jueves, 27 de octubre de 2005
17. Pero podríamos preguntarnos cuál es la razón fundamental de esta importancia de los pobres en la Iglesia y para la Iglesia. ¿Es una manera de tranquilizar la conciencia de los ricos -la Iglesia y los cristianos también, en muchas ocasiones-, dando de limosna parte de lo que se roba con la injusticia? ¿O acaso un egoísmo redomado, pagando con limosnas una entrada para el cielo? ¿O simplemente expresiones retóricas para mover el corazón de los ricos? Creemos, por el contrario que, la misión de la Iglesia hacia los pobres y la misión de los pobres en la Iglesia se basa en sólidos fundamentos de carácter teológico, cristológico, neumatológico, y eclesiológico. No se trata de "acallar" la conciencia

a) Fundamento teológico

18. El Dios de la revelación judeo-cristiana se nos manifiesta en la Sagrada Escritura como el creador infinitamente sabio y poderoso, lleno de amor hacia todas sus criaturas, especialmente hacia el hombre, del que cuida con especial providencia y al que entregó la tierra con todas sus riquezas, para que las disfrutara y cultivara como colaborador suyo24. El pueblo elegido en el Antiguo Testamento, que debería ser para la humanidad como el anticipo, el mediador y el misionero del futuro Reino de Dios, tiene en la Ley y en los profetas normas y orientaciones muy claras que le exigen fomentar actitudes de justicia, de solidaridad y de amor entre los hombres. Cuando son conculcadas -sea por los reyes, sea por los sacerdotes, sea por los ricos-, Dios envía profetas que les conminan para que socorran al necesitado, liberen al oprimido y hagan justicia al injuriado. En el año del jubileo se debía liberar a los esclavos y devolver las tierras que se hubieran tenido que vender por la penuria y necesidad de sus legítimos propietarios. Todos los hombres habían de ser libres, y todos poseer y conservar la heredad de sus antepasados. En el Nuevo Testamento, Jesús de Nazaret y la primitiva comunidad amplían estas exigencias de justicia y equidad hasta alcanzar a todos los hombres de cualquier raza y en todas las circunstancias, sean amigos o enemigos -"si tu enemigo tiene hambre, dale de comer"-, con una especial predilección por los más pobres y más necesitados. Especial predilección de Dios por los pobres y más necesitados
19. Dios respeta las leyes que El mismo ha dado a la creación, y de manera especial respeta la libertad que ha otorgado al hombre25. Por eso, se ha podido hablar en ocasiones del silencio de Dios, o de la muerte de Dios, que se destaca de manera particularmente dramática y misteriosa en el desamparo de Jesús en su pasión y su muerte. Pero Dios sería injusto si pareciese colaborar con la injusticia, o simplemente guardar silencio frente a ella, sin defender al oprimido ni levantar al caído. Aunque Dios no intervenga directamente, acude diligentemente por medio de sus profetas en el Antiguo Testamento. Desde el día de Pentecostés, todos los discípulos hemos recibido el espíritu profético, y somos un pueblo de profetas, que debemos seguir anunciando el Evangelio de Jesucristo, su mensaje de salvación para todos, y de predilección especial por los pobres, como manifestación de la voluntad de un Dios que es Padre de todos los hombres y quiere que compartan los bienes de la tierra como buenos hermanos de una misma familia, y odia la injusticia, la insolidaridad y la opresión de unos hombres por otros. Espìritu profético de los discípulos de Cristo
20. ¿Qué imagen daríamos de Dios si los cristianos calláramos ante la injusta situación de tantos millones de hombres en el mundo? ¿No facilitaríamos así, como dijo el Concilio, el ateísmo de tantos hombres de buena voluntad, que no pueden comprender un Dios que permite que algunos derrochen mientras otros mueren de hambre?26. Para evitar ese silencio que sería culpable y blasfemo, la Iglesia debe hablar y debe obrar, bien sea luchando por la justicia cuando la pobreza sea ocasionada por la injusticia, bien actuando por caridad aún en los casos en que esa situación sea ocasionada por los mismos que la padecen. La Iglesia debe hablar y debe obrar

b) Fundamento cristológico

21. Si bien se considera, no hay nadie propiamente rico más que Dios, que dispone de una riqueza infinita e ilimitada en todo bien auténtico y superior27. El hombre, todo hombre, es siempre más o menos indigente de muchas clases de bienes, además de ser limitado en el bien supremo de la vida por el hecho inevitable de la muerte. Por eso, la Encarnación del Verbo de Dios es por sí misma, de manera radical y esencial, el empobrecimiento de Dios. Jesús de Nazaret, el Hijo muy amado del Padre, en el que tiene sus complacencias, es el pobre por antonomasia, el existencialmente pobre, el vaciado -kenosis-, el abandonado por Dios a la vida humana que será su muerte, y el abandonado por sí mismo a la voluntad del Padre y a la voluntad de los hombres. El no será el hombre para sí, sino el-hombre-para-los-demás, el desposeído, el siervo, el que sirve su vida y sirve su muerte. Tan despojado que ni siquiera tiene un yo propio del hombre, una persona humana -aunque tenga una extraordinaria personalidad-. "Empobrecimiento de Dios"
22. Este este pobre de Yavé que es el pobre más grande de toda la historia del Pueblo de Dios, manifiesta un amor preferencial a los pobres y a los oprimidos. Tanto, que les concederá un título especial: ser sus representantes, sus delegados, sus presencias en la calle y en el mundo. Podríamos decir que Jesús nos dejó como dos sacramentos de su presencia: uno, sacramental, al interior de la comunidad: la Eucaristía; y el otro existencial, en el barrio y en el pueblo, en la chabola del suburbio, en los marginados, en los enfermos de Sida, en los ancianos abandonados, en los hambrientos, en los drogadictos... Allí está Jesús con una presencia dramática y urgente, llamándonos desde lejos para que nos aproximemos, nos hagamos prójimos del Señor, para hacernos la gracia inapreciable de ayudarnos cuando nosotros le ayudamos. Más de una vez Jesús ha manifestado su presencia a los santos cuando éstos ayudaban a un pobre. Si el Señor hubiera venido en su vida mortal a pedirnos ayuda, hubiéramos corrido a darle de todo corazón todo lo que nos pidiera. Ahora lo hace cada día en todos aquellos -¡y son tantos!- que nos necesitan urgente y gravemente. "Pobre de Yavé". Los pobres, presencias de Cristo en la calle y en el mundo

c) Fundamento neumatológico

23. Si se nos permite la expresión, bien podríamos decir que en la economía de la Historia de la Salvación el Espíritu Santo es como el artesano, el ejecutor, el artífice que va realizando el proyecto de Jesús y el mayordomo que va aplicando las riquezas de la muerte y la Resurrección de Cristo. El Espíritu del Padre y del Hijo, que obró la Encarnación del Verbo en María, se encarga de realizar esta como encarnación continuada que es la Iglesia de la historia. No son dos obras, ni dos historias ni dos proyectos diferentes, sino etapas diferentes de una misma historia de Dios entre los hombres. El Espíritu Santo artífice del proyecto de salvación de Jesús
24. Por eso, la Iglesia puede y debe hacer suya la proclamación de Jesús en la sinagoga de Nazaret, al comienzo de su vida pública. Cuando le invitan, según costumbre, a dirigir la palabra a los asistentes, en aquel momento diríamos programático, que era como la introducción y explicación de su misión, retomando las palabras de Isaías28, dice solemnemente: "El Espíritu del Señor sobre mí, /porque me ha ungido/ para anunciar a los pobres la Buena Nueva -el Evangelio, diríamos nosotros-,/ me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos/ y la vista a los ciegos, /para dar la libertad a los oprimidos/ y proclamar un año de gracia del Señor". Y añadió después, al comenzar su comentario: "Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy"29. Para anunciar la Buena Noticia a los pobres
Es San Lucas -precisamente el evangelísta de los pobres y del Espíritu Santo, tanto en el Evangelio como en el libro de los Hechos- el único de los sinópticos que expresa la referencia y la vinculación del Espíritu Santo a la misión de Jesús hacia los pobres. Pero los tres -Mateo, Marcos y Lucas- destacan fuertemente cómo el Señor era movido y empujado por el Espíritu30, y Mt 11,5 y Lc 7,22 recogen la escena de los discípulos del Bautista enviados a Jesús, a preguntarle si era el Mesías que estaban esperando. El Señor, después de hacer varias curaciones, les responde31,como un signo mesiánico de su misión, que se anuncia a los pobres la Buena Noticia (el Evangelio).
Los seguidores de Jesús debemos dejarnos mover, inspirar y orientar por el Espíritu Santo, si queremos vivir, crecer y madurar como cristianos, llamados a la perfección de la santidad. Por lo mismo, nos sentimos misioneros de la misión principal de Cristo, que fué -y sigue siendo en nosotros- la de anunciar el Evangelio a los pobres, liberar a los oprimidos y curar a los enfermos.

d) Fundamento eclesiológico

25. En la Encíclica Dives in misericordia, Juan Pablo II insistía en que la Iglesia de nuestro tiempo debe adquirir una conciencia más honda de su misión, siguiendo las huellas de Cristo. ¿Cuál es esta misión? O, si se quiere así, dentro de las diversas misiones complementarias entre sí que la Iglesia debe asumir, ¿cuál es aquélla que debe ser para ella primordial, permanente, general e irrenunciable? Una Iglesia pobre y para los pobres
Según todo lo que venimos diciendo, parece que esa misión es ser la Iglesia de los pobres, en un doble sentido: en el de una Iglesia pobre, y una Iglesia para los pobres. Así como Jesús fué radical y esencialmente pobre por su encarnación, y entregado principalmente a los pobres por su misión, y sólo así cumplió la redención y El mismo alcanzó su glorificación, la Iglesia de Jesús debe ser aquella que en su constitución social, sus costumbres y su organización, sus medios de vida y su ubicación, está marcada preferentemente por el mundo de los pobres, y su preocupación, su dedicación y su planificación esté orientada principalmente por su misión de servicio hacia los pobres.
26. La misma historia de la Iglesia nos confirma esta verdad fundamental de la fe cristiana. Si bien es cierto que como institución necesaria en la historia de la salvación la Iglesia siempre permanece, gracias a la promesa y la presencia del Señor, no lo es menos que en unas ocasiones su testimonio puede ser más claro y elocuente que en otras, aunque nosotros no podamos juzgar las circunstancias y las responsabilidades de las personas. Pero en general bien puede decirse que cuando la Iglesia en sus diferentes estructuras -parroquias o diócesis, congregaciones u órdenes religiosas, jerarquía- han acumulado riquezas materiales y vivido en la abundancia, sobrevenía irremediablemente la decadencia espiritual y se debilitaba o desaparecía el testimonio evangélico ante el mundo. La tentación de acumular riquezas
27. En cambio, cuando individual o comunitariamente la Iglesia y los cristianos vivían con entrañas de misericordia preocupados y entregados a los pobres, desprendiéndose de las riquezas propias para remediar la indigencia ajena, han florecido los santos, los grandes misioneros, los carismas de todas clases, la alegría espiritual y la caridad, la paz y la esperanza, y el evangelio era más y mejor anunciado, y generalmente más creíble y más creído. Se podrían poner innumerables ejemplos de toda la historia de la Iglesia. Por poner uno solo, recordemos a Santo Domingo de Guzmán, canónigo de Osma, que solamente pudo predicar con fruto el evangelio entre los albigenses cuando se desprendió de todos sus bienes, de su cabalgadura y sus ricos ropajes, y anduvo a pie, pobre y descalzo, por los caminos del Sureste francés. Signo de credibilidad de la Iglesia
28. Esta misión fundamental de la Iglesia hacia los pobres supone una permanente con-versión, volcarnos, vaciarnos-todos-juntos hacia el lugar teológico de los pobres, donde nos espera Cristo para darnos todo aquello que necesitamos para ser verdaderamente su Iglesia, la Iglesia santa de los pobres y para los pobres. De aquí la necesidad de conocer, vivir y compartir el mundo de los pobres32. En estado permanente de conversión
Publicado por Desconocido @ 22:45  | Reflexiones doctrinales.
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios