jueves, 27 de octubre de 2005
106. Una vez que hemos hablado de la actuación de tantos bautizados que individual o asociativamente trabajan en favor de los necesitados, hemos descrito, en apretada síntesis, las obras de la Iglesia española que tratan de cumplir el deber de la caridad cristiana. Vamos a recordar ahora, para terminar este capítulo, cuáles son los criterios a cuya luz queremos caminar, teniendo en cuenta, al mismo tiempo los principios de la fe y los datos de la coyuntura en la que hemos de vivirla, la eclesiología del Vaticano II y el análisis de la realidad que nos rodea aquí y ahora.
107. En la constitución sobre la Iglesia, el Concilio Vaticano II enseña que "es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de los tiempos e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomodándose a cada generación, pueda la Iglesia responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida presente y de la vida futura, y sobre la mutua relación de ambas"90. Y en otra parte dice: "La Iglesia reconoce (...) cuanto de bueno se halla en el actual dinamismo social; sobre todo la evolución hacia la unidad, el proceso de una sana socialización civíl y económica"91. Escrutar los signos de los tiempos a la luz del Evangelio
108. La sociedad española se mueve dentro de un estado social y democrático de derecho, que se compromete no sólo a respetar las libertades sino a cuidar también de las necesidades. Aunque en modo alguno se esté cumpliendo plenamente este segundo objetivo, tampoco podemos ignorar en justicia las innegables mejoras que se han realizado en los diversos campos de la Seguridad Social. Estado social y democrático que se compromete a respetar las libertades y atender a las necesidades
Hasta la fundación del Estado moderno, en el mundo occidental era la Iglesia la encargada de atender todas las necesidades de los menesterosos, con albergues, hospitales, hospicios, comedores, escuelas, etc. El Estado social de hoy tiende a cubrir todos estos campos con los abundantes medios económicos que recauda de los contribuyentes, promoviendo así un trasvase de bienes que pretenden redistribuir de alguna manera la renta, disminuyendo así las grandes diferencias entre unas capas sociales y otras.
109. Sin entrar ahora en el juicio de si este ideal se está cumpliendo en España en grado suficiente -cosa que ya hicimos antes de manera globalmente negativa-, lo que deseamos es decir como la Iglesia entiende actualmente lo que puede y debe ser su actuación en este campo caritativo-social, no como una competencia imposible y pretenciosa con otras instituciones sociales del Estado, de las autonomías o de otras organizaciones no gubernamentales, ni tampoco como mera suplencia en aquello que por cualquier causa no esté cubierto por la Administración; ni siquiera como una aportación más de una ONG cívica, neutral o anónima.
Aún teniendo en cuenta dichas limitaciones y, al mismo tiempo, asumiendo y ejerciendo actividades y presencia similares, creemos que el servicio caritativo-social de la Iglesia tiene aspectos específicos, que ahora vamos a exponer en forma de criterios de actuación, seguidos cada uno de un juicio valorativo de la situación actual.

La actividad caritativo-social pertenece esencialmente a la constitución de la Iglesia

110. No se trata, por tanto, de una mera suplencia de aquellas necesidades que no estén atendidas por la Administración ni por la sociedad, sino de algo que brota de su mismo ser Iglesia, habitada y movida por el Espíritu Santo para continuar la presencia y la obra de Cristo en el mundo, manifestando así el amor de Dios Padre a los hombres. La acción caritativo social obra de manera cuasi-sacramental en cuanto parte integrante de la acción pastoral de la Iglesia, que no se reduce solamente a la predicación y los sacramentos, sino que se extiende también al mandamiento de la caridad, en especial a los más pobres y necesitados. No es mera suplencia sino parte integrante de la acción pastoral de la Iglesia
Con San Agustín, podríamos decir que así como los sacramentos de la fe manifiestan la presencia salvífica de Cristo dentro de la comunidad de los creyentes, la acción caritativa y social es como el sacramento para los no creyentes92. En la vida del Señor encontramos perfectamente unidas sus palabras y sus obras, su revelación sobre el Dios Amor y sus signos, sus milagros de amor. Por ello, la acción caritativa y social debe integrarse plenamente en la pastoral de la Iglesia. Si hubo algún tiempo en el que se habían separado en exceso la Escritura y la Eucaristía, la predicación y los sacramentos, ahora hemos redescubierto en las celebraciones la intrínseca compenetración de ambas. Quizá nos falte todavía alcanzar en nuestra pastoral la perfecta unidad entre Palabra, Sacramento y Caridad.
111. La acción caritativa y social no se encuentra suficientemente integrada en la pastoral de conjunto de las diversas diócesis93. Por una parte, la opción preferencial por los pobres no ha sido realmente asumida por la comunidad cristiana en general, por lo que no se da suficiente participación de los fieles en las diversas acciónes caritativas y sociales que parecen más bien opciones no eclesiales sino particulares de algunos grupos o personas con devoción particular hacia esos asuntos. Por otra, falta cohesión entre las diferentes instituciones eclesiales consagradas a la acción caritativa y social que tiende a actuar cada una por su cuenta, provocando así la carencia,al mismo tiempo, del signo comunitario de la caridad y la referencia a la Iglesia local, dado que algunas instituciones tienen carácter supradiocesano o internacional. La Pastoral de la Caridad no está todavía realmente integrada en la Pastoral Diocesana y en la vida parroquial
Se requiere la creación de plataformas de encuentro y coordinación, en las que se presenten y analicen las diversas situaciones, se articulen los objetivos preferenciales y se preparen los medios y recursos para alcanzarlos.

La acción caritativa y social tiene también una dimensión de lucha por la justicia, sin olvidar la promoción social y la asistencia personal

112. La acción caritariva y social ha sufrido en los últimos tiempos diversas tendencias y tentaciones que la ponían en peligro de polarizarse excesivamente en una u otra dirección, deformando así la imagen de la verdadera caridad eclesial, más bien integradora que sectaria, interesada por el hombre completo y por su completo bien: corporal y espiritual, material y cultural, individual y social, temporal y transcendente, terreno y celestial. Esta unidad global, que abarca tanto la ayuda individual frente a una situación de necesidad urgente como la promoción social y la lucha por la reforma o cambio de las estructuras injustas, no impide que en ocasiones ciertos grupos, instituciones o actuaciones se dediquen especialmente de manera ocasional o habitual, a algunos aspectos parciales y problemas especiales, pero siempre en relación y comunión con el conjunto de la actuación eclesial. Riesgo de deformación en algunas acciones caritativas y sociales
113. En este aspecto, lamentablemente, todavía se constatan en la acción caritativa y social actitudes y actuaciones de talante evasionista, falsamente espiritualista y alienante, sin incidencia ni implicación en los problemas de fondo que afectan a los necesitados; paternalismos que no promocionan a los pobres, sino que los mantienen en una actitud pasiva y de dependencia de sus bienhechores, así como tampoco faltan ciertas caricaturas de una falsa caridad que con frecuencia tiene más de vanidad social que de auténtica entrega personal y de solidaridad real con los necesitados, algo por lo demás, que desgraciadamente también se sigue dando en organísmos públicos y privados no confesionales.

La acción caritativa y social debe estar integrada de manera visible y significativa en la sociedad

114. Dentro del marco de un Estado de derecho y no confesional, en una sociedad democrática y plural, la Iglesia no pretende invadir los campos que no le pertenecen -como pueden ser la economía o la política-, ni hacer competencia a otras instituciones que realizan actividades de carácter social, asistencial o promocional, con las que puede coincidir. Solamente desea hacer presente de manera pública y notoria, con paz y con respeto, en diálogo y colaboración con todos, el mensaje del Evangelio de Jesucristo como una oferta de Dios a los hombres. A este mensaje pertenece esencialmente prologar en la historia la actuación del Señor "que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo", como dicen los discípulos de Emaús94. Hacer presente el mensaje del Evangelio en la historia
115. Sin ningún deseo de protagonismo ni, menos aún, de exclusivismo, la Iglesia sólo pretende colaborar al bien común de la sociedad en la que debe vivir el Evangelio del amor y de la caridad, la fraternidad y la solidaridad. En este sentido, la Consulta anteriormente indicada revela que la sociedad manifiesta una alta valoración y estima de la actividad caritativo-social de la Iglesia. De manera especial, la atención cercana, realista y eficaz hacia los necesitados; la ausencia de discriminación en la prestación de sus servicios; la penetración social entre los desheredados, que le permite llegar hasta donde la burocracia no podría hacerlo; así como el predominio del espíritu de servicio y de ayuda, de respeto y colaboración, más que de afán de poder o de competencia con otras instituciones gubernamentales o no gubernamentales. Contribuir al bien común de la sociedad
A pesar de todo, un juicio crítico podría encontrar también entre nosotros bastantes deficiencias en este campo de la acción caritativo social. Principalmente, por la gran distancia que existe entre nuestros programas y propósitos y nuestras obras y presencias. Si la Iglesia somos todos; si en España hay un tercio de católicos practicantes y otro tercio de católicos no practicantes, y si la Iglesia ha hecho la opción preferencial por los pobres, se nos podría preguntar que dónde están esos pobres; que no se advierte de manera suficiente la presencia de los pobres entre nosotros y de nosotros entre los pobres.
116. Para desarrollar un tejido social que vaya facilitando el paso de la democracia formal hacia la democracia real, es necesario que el Estado descentralice todo lo posible ciertas actividades que estarían mejor gestionadas por instituciones no gubernamentales, siguiendo el principio de la subsidiariedad. La acción caritativa y social de la iglesia viene proponiendo hace tiempo a los gobiernos central y autonómicos proyectos de actuaciones en favor de los necesitados para su financiación, aceptando por supuesto una verificación de su ejecución y resultados. Pero en muchas ocasiones nos tropezamos con la falta de comprensión y de colaboración por parte de los gestores del bien común, a pesar de que la Iglesia española cuenta en este campo con una infraestructura acaso única por la extensión y ramificación en todo el territorio del Estado, por su cercanía directa a los problemas del pueblo, por su motivación generosa y altruista, por su larga experiencia y por su preparación especializada. La cooperación con las Administraciones Públicas

La acción caritativa y social de la Iglesia debe ser católica y ecuménica

Reconociendo la riqueza y complejidad de estos dos términos, en este criterio de actuación solamente queremos referirnos a los aspectos que podríamos llamar internacional e inter-confesional que debe tener la acción caritativa y social de la Iglesia.
117. Por una parte, como católicos que nos llamamos no podemos reducirnos a los problemas de "nuestro campanario", a las necesidades de nuestra parroquia ni siquiera de nuestra diócesis o de nuestra autonomía política, sino que debe buscarse la solidaridad y la colaboración entre todas las diócesis españolas, como una gran familia que comparte penas y alegrías, necesidades y posibilidades. Solidaridad universal, sobre todo con los más pobres
Pero esto tampoco es suficiente. Si la Iglesia ha sido siempre, por vocación, universal, hoy puede vivirlo y sentirlo más que nunca, cuando el mundo se ha convertido en la llamada aldea planetaria. Así, estamos vinculados a una comunidad de pueblos, en primer lugar en la Unión Europea, que también es una comunidad de iglesias. Más allá, a todo el continente, así como a los otros continentes de la tierra, que los cristianos mejor que nadie podemos entender como una sola familia formada de hombres hechos a imagen y semejanza de Dios Padre, llamados a ser hermanos en Jesucristo y templos del Espíritu divino.
Ahora bien, igual que en una familia se ama a todos por igual pero se atiende más a los más necesitados, así también la acción caritativa y social de la Iglesia debe volcarse más en donde hay menos, estimar más a los menos apreciados y servir mejor a los que están en peores condiciones. Bien sabemos, como recordábamos anteriormente en este documento, que es en el Tercer Mundo donde están la mayoría de los pobres de la Tierra, y donde se dan las mayores necesidades, injusticias y opresiones. Y también es un hecho evidente que los pobres de los países pobres son mucho más pobres que los pobres de los países ricos.
118. Además de católica, la acción caritativa y social debe ser ecuménica; es decir, en colaboración con los cristianos de otras confesiones, con los creyentes de otras religiones y con todos los hombres de buena voluntad, como el Concilio y el magisterio pontificio y episcopal insisten constantemente. Colaboración ecuménica
La Iglesia Católico-Romana reconoce en todos los bautizados la presencia del Espíritu, que reparte sus carismas a quienes ha elegido para el bien común, y de hecho admira con gozo entre los hermanos separados el ejercicio de la caridad hacia el prójimo realizado con generosidad y entusiasmo. Asimismo, descubre en las diferentes religiones no cristianas la presencia secreta de la gracia de Dios, como semillas del Verbo, como ya comentara san Justino y ha recogido toda la Tradición, así como en todos los hombres de buena voluntad; "Pues el que no está contra nosotros, está por nosotros"95, dice el Señor, que también supone que muchos obrarán a su favor sin saberlo expresamente; ¿Cuando te vimos desnudo y te vestimos?" "Cuando lo hicisteis con uno de estos hermanos más pequeños -necesitados-, conmigo lo hicisteis"96.
119. Hay que reconocer humildemente que todavía nos falta mucho para alcanzar estos dos objetivos. Aunque no faltan grupos cristianos, parroquias, diócesis y congregaciones religiosas que promueven con generosidad diversas actividades en favor de los países subdesarrollados, todavía es muy débil en la mayoría de los cristianos la conciencia de la responsabilidad que tenemos respecto a los pobres del Tercer Mundo, salvo en ocasiones aisladas de una campaña especial o de una catástrofe natural que hace recordar la trágica situación de aquellos pueblos.
Todavía parece más insuficiente el aspecto ecuménico de la acción caritativa y social. Si aun dentro de la Iglesia católica se advierte gran dispersión en las actividades de los diferentes grupos, parroquias, instituciones y congregaciones dedicadas a la acción caritativa y social, la desconexión y el desconocimiento mutuo entre éstas y las promovidas por los hermanos separados está muy generalizada97.
Aunque algunas circunstancias especiales de la sociedad española, como es la escasa implantación de las comunidades separadas en nuestro país, puedan explicar en parte esta deficiencia, tampoco podemos justificar en modo alguno lo que parece un pecado de omisión de unos y de otros, que frena la colaboración ecuménica que parece una exigencia de los signos de los tiempos y es un encargo especial del último Concilio: "Este santo Sínodo exhorta a todos los católicos a que, reconociendo los signos de los tiempos, participen diligentemente en la labor ecuménica"98.
Publicado por tabor @ 22:59  | Reflexiones doctrinales.
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