jueves, 27 de octubre de 2005
43. Tampoco podemos engañarnos culpabilizando solamente a las estructuras económicas y políticas de todos los males de la sociedad, tranquilizando así nuestras conciencias, y esperando exclusivamente del cambio de la economía, de las finanzas o de la administración pública la solución de todos los problemas. Responsabilidad individual
En primer lugar, porque en esas estructuras operan e influyen personas individuales, con su propia responsabilidad, intransferible e insoslayable. Además, porque siempre habrá situaciones de desvalimiento, de soledad y desarraigo, que difícilmente podrán ser resueltas solamente por la acción protectora de las instituciones sociales. Ninguna reforma estructural ni ninguna reivindicación social podrán ofrecer amistad y compañía al que se siente solo y fracasado.
44. Frente a la amenaza de burocratización de las instituciones de carácter social, la masificación de la sociedad que tiende a despersonalizar al individuo, y la maquinaria del Estado moderno, omnipresente y omnipotente, pero frío e implacable como una inmensa computadora, es preciso dar la voz de alarma y despertar las conciencias en la búsqueda de un nuevo humanísmo que humanice nuestro mundo deshumanizado. Porque nosotros mismos, todos y cada uno por nuestra cuenta, precisamos hacer un cambio, volvernos, "con-vertirnos" de nuestras actitudes de egoísmo y de insolidaridad, de las que entresacamos algunas manifestaciones: Es necesario un nuevo humanismo y una nueva civilización
Primera.- Con frecuencia, las nuevas generaciones estamos negando a los ancianos el afecto y el calor humano, la cercanía y la atención que tanto merecen y necesitan. Y todo ello simplemente porque nos resulta difícil o insoportable tener que estar pendientes de las atenciones que precisan, y que a nosotros nos quitan libertad para nuestros viajes de recreo, fiestas y diversiones. En la atención a los ancianos
Segunda.- No pocas veces discriminamos en nuestro interior a gentes venidas de fuera, especialmente si son pobres y de países pobres, como los norteafricanos o lo negros. Inclusive, en muchas ocasiones rehuímos su presencia, y hasta les rechazamos de diversas maneras. Con los inmigrantes
Tercera.- No es raro entre nosotros encontrar la actitud cómoda de quienes se despreocupan de los problemas de la vida pública, olvidando la propia responsabilidad social, movilizándose y luchando solamente cuando se trata de asuntos que afectan directamente a sus intereses personales, pero permaneciendo indiferentes cuando se trata de las aspiraciones y derechos de otros sectores aún más indefensos, como el colectivo de parados, el de los pobres del mundo rural o el de los marginados. En la vida pública
Cuarta.- Constatamos también las actuaciones individualistas de aquellos que todavía no han sufrido apenas las consecuencias de la actual crisis económica, y, sin embargo, buscan superar la situación utilizando toda clase de medios y presiones sociales a su alcance, pensando sólo en su propio beneficio, aunque su actuación pueda traer graves perjuicios a la sociedad y a otros grupos de ciudadanos. Con las víctimas de la crisis
Quinta.- Como tampoco faltan quienes, a pesar de la crisis económica y olvidando totalmente a los que carecen hasta de lo más indispensable para llevar una vida humana digna de tal nombre, continúan derrochando sin medida, de manera ostentosa y provocativa, gastando en una noche, en un viaje o en una fiesta verdaderas fortunas, con las que muchas familias tendrían para vivir durante varios meses. Evitando el consumo ostentoso y derrochador
Ante estas muestras lamentables de insolidaridad, y otras más que podrían detectarse entre nosotros, creemos que todo ello no son más que los síntomas producidos por la naturaleza insolidaria de nuestra civilización occidental. Por ello, cuando se habla de la salida de la crisis habría que pensar de qué clase de crisis hablamos, y de cuál tendríamos que hablar. ¿No es la mayor crisis de nuestra sociedad este deslizamiento por la pendiente del egoísmo y del hedonísmo, de la injusticia y la insolidaridad?
Publicado por tabor @ 22:50  | Reflexiones doctrinales.
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