Estamos acostumbrados a ver el Tercer mundo como países de
misión, como iglesias jóvenes que dependen de las iglesias madres
del Primer mundo: dependencia económica (por ejemplo, de Alemania
y España), dependencia pastoral (de los misioneros, sacerdotes y
religiosas de Europa y Norteamérica) y dependencia espiritual. E1
Primer mundo exporta misioneros, dinero, planes pastorales, etc...
Todo esto es verdad, y sin la ayuda del Primer mundo, las iglesias del
Tercer mundo de América Latina difícilmente podrían subsistir. Pero la
realidad es más compleja y más rica. En el Tercer mundo, y
concretamente en América Latina, continente pobre pero cristiano,
está surgiendo, precisamente desde su misma pobreza, una nueva
forma de iglesia, pequeña, débil, una flor sin defensa -como dice el
biblista Mesters-, tierna, frágil, pero con la fuerza de la vida, del niño
que es pequeño y débil pero tiene toda una vida por delante. ¿Cómo
se podría concretar esta nueva manera de ser de iglesia, esta
"eclesiogénesis", hablando en términos de Boff?.
En primer lugar, nace una nueva espiritualidad, un nuevo sentido
del cristianismo, que se puede formular como el seguimiento de Jesús
con una opción por los pobres, como la presencia de Jesús en los
pobres, como la Utopía del Reino de Dios, amada y deseada, querida,
añorada. Es un deseo de respetar la vida y de dar gloria a Dios
respetándola, sobre todo la vida del pobre; de luchar contra los ídolos
de la muerte que matan y asesinan al pueblo. Esta opción lleva a no
aceptar como natural o fatídico todo lo que pasa en América Latina,
sino a considerarlo contrario a los planes de Dios, pecado, tanto
personal como estructural.
Todo esto ha hecho que muchos cristianos se comprometiesen con
estos procesos de cambio de América Latina y comenzasen a vivir un
cristianismo no ligado al orden establecido -como tradicionalmente-,
sino al cambio, a la revolución. Las formas de compromiso han sido
varias según países y lugares, pero hay una nueva forma de entender
el cristianismo que ya no es el opio del pueblo y que hace que incluso
Cuba se interese por todo este movimiento.
Han surgido las Comunidades Eclesiales de Base, pequeñas,
débiles, pero con gran fuerza vital en algunos lugares como Brasil,
donde se calculan unas 120.000. Son comunidades en las que los
cristianos, sobre todo populares, se encuentran para leer la vida a la
luz de la Palabra y la Palabra desde la vida, buscando un compromiso
transformador. Son lugares de encuentro humano (comunidades),
pero desde la fe y como iglesia (eclesiales) y desde sectores
ordinariamente populares o que están unidos a ellos y que buscan
una nueva sociedad (de base). Con muchas variantes, son un camino
de esperanza para la iglesia de América Latina, como aparece en
Medellín y Puebla.
Movidos por la misma necesidad, han nacido movimientos de laicos,
de ministerios laicales, agentes pastorales, catequistas y
evangelizadores que anuncian la Palabra a su pueblo, hombres y
mujeres sencillos, entusiastas, que dedican tiempo, trabajo y fuerzas
para extender la Buena Nueva. Muchos lugares donde los sacerdotes
no pueden llegar mantienen su fe gracias a estos agentes pastorales
laicos. Algunos son ordenados diáconos, muchos son simplemente
laicos, en general mujeres, gente sencilla, del pueblo. En esta línea
cabría señalar todo el movimiento de catequesis familiar: los laicos,
padres, parejas, etc... preparan a los hijos y sus padres para recibir
los sacramentos, sobre todo de cara a la primera comunión.
Se crea un nuevo estilo de obispos, cercanos al pueblo, que
defienden sus derechos como los antiguos obispos defensores de los
indios. Hay nombres conocidos como Casaldáliga, Helder Cámara.
Méndez Arceo, Proaño, etc... Otros, posiblemente menos conocidos
aquí como Arns, Lorscheider, Fragoso, Samuel Ruiz, Silva Heríquez,
Medina, Luna, Terrazas.
Nace un estilo de sacerdote sencillo, que está con el pueblo,
siguiendo una tradición profética, una espiritualidad ligada al estilo de
Jesús, con un cierto parentesco a lo que fueron en Europa los
sacerdotes obreros, el Prado; sacerdotes unidos a la comunidad, a la
base, al pueblo. Recuerdo la figura de Federico Carrasquilla, en
Medellín, con quien trabajó nuestro Mn. Breu.
Dentro de la vida religiosa hay un movimiento llamado de "inserción"
y que consiste en vivir en los lugares más pobres, con indígenas, con
campesinos, con mineros, en suburbios, chabolas, pueblos jóvenes,
asentamientos, ciudades míseras, etc...; la mayoría de las veces
dejando grandes obras de las clásicas o tradicionales, o realizando
cambios importantes. Se pueden encontrar religiosos y religiosas en
los campos de refugiados, en zonas de guerrilla, acompañando al
pueblo en las situaciones más duras; se hacen presentes en los
lugares más alejados con tribus desconocidas, etc... La Conferencia
Latinoamericana de Religiosos lo fomenta, cree que es un nuevo
camino y una nueva forma de vida religiosa en América Latina que,
sin pretender el exclusivismo, marca un camino, una "caminhada" muy
concreta. Estos religiosos y religiosas tienden a la inculturación,
incluso en el mundo religioso (religiosidad popular: imágenes,
procesiones, peregrinaciones...). Está a punto de publicarse una
nueva colección de textos para ayudar a los religiosos que viven en
esta nueva situación, y en todas partes hay agrupaciones de todos
los que viven esta renovación. (Crimpo).
Todo este estilo se refleja en la liturgia, en los cantos, incluso en el
arte. Los dibujos de Maximino Cerezo Barreda, o las pinturas "Naif" de
Solentiname, expresan esta nueva manera de vivir la fe. Las liturgias
de los encuentros de las CEBs son un modelo de creatividad,
simbolismo, vida, participación, cantos nuevos, etc...
Faltaría un aspecto importante si no hablásemos de la persecución
y el martirio. Esta espiritualidad profética, que lucha por la justicia y
por el pueblo, está mal vista por los sectores dominantes de la
sociedad y, a veces, de la misma Iglesia. Hay tensiones,
persecuciones, mártires. Conocemos nombres de obispos como
Romero o Angelelli, de sacerdotes y religiosos como Espinal, Rutilio
Grande, Alsina, Alvaro Uncué, de las monjas de Maryknoll. Pero son
miles los perseguidos por la fe y la justicia: catequistas, padres y
madres de familia, jóvenes, campesinos, mineros, seminaristas,
líderes sindicales, indígenas que defendían su tierra, mujeres del
pueblo, universitarios, etc... Y lo que es nuevo es que se trata de
gobiernos, de militares, de grupos que se llaman "católicos" y
defensores de la civilización cristiana occidental, los que son
responsables y promotores de estas persecuciones. Estamos ante
una iglesia seria y profunda; martirial, como la de los primeros siglos
del cristianismo, con la diferencia de que ahora los Nerones,
Domicianos, etc... se llaman cristianos y comulgan, asisten a las
procesiones y a las misas y Te Deums de la iglesia.
Evidentemente, no todo se ha de idealizar. No todos los obispos son
Casaldáligas, ni las CEBs florecen en todas partes ni todos los
religiosos viven entre los pobres e inculturados en la inserción; no
todos viven la espiritualidad del seguimiento de Jesús, ni tienen
vocación de mártires. Encontramos grandes ambigüedades y
contradicciones, lagunas inmensas; una línea de iglesia
restauracionista o de nueva cristiandad con figuras tan destacadas
como López Trujillo, Sales, Kloppenburg, etc... Estamos ante el
desafío de las sectas, sumamente grave e interpelador. Pero, a pesar
de todo, algo está naciendo, el Espíritu sopla fuertemente; estamos
ante una irrupción volcánica de Dios en América Latina, como dice
Gustavo Gutiérrez, ante una nueva primavera que llena de
esperanza.
Posiblemente, esta primavera tiene una palabra para las iglesias
viejas, madres, del Primer mundo, instaladas, ricas, con personal,
organizaciones, estructuras... pero que tal vez han perdido el sentido
de profecía, han quedado ahogadas por el ambiente, la abundancia,
el consumo, por la mediocridad, la tecnología... Es posible que la
solidaridad con las iglesias jóvenes podría dar un fuerte empuje, un
mayor dinamismo. De hecho, para muchas iglesias de Europa, la
solidaridad con el Tercer mundo está sirviendo para vigorizar la vida.
No se trata de imitar modelos de fuera, sino de dejarse interpelar y
escuchar otras voces.