martes, 25 de octubre de 2005
5. INTERPELACIÓN HISTÓRICA

En España nos han enseñado la conquista de América como uno
de los momentos más gloriosos de nuestra historia, como una gesta
incomparable en la que Castilla conquistó, evangelizó y dio lengua y
cultura a todo un Contiene. El 500 aniversario del Descubrimiento
representa una gran fiesta triunfal. En realidad, esta es la historia
vista por los vencedores, por los que estaban en el poder, por los que
hacían las crónicas, la historia oficial.

La historia real, la historia vista desde los vencidos, es bien
diferente. Es una historia muy triste, una historia de violencia, de
asesinatos, de violaciones de sangre, de latrocinios, de explotación,
de aniquilamiento de culturas, de esclavitud... Los vencidos
gritaban:"Dejadnos morir; ya no tenemos nuestros dioses, nuestras
tierras, nuestras tradiciones". Fue un terrible genocidio, como pueden
serlo los genocidios actuales. Fue el comienzo de una larga historia
de dependencia de la que todavía no se ha liberado. Y lo que es peor
es que todo se hizo en nombre de la fe, en nombre de Jesucristo, en
nombre de la Iglesia que estaba con el Conquistador. Un texto de
Hernán Cortés nos puede dar una idea de lo que esto suponía:

"Otro día torné a salir por otra parte, antes que fuese de día, sin ser
sentido de ellos, con los de a caballo y peones y los indios mis
amigos, y les quemé más de diez pueblos, en que hubo pueblos de
ellos de más de tres mil casas, y allí pelearon los del pueblo, que otra
gente no debía estar allí. E como traíamos la bandera de la cruz y
pugnábamos por nuestra fe y por servicio de vuestra sacra majestad,
en su muy real ventura nos dio tanta victoria, que les matábamos
mucha gente, sin que los nuestros recibieran daño". (Cartas de
relación de la conquista de Méjico).

Otras veces es el estandarte de María, la Madre de Dios, el que
realiza el milagro de la victoria, una Madre de Dios a la que los
españoles denominaban ."La Conquistadora".

Estos testimonios son escalofriantes; como el de aquella india que
,gritaba al ver que, con un hierro candente, le marcaban la cara como
a los animales, en señal de esclavitud:
"No me hierre, soy hija de cristiana española de las cautivas que
tienen los indios", y soy informado que aviéndola herrado la enviaron
a las hijas del Virrey, "marqués de Guadalcázar". (Archivo general de
Indias, Guatemala, Guatemala 156).

Y todo esto, como decíamos, en nombre de Dios. Oviedo escribe.
con cinismo: "La pólvora contra los infieles es incienso para el
Señor".

Nos habían hablado también de la leyenda negra (el negro es
siempre un color negativo y feo en el lenguaje de los blancos), de la
cual formaban parte las críticas de la conquista y sobre todo las
críticas de Bartolomé de Las Casas, al que, incluso Menéndez Pidal,
presenta como un hombre desequilibrado y paranoico.

La realidad es otra. Las Casas forma parte del grupo de misioneros
y de obispos que se pusieron al lado de los indios, en contra de SUS
compatriotas españoles, que fueron profetas de los sin voz,
defensores de los indios; y de los cuales Puebla habla con elogio:
"Intrépidos luchadores de la paz, como Antonio de Montesinos,
Bartolomé de las Casas, Juan de Zumárraga, Vasco de Quiroga, Juan
del Valle, Julián Garcés, José de Anchieta, Manuel Nóbrega y tantos
otros que defendieron a los indios ante conquistadores y
encomenderos, incluso hasta la muerte, como el Obispo Antonio de
Valdivieso" (Puebla 8).

Puebla habla de figuras como Rosa de Lima, Martín de Porres,
Toribio de Mogrovejo, Luis Leltrán (Puebla 7) y de las síntesis de
evangelización y cultura de las misiones de dominicos, mercedarios,
agustinos, franciscanos y jesuitas (Puebla 9).

Es cierto que la corona de Castilla defendía a los indios en sus
documentos, que no quería la esclavitud, que las leyes de Indias y
sobre todo las "Leyes Nuevas", luchaban contra los abusos; pero la
realidad fue muy diferente y virreyes y comendadores, lejos de la
Corona, actuaban con total impunidad y libertad. Aunque la teoría
fuera humanitaria, la realidad fue cruel. El primer obispo residencial
de Sucre, escribía:

«Hará cuatro años, que para acabarse de perder esta tierra, se
descubrió una boca del infierno por la cual entra cada año gran
cantidad de gente que la codicia de los españoles sacrifica a su dios,
y es una mina de plata que se llama Potosí".

Desde esta panorámica pensemos cómo fue la primera
evangelización de América Latina. Puebla habla de las luces y
sombras que acompañaron a aquella gesta evangelizadora (Puebla
10). Es un milagro ver que, a pesar de tantas contradicciones, la fe
arraigó en aquellas tierras hasta hoy. Además del mal ejemplo de los
conquistadores que se llamaban cristianos, los misioneros carecían
de una formación cultural y teológica necesaria para comprender el
auténtico significado de las religiones indígenas y las culturas
autóctonas. En nombre de la fe, forzaron conversiones y, muchas
veces, en lugar de inculturar la fe a las nuevas culturas,
occidentalizaron a los indios. El bautismo les hacia simultáneamente
hijos de Dios, súbditos del Papa y del Rey y miembros de la cultura
hispánica.

Los indígenas, guiados por el miedo y las presiones, aceptaron la
religión de los vencedores blancos, pero, muy a menudo, continuaron
creyendo en sus antiguas divinidades. El sincretismo que se advierte
en América Latina tiene profundas raíces, así como la falta de
coherencia entre la fe y la vida. Los latinoamericanos de hoy hacen
como los conquistadores de ayer: creen, pero viven a su aire... Una fe
que no alcanza a la región de corazón, de la imaginación, de los
símbolos, de la cultura, será siempre una fe desarraigada,
superficial.

Cuando hoy se habla de una nueva evangelización de América
Latina, es necesario que ésta sea totalmente distinta de la primera. No
puede ser desde arriba, ni a través del poder o las presiones, ni sin
que se respeten las culturas. No puede seguir la línea esclavista y
opresora de Ginés de Sepúlveda, que decía que, como los indios
eran seres inferiores, se les podía someter. No es suficiente la línea
centrista de Vitoria, que defendía a los indios, pero decía que podían
ser dominados si ofrecían resistencia a la fe. Hay que seguir la línea
liberadora de Las Casas y los otros grandes misioneros, hecha de
respeto, amor a los indios, tolerancia, indignación contra las
injusticias. Sólo una evangelización liberadora puede ser evangélica.

Todas estas realidades interpelan nuestra manera de comprender
la historia, la cultura y la fe. Y, aunque la Corona de Aragón, los
catalanes, no pisaron tierra americana hasta el s. XVIII, cuando lo
hicieron fue con la única idea e interés de enriquecerse. Muchos
nombres de familias ricas de América Latina, son de procedencia
catalana. También hoy los catalanes que se encuentran en aquellas
tierras, o son misioneros, o van por cuestión de negocios.

Es también necesario plantear y pensar de nuevo nuestro concepto
eurocéntrico de cultura y de fe. Inconscientemente, creemos que la
forma occidental y europea es la única válida para vivir la fe. Nos hace
falta hacer un esfuerzo para llegar a entender que la fe tiene que
estar arraigada en cada cultura, que no existe cultura que sea
cristiana o católica; que la fe las asume todas y las purifica y potencia.
Hay que defender una fe arraigada a la cultura y a las iglesias locales,
superando así un concepto equivocado de catolicismo que identifica
la universalidad con el centralismo, la catolicidad con la cultura latina,
romana, occidental, medieval o moderna... Necesitamos ser críticos
con la visión de iglesia, de Papado, de misión, que fundamentaba
aquella evangelización y conquista. Ya Vitoria criticaba al Papa que,
en nombre de Dios, dividía el mundo descubierto entre España y
Portugal. Casaldáliga, comentando unos versos de Pemán, escribe:

"Llevaban la espiga" (Y también la espada)
"Llevaban la rosa" (con muchas espigas)
"Y los mandamientos" (todos conculcados)
"Y el avemaría" (llena de desgracia para la Amerindia).


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Publicado por tabor @ 23:54  | Reflexiones doctrinales.
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