama
venganza al cielo, y como dice Juan Pablo II, los pueblos del Sur
pobre juzgarán un día a los países ricos del Norte. Es un lamento que
nos dice, en formulación de Juan Pablo II en Sollicitudo rei socialis,
que tanto el subdesarrollo como el superdesarrollo son intolerables y
deshumanizadores.

Esta sería la primera interpelación profética del Tercer mundo a los
países ricos del Norte, parecida a la de los profetas de Israel a la
monarquía que había olvidado el Éxodo y sus exigencias. El Primer
mundo se ha convertido en el nuevo Faraón de los pobres del Tercer
mundo, Faraón con nombres y apellidos, colectivos algunas veces; a
menudo, un Faraón anónimo, pero que mata y asesina. Es el nuevo
Herodes que mata inocentes cuyos llantos y gemidos se oyen, como
el clamor bíblico de Raquel que llora por sus hijos (Mt. 2, 18).
Publicado por tabor @ 23:42  | Reflexiones doctrinales.
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