jueves, 27 de octubre de 2005
83. Queremos recordar, agradecer y animar aquí, ante todo, a tantos buenos cristianos y cristianas que, individualmente y de manera anónima, actúan empujados por el amor al prójimo de muchas maneras y en las diferentes circunstancias de su vida, prestando su ayuda material, compartiendo sus medios económicos, su tiempo disponible, sus cualidades y sus habilidades, y, sobre todo, su corazón, su atención, su bondad y su amistad. Las buenas obras individuales y anónimas
Unas veces lo harán con cierta continuidad, cuidando de un enfermo o de un anciano, y otras de manera esporádica y ocasional, haciendo mil favores a gente conocida o desconocida, cercanos o distantes, amigos o enemigos. El tesoro, la suma de obras buenas que tantos millones de cristianos hacen todos los días en el mundo, movidos por el amor que el Espíritu infunde en sus corazones, es verdaderamente incalculable para los hombres, pero no para el Señor, que no precisa de nuestros datos y estadísticas para recoger y agradecer tanta generosidad, tanto sacrificio, tanta ternura y tanta bondad: "conmigo lo hicisteis"82.
En su nombre, quisiéramos también reconocer y agradecer a Dios y a los hombres de buena voluntad esta especie de red de amor y caridad que abraza y envuelve al mundo, esta inyección de "oxígeno" que purifica nuestra atmósfera social, tan contaminada muchas veces de odio, de violencia, de envidia y de insolidaridad. Con nuestro agradecimiento, quisiéramos animarles también a mantenerse sin desmayo con esta actitud siempre y en toda circunstancia, hasta el fin de su vida en este mundo, viviendo del amor y para el amor, que es lo único que permanecerá para siempre, como nos recuerda San Pablo83. Red de amor y caridad
Al mismo tiempo, nos atrevemos a aconsejarles y hasta rogarles, para su propio bien, para bien de los pobres y para el bien de la Iglesia, a la que pertenecen como la célula al cuerpo, que se unan a otros cristianos para cumplir obras de caridad aún mayores y mejores, en cuanto realizadas comunitariamente, pues el Señor garantiza su presencia allí donde dos o más se reúnen en su nombre para cualquier asunto; ¡cuánto más cuando se reúnen para ayudar a los necesitados!. Portadores de una cultura de la gratuidad



4.2. Los voluntarios y el voluntariado

84. No se excluye por principio que los cristianos de que trataremos en este apartado actúen en muchas ocasiones como los samaritanos anónimos de que acabamos de hablar. La diferencia se da en que mientras éstos solamente actúan de manera individual y nunca asociada, aquellos de los que hablaremos ahora están comprometidos en alguna asociación eclesial que tiene como finalidad propia el servicio a los pobres, necesitados y oprimidos, aunque también en muchas ocasiones puedan hacerlo de manera individual y ocasional, ya que la vida no se puede clasificar ni dividir en esquemas burocráticos ni en compartimentos estancos.
Aún considerado desde una perspectiva meramente económica y pragmática, el trabajo voluntario representa una reducción importante de los gastos de gestión, y, por lo mismo, hace posible que la mayor parte del presupuesto de las instituciones caritativas y sociales revierta directamente en favor del colectivo de los pobres, que son el objetivo de las mismas.
85. Sin embargo, representa algo todavía más importante: el voluntario es portador de una cultura de la gratuidad y de la solidaridad, en medio de nuestra sociedad competitiva, interesada y pragmática, hedonista, insolidaria e individualista. Los voluntarios sociales, por no tener otra motivación en su trabajo más que el respeto y el amor a sus semejantes, suponen un grito profético en favor de la fraternidad y de la solidaridad, testificando día a día que la última palabra no debe tenerla el intercambio ni la contraprestación, sino el reconocimiento del otro y sus necesidades.
Nuestra sociedad y nuestra Iglesia están necesitando de un verdadero ejército de voluntarios, no para la guerra, el odio y la violencia, sino para la paz, la justicia y el amor; de un ejército de voluntarios sociales que se ocupen y preocupen de acoger, atender, escuchar, orientar, ayudar, sostener y levantar a todos aquellos ciudadanos y hermanos a los que la sociedad empobrece y maltrata84.
86. Con su capacidad de análisis para descubrir las situaciones de insolidaridad y de injusticia, y con su compromiso y su entusiasmo en favor de los más desvalidos, pueden ser una gran fuerza que mueva y que conmueva a diversas personas, grupos, instituciones sociales, económicas y políticas para que trabajen en favor de los pobres, abriendo así nuevos cauces a la justicia social y a la caridad asistencial. El voluntariado abre nuevos cauces a la justicia social y a la caridad asistencial
Por ello, animamos a los cristianos a engrosar este nuevo ejército de voluntarios por la paz, por la justicia, por la fraternidad y por la caridad política y social. Y damos las gracias a los muchos que ya forman parte de sus filas, por el testimonio cristiano que están dando a la sociedad, animándoles al mismo tiempo a proseguir con todo entusiasmo y con toda lucidez su admirable servicio, recordando las palabras de Jesús, recogidas en el libro de los Hechos: "Hay más dicha en dar que en recibir"85.



4.3. Los campos de acción caritativo-social

87. Sin ignorar ni olvidar la necesidad de transformar las estructuras injustas que causan o agravan la pobreza, la comunidad cristiana realiza un gran esfuerzo para ayudar a los pobres y marginados, con el fin de aliviar su situación en todo lo que sea posible. Tanto con aportaciones económicas como con prestaciones personales de servicio, por medio de colectas y en el ejercicio del voluntariado, a través de Cáritas parroquiales y diocesanas, así como de diversas asociaciones como Manos Unidas, Voluntariado Vicenciano, Hermanos de San Juan de Dios o de San Camilo, y otras congregaciones religiosas, más el testimonio individual de tantos cristianos, aun siendo difícilmente evaluable y cuantificable, creemos que arroja un balance global sumamente importante, tanto a lo largo del territorio del estado español como en el mundo entero. La acción caritativo-social representa un volumen importante
88. Esto no significa que como cristianos podamos quedarnos satisfechos. Primero, porque en muchas ocasiones nuestra aportación puede estar lastrada por una actitud en el fondo descomprometida con los pobres, dando alguna limosna ocasional para tranquilizar nuestra mala conciencia. Después y sobre todo, porque la caridad evangélica nunca dice basta, y siempre exige más y más en nuestra entrega a los necesitados. Acaso podríamos decir que la iglesia ha hecho bastante, pero no lo suficiente. A continuación recogemos algunas manifestaciones de la caridad cristiana en el servicio a los más pobres y marginados de nuestra sociedad y del Tercer Mundo, tanto en la lucha contra la injusticia como en la lucha contra la pobreza. Se hace bastante pero no suficiente

Promoción de la justicia

89. Numerosas instituciones caritativas y sociales de la Iglesia española trabajan en favor de la justicia social, la solidaridad y la caridad, de diversas maneras y por diferentes cauces, como son, entre otros, los siguientes: Acciones y actividades más destacadas
Cursillos sobre Doctrina Social de la Iglesia, y su aplicación a los problemas más urgentes de los derechos humanos.
Estudios y análisis sobre problemas concretos de nuestra sociedad, ocasionados por la incidencia de la economía política en los valores éticos y morales.
Programas de ayuda al Tercer Mundo, en orden a la creación de un orden internacional más justo y solidario.
Apoyo a grupos y organizaciones no gubernamentales que trabajan por la paz, denunciando el comercio de armas y la carrera de armamentos.
Declaraciones y tomas de postura en defensa de la dignidad del trabajador, denunciando aquellas situaciones que la vulneran especialmente, como el paro, la economía sumergida, el empleo precario, etc.
Denuncia de la xenofobia y el racismo, y promoción de acciones contra el apartheid en Suráfrica.
Actividades diversas en favor de la ecología y en contra de la explotación tecnológica desenfrenada de la tierra.
Inserción en los barrios marginales y marginados de las grandes ciudades, conociendo y conviviendo sus problemas, apoyando sus reivindicaciones y colaborando en la búsqueda de soluciones o aportando paliativos ocasionales, animando grupos juveniles, cuidando ancianos solitarios y abandonados, atendiendo disminuidos físicos y psíquicos, creando clubs de tiempo libre, centros de formación de adultos, etc.
Atención y asesoramiento a personas y grupos con problemas burocráticos, apoyando sus derechos y realizando gestiones en su reclamación.
Promoción de cooperativas de trabajo y otras formas de autoempleo, como talleres ocupacionales, labores de artesanía, trabajos a domicilio, etc.


Atención a las nuevas formas de pobreza

90. Las llamadas nuevas pobrezas suelen ser fruto tanto de la crisis de valores de nuestra sociedad como de actitudes de insolidaridad. Dos formas muy frecuentes de estas situaciones de pobreza son la toxicomanía, muy generalizada, y el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA), este de alcance más reducido todavía, pero que se extiende progresivamente. La atención, ayuda y tratamiento de las personas afectadas en ambos casos requiere una gran cantidad de recursos económicos y de atención personal, que muchas veces tienen que asumir la Iglesia y sus instituciones, aun con precarios medios, por falta de asistencia de la Administración.
Otra nueva forma de pobreza se da entre las familias de la clase obrera, a causa del paro forzoso prolongado o de la jubilación prematura, en muchas ocasiones con necesidades familiares que no pueden ser atendidas por haber cesado el subsidio de paro o por la insuficiencia de pensiones. Muchas parroquias, asociaciones y grupos de la Iglesia se esfuerzan por acompañar y ayudar con discreción a las personas y familias que viven sufriendo graves carencias de una manera vergonzante, con dignidad pero con verdadera necesidad, que suele pasar desapercibida y que en las estadísticas oficiales no es reconocida. Droga y SIDA
91. Lamentablemente, tampoco es suficientemente reconocida por parte de la Administración Pública este servicio de solidaridad que presta la Iglesia, teniendo en cuenta el principio de subsidiariedad que debe regir en una sociedad desarrollada, plural y democrática, y la capacidad de gestión que tienen bien demostradas las instituciones católicas de asistencia social y de caridad. Paro forzoso prolongado

Ayuda a la infancia y juventud

92. La infancia padece los efectos de las nuevas condiciones sociales de la familia, así como del cambio del puesto de la mujer en el hogar y en la sociedad. Como consecuencia, crece la problemática familiar, con repercusiones en los niños, en forma de malos tratos, iniciación en la droga, abandono, prostitución y delincuencia precoces, condiciones infrahumanas de los que padecen deficiencias y minusvalías, etc. Apoyo a la familia
Las obras sociales de la Iglesia trabajan principalmente en los aspectos preventivos, promoviendo actividades de tiempo libre, talleres de animación creativa, trabajo con familias, apoyo escolar, comedores, etc. Con estas actividades, que pretenden influir de manera conjunta en el ambiente del barrio, de la escuela, de la familia, del entorno y del tiempo libre, se trata de ayudar en aquellos aspectos que repercuten en el desarrollo personal y en la integración social del niño, así como impedir aquellas carencias que pudieran empujarles hacia la marginación.
Congregaciones religiosas, institutos de vida consagrada y sociedades de vida apostólica dan testimonio de la pluralidad de modelos educativos y asistenciales organizados por la Iglesia para atender a los niños y jóvenes marginados.
93. Refiriéndonos ahora en concreto a la juventud, además de estar afectada en general por la problemática anteriormente indicada para la infancia, la actividad de las asociaciones de solidaridad y caridad de la Iglesia se dedica muy especialmente a paliar los efectos de los condicionamientos sociológicos que empujan a los jóvenes hacia la marginación, la drogadicción y la delincuencia, motivados principalmente por la dificultades del ambiente familiar y del barrio, el fracaso escolar, y la ausencia de una perspectiva laboral que pueda canalizar su vitalidad y su creatividad. Acciones dirigidas a luchar contra los problemas de droga y delincuencia juvenil
La presencia de la Iglesia en este aspecto es significativa e importante, pero se reconoce casi impotente para hacer frente a la gran presión de los condicionamientos que sufren los jóvenes en una época en crisis por la carencia de modelos culturales, éticos, políticos y sociales para el futuro; sin más ideales que el de una sociedad predominantemente individualista, hedonista, materialista y consumista; con un modelo de desarrollo fracasado y agotado, que ha causado inmensas diferencias entre pobres y ricos, y ha deteriorado gravemente el medio ambiente a causa de una explotación irracional y suicida de los recursos naturales. Faltan modelos culturales y éticos superadores del individualismo

Solidaridad con el mundo rural

94. El territorio rural español está sometido actualmente a una profunda reconversión y modernización agrícola, promovida por nuestra pertenencia a la Unión Europea. Ello ha provocado una disminución fuerte de la tasa de población activa, una reducción de la extensión de terrenos dedicada a la agricultura, y la desaparición de los precios de garantía, que está afectando muy gravemente a las pequeñas explotaciones familiares y a los agricultores más débiles, los cuales no pueden sostener el ritmo de transformación impuesto por las innovaciones tecnológicas y por la competencia económica de las grandes empresas nacionales o multinacionales. Víctimas de la crisis rural
Dentro de este grupo requieren especial atención los ancianos y jubilados, que padecen una progresiva decadencia y abandono; los jóvenes rurales, que se sienten atrapados por la crisis de la agricultura, pero que tampoco encuentran salidas laborales en la industria, por falta de preparación profesional y/o por falta de puestos de trabajo; las mujeres, que desean romper su tradicional aislamiento, y buscan ahora su promoción y desarrollo, y también los niños de los pequeños núcleos de población, a los que no se les tiene en cuenta sus especiales circunstancias.
95. Para solucionar los graves problemas de este colectivo social es necesario el apoyo conjunto de la Administración del Estado, de las Autonomías y los agentes sociales respectivos. La Iglesia, fiel a su mensaje de solidaridad y caridad con todos los hombres, especialmente hacia los más débiles, desea también luchar en favor de la justicia social en este campo, no actuando a distancia, desde los despachos de las grandes ciudades, sino viviendo y conviviendo con el mundo rural, en defensa de la tierra, el agua y el paisaje; la dotación de infraestructuras comunitarias; la higiene, la vivienda, la escuela y la cultura; la conservación y restauración de los pueblos antiguos, así como el mantenimiento de su folklore, su cultura y sus costumbres, etc. Dentro de la variedad de circunstancias del campo español, la Iglesia y los cristianos suelen orientar su trabajo en las siguientes opciones prioritarias: Apoyo social para defender al mundo rural. Iniciativas de los cristianos
Primero.- Romper el aislamiento entre grupos diferentes del mundo rural, con el fin de llegar a alcanzar objetivos comunitarios, más allá de los intereses particulares y corporativistas.
Segundo.- Comprometerse en la defensa de los derechos humanos en el mundo rural, luchando por una distribución más justa de la tierra, del trabajo y de los beneficios, potenciando al mismo tiempo la responsabilidad, la laboriosidad y la iniciativa de los agricultores.
Tercero.- Testimoniar y anunciar los valores del Reino de Dios, del Evangelio de Cristo y de los sacramentos del Espíritu, ofreciendo los bienes de la salvación que se dan gratuitamente a todos, especialmente a los pobres. Promover una cultura de la solidaridad, de la fraternidad, de la justicia y de la paz. Descubrir los valores y límites de la tecnología, potenciando la verdadera modernización, pero combatiendo al mismo tiempo el modelo pragmático y tecnocrático del desarrollo sin corazón y sin humanidad.


Al servicio de los migrantes, desarraigados y excluidos

96. Muchos cristianos dan testimonio de la Iglesia y del Evangelio de Jesucristo entre los inmgrantes extranjeros en España, los emigrantes españoles en el extranjero, los gitanos españoles, los hombres del mar que viven fuera de nuestra patria durante muchos meses en barcos de pesca o de transporte, y el colectivo de feriantes y circenses; es decir, en todo el mundo de la movilidad y la transhumancia forzosa. La acción caritativo-social dirigida al mundo de la movilidad
Sacerdotes, religiosos/as y laicos se acercan a todos ellos para compartir su vida y sus problemas; para ayudarles sin discriminación de raza, lengua, cultura o religión; para acogerles y ofrecerles su amistad y su solidaridad, defendiéndoles frente a los que se aprovechan de su debilidad para explotarlos o maltratarlos, luchando por sus derechos y siendo voz de los sin voz para hacer oír sus legítimas reivindicaciones.

Ayuda a los encarcelados

97. Desde los primeros tiempos del Cristianismo, la Iglesia ha sentido como uno de sus deberes el acercamiento y la visita a los presos, procurando aportar su apoyo moral, espiritual y material. Numerosas congregaciones religiosas y asociaciones de vida apostólica han mantenido hasta hoy una presencia destacada en el servicio a los encarcelados. Precisamente cuando ha aumentado la población de la cárceles y sus problemas, la Iglesia en España ha incrementado también su presencia y sus actividades86, con más de un centenar de capellanes y alrededor de 2.500 voluntarios, que tienen por misión las siguientes actividades: Presencia de la Iglesia en la Pastoral Penitenciaria
Al interior del centro penitenciario: la evangelización, la predicación y la catequización; el servicio litúrgico, la Eucaristía y los sacramentos a los creyentes. A todos, la escucha y la atención personal, ayudándoles a liberarse interiormente de sus problemas, manifestándoles respeto y amistad, estimándoles para que se autoestimen, se reconcilien consigo mismos, con los demás y, dado el caso, con Dios.
Fuera del centro penitenciario: prestando ayuda moral y material a las familias de los presos, así como también asistencia jurídica y legal. El servicio de Asistencia Penitenciaria colabora con las entidades públicas y sociales en favor de una reforma penitenciaria, todavía incompleta. Facilita asistencia post-carcelaria, acompañando a los excarcelados en sus primeros pasos en libertad, apoyándoles y asesorándoles en su búsqueda de un puesto de trabajo, llegándose en algunos casos a la llamada adopción temporal. También se trabaja en la defensa pública de los derechos humanos de los presos, denunciando los casos determinados en los que tales derechos son notoriamente conculcados.


Apoyo a la mujer marginada

98. A pesar del movimiento en favor de los derechos de la mujer, considerado ya por Juan XXIII como uno de los signos de los tiempos, todavía persisten costumbres y estructuras sociales que mantienen a la mujer en condiciones de inferioridad. Así sucede, por poner algunos tristes ejemplos, en el ámbito laboral, donde con un trabajo igual percibe una retribución y consideración inferior respecto al varón; o en el hogar, en forma no infrecuente de malos tratos, de despotismo y autoritarismo por parte del esposo; en muchos casos de madres solteras abandonadas por los padres de la criatura y por la familia de ella, abocándolas a una situación desesperada que las empuja al aborto, la prostitución o cualquier otra locura, como inclusive el suicidio; etc. Igual dignidad y derechos
99. Sería necesario que la sociedad dispusiera de suficientes lugares de acogida y de personal para la atención y el acompañamiento de semejantes situaciones, mientras la mujer encuentra fuerzas y caminos para recomponer su vida del mejor modo posible. Pero la Administración no ha dedicado hasta ahora ni el suficiente personal ni los establecimientos adecuados. Acogida y acompañamiento en las situaciones que atentan contra la dignidad de la mujer
Es en gran parte la Iglesia, por medio de instituciones parroquiales o diocesanas, y principalmente por las congregaciones religiosas, la que ofrece residencias y personal especializado en la acogida y atención, tanto de las madres como de los niños. Aún así, todavía es insuficiente esta respuesta, y debería promoverse entre los cristianos una campaña de sensibilización frente a los graves problemas de tantas mujeres necesitadas de nuestra comprensión, nuestro respeto, nuestro cariño y nuestra ayuda moral y material.

Acompañamiento del enfermo

100. La ayuda moral y material a los enfermos ha sido secularmente una dedicación preferencial de la Iglesia a lo largo de los siglos, principalmente por medio de los religiosos y las religiosas, bien en hospitales propios, bien trabajando en establecimientos privados o públicos. Actualmente ejercen este ministerio en España más de diez mil religiosos/as de diferentes congregaciones, además de unos mil sacerdotes diocesanos que actúan como capellanes. A todos ellos hay que añadir los numerosos profesionales sanitarios cristianos, y muchos laicos pertenecientes a grupos parroquiales de atención a los enfermos, así como la Fraternidad Cristiana de Enfermos y Minusválidos. Relevante presencia de la acción eclesial junto a los enfermos
Desde hace algunos años, especialmente desde que se inició la celebración anual del Día del Enfermo, la presencia de la Iglesia junto a los enfermos -en especial a los más pobres, abandonados y marginados- ha experimentado un notable incremento y progreso, con una orientación más evangélica, comunitaria y eclesial. De forma solidaria y subsidiaria se están cubriendo las necesidades de amplios sectores de enfermos, desasistidos por la sociedad, por sus propias instituciones o por sus familias.

Atención a los ancianos

101. Es de justicia reconocer que la Administración pública ha invertido gran cantidad de recursos económicos durante los últimos años para atender a la Tercera Edad. Sin embargo, con ser muy importantes y necesarios estos medios materiales, son insuficientes si el anciano no encuentra un ambiente cálido de acogida y una valoración personal e individualizada de su persona y de sus problemas. Acompañamiento y prestación de ayuda a los ancianos
También en este campo la Iglesia aporta muchos recursos humanos y medios materiales, con edificios tradicionalmente consagrados a la acogida de los ancianos pobres, remodelados y actualizados recientemente de acuerdo con el confort moderno y con las normas sanitarias; con un gran número de religiosos y religiosas exclusivamente dedicados a atenderlos, así como de equipos de voluntariado que colaboran en su acompañamiento y en la prestación de ayuda material, moral y espiritual. También abundan en toda España los grupos parroquiales dedicados a visitar, acompañar y prestar servicios a los ancianos que viven a veces completamente aislados, casi inválidos y en la mayor pobreza y soledad.

Ayuda al Tercer Mundo

102. Los misioneros cristianos han abandonado su propio bienestar y su cultura para insertarse con los débiles y los pobres, los explotados y los oprimidos. En los barrios periféricos de las grandes ciudades del Tercer Mundo, en los núcleos rurales abandonados, en las chozas perdidas en la selva, entre los enfermos de malaria o disentería, del cólera o el sida, entre los hambrientos y sedientos de pan y de cultura, de higiene y de vivienda, de solidaridad y de respeto a sus derechos, los misioneros y misioneras han "plantado sus tiendas" -como dice San Juan, del Verbo de Dios al venir a vivir entre nosotros-, conscientes de que lo que desde la lejanía resulta imposible, es viable mediante el diálogo interpersonal, cercano y amistoso. Seglares, misioneros y misioneras consagrados para servir a los pobres
Los 19.000 misioneros/as españoles que trabajan en el Tercer Mundo han asumido compartir la causa y la suerte de los empobrecidos de la Tierra. A pesar de la escasez de vocaciones que se ha dado en otros campos de la Iglesia, el número de misioneros no solamente no ha disminuido sino que se ha ido incrementando durante las últimas décadas. Al número indicado, formado por sacerdotes, religiosas y religiosos, habría que añadir el de los seglares que constituyen el voluntariado misionero, movidos por el deseo de compartir las condiciones de marginación y de indigencia de aquellos pueblos, consagrándose a la evangelización y a la promoción social de los más desfavorecidos y olvidados del mundo, en un inmenso esfuerzo concretado en obras como dispensarios y leproserías, escuelas y universidades, asilos, orfelinatos, etc.
103. En el campo de la pastoral, se trabaja intensamente en la preparación de laicos como agentes de la Palabra, Catequistas y animadores de comunidades, todos ellos gentes del pueblo, enraízados en su cultura, sus costumbres y sus problemas. Asimismo se intensifica desde hace tiempo la promoción de sacerdotes y obispos autóctonos para aquellas iglesias87. Agentes de la evangelización
104. A estos datos hay que añadir las innumerables actividades en talleres ocupacionales; cursos de capacitación para obtención de empleo; promoción de la mujer campesina; atención a los llamados niños de la calle; cooperativas de producción, de viviendas, de comercialización, de crédito y de consumo; excavaciones de pozos de agua potable, etc. Enseñándoles a producir más y mejor, en la agricultura, la ganadería y las pequeñas industrias agrícolas o artesanales; a utilizar los recursos locales; a preservar su medio ambiente; a conocer y utilizar sus derechos; a cuidar la higiene y la salud según los conocimientos modernos; a conocer los mecanismos económicos de los mercados, el ahorro, los préstamos y la inversión, etc. Con este fin, las diversas instituciones de la Iglesia española contribuyeron durante 1.993 con más de 20.000 millones de pesetas que llegaron de forma inmediata y segura a los más necesitados. Iniciativas de promoción cultural y social
Al mismo tiempo, lo misioneros han colaborado con los pueblos autóctonos en el redescubrimiento y valoración de sus culturas ancestrales, creando más de doscientas emisoras de radio dedicadas a las lenguas indígenas, celebrando la liturgia en su propia lengua, incorporando ornamentos y símbolos de la cultura de cada etnia, promoviendo exposiciones y creando museos de las artesanías y de las artes locales, potenciando las tradiciones populares, etc.
Si relevante es el empeño de los misioneros y misioneras en estimular, acompañar y ayudar al desarrollo económico y social de aquellos pueblos, de diversas y múltiples maneras; atendiendo en primer lugar a las necesidades más urgentes, como el agua, la alimentación y la higiene. Despertando la conciencia de su situación, promoviendo su organización y su responsabilidad, capacitándoles para asumir sus propias reivindicaciones y su desarrollo. No es menos importante, la ayuda que se les presta para que tomen conciencia de sus derechos individuales y sociales, formándoles para ello y acompañándoles en sus luchas en defensa de sus tierras, sus personas, sus costumbres y culturas, este es el caso del justo apoyo a los derechos humanos de los pueblos indigenas88. Todo ello ha llevado, en no pocas ocasiones, hasta el martirio a muchos sacerdotes, religiosos y religiosas, tanto en Africa como en Iberoamérica. Apoyo a las legítimas aspiraciones y derechos de los pueblos del Tercer Mundo
105. Finalmente queremos unirnos también a la recomendación del Documento «La caridad en la vida de la Iglesia» para que los paises ricos alcancen la cuota del 0,7 % del PIB como aportación al desarrollo de los paises más necesitados89.
Publicado por tabor @ 22:57
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