lunes, 31 de octubre de 2005
Introducción
Aparentemente, Jeremías es el profeta cuya vida conocemos mejor. Numerosos textos hablan de las vicisitudes por las que atravesó. Además, este profeta no se limito a transmitir la palabra de Dios; también nos lego su palabra, dudas, inquietudes y temores. Su personalidad aparece así como una de las más sugestivas del Antiguo Testamento. Pero lo anterior no significa que podamos reconstruir su vida paso a paso. Basta ordenar cronológicamente los textos datados (o lo que se puede fechar con bastante probabilidad) para advertir numerosas lagunas:

627/626 Vocación (1,4-10)
627-606 Predicación a Israel (3,6-13)
609 Oráculo sobre Joacaz (22,10-12)
609/608 Discurso del templo (7,1-15; c.26)
605 Oráculo contra Egipto (46,2-12)
Discurso sobre la conversión (25,1-11)
Redacción y lectura del volumen (c. 36)
Palabras a Baruc (c. 45)
598 Palabras sobre Jeconías (22,24-30)
Los dos cestos de higo (c. 24)
Carta a los desterrados (c. 29)
Oráculo contra Elam (49,34-39)
594/593 Contra la rebelión (cc. 27-28)
Maldición de Babilonia (51,59-64)
587/586 Durante el asedio (21,1-10;34;37-39)
Preso en el atrio de la guardia (32-33;39,15-18)
586 Después de la caída de Jerusalén (c. 39-40)

Esta panorámica confirma lo dicho. Se poseen numerosos datos sobre la vida de Jeremías, pero no podemos reconstruirla con todo detalle. Algunos momentos aparecen de especial relieve (el año 605, marcado con la victoria de los Babilonias en Carquemis; el 598/597 con el tremendo problema de la primera deportación; el 594/593, con el intento de revelarse contre Babilonia; el año y medio de asedio). Pero entre estos años encontramos lagunas a veces muy largas, sobre todo la que va del 627 al 609, donde solo podemos datar con certeza un breve texto.

Si a los pasajes seguros añadimos los que pueden fecharse con bastante probabilidad, es posible reconstruir bastante de la vida y actividad de Jeremías, aunque ciertos puntos sean hipotéticos, sujetos a critica y modificaciones.

Vida
Jeremías nació hacia el año 650 en Anatot, un pueblito a unos 6 Km. de Jerusalén, perteneciente a la tribu de Benjamín. Este dato es interesante porque Benjamín, unía políticamente a Judá, mantuvo una gran vinculación con las tribus del norte. Así se comprende que Jeremías concediese tanta importancia a las tradiciones de dicha zona: nos habla de Raquel y de Efraín, del santuario de Siló y, sobre todo, concede mucha importancia al éxodo, marcha por el desierto y entrada en la tierra prometida. Por el contrario, las tradiciones típicamente judías (elección divina de Jerusalén y de la dinastía davídica) no adquieren en este profeta especial relieve.

El nombre, de etimología incierta ("Yahvé exalta" o "Yahvé abre" –el útero-), no era raro en su época. Pertenecía a una familia sacerdotal, que, tal vez a causa de la reforma de Josías, se habría tenido que instalar en Jerusalén y a la que se le había asignado un turno de servicio en el templo. A pesar de vivir en la capital, él sigue ligado al campo: se preocupo por la sequía, por la viña, rescato un campo de un tío suyo en Anatot, etc.. La vocación profética ha tenido en todos los profetas repercusiones personales. Amós para ser profeta fue arrancado de su ganado; Isaías dio a sus hijos nombres relacionados con su mensaje; Oseas formulo la historia entre el pueblo y Dios con la ayuda de su propia experiencia matrimonial. La predicación influyo en la vida personal de todos los profetas, al menos en ciertos momentos. Jeremías nunca pudo deslindar su vida personal del mensaje que predico: por la palabra sufrió cárcel, persecución, incomprensión, incluso su misión profética le exigió una vida celibataria. Llego a identificar su llamada al profetismo con su nacimiento. Podemos rastrear su lucha interior con Dios gracias a las llamadas "confesiones" de Jeremías. Normalmente se citan como tales: Jr 11,18-12,6: 15, 10-21: 17,14-18: 18,18-23: 20,7-20. Son textos autobiográficos, sin relación clara con el contexto, que reflejan agudas crisis vocacionales en las que el profeta presenta su queja al señor. En ellas abunda un vocabulario relacionado con el uso de la narración de la vocación. Por otra parte, mantienen un cierto tono jurídico, que confiere fuerza a la protesta, ya que la presencia de Dios había sido prometida en la vocación. Su ausencia aparece como incumplimiento. Tales crisis de vocación se convierten en crisis existenciales.

Actividad profética
En la vida de Jeremías se suelen reconocer cuatro etapas, que marcan su actividad profética. Evidentemente los textos que se le asignan a cada etapa depende de la cronología que se adopte. El punto más debatido es, sin duda, el saber que textos pronuncio Jeremías en tiempo de Josías, ya que este es precisamente el punto en que difieren las distintas cronologías. Independientemente de esta discusión siempre se han interesado los investigadores por conocer el contenido del libro de oráculos jeremíacos quemado por Joaquín (Jr 36). Con todas las salvedades del caso, creemos que el intento de atribuir algunos textos del libro de Jeremías a determinados periodos históricos de su vida puede ayudar al lector a colocar al profeta en su historia. Por ello no pretendemos ser exhaustivos ni mucho menos dejar zanjadas cuestiones debatidas. En verdad, las etapas vienen dadas por la historia de la época y no varían fundamentalmente en los autores; los textos que a cada uno se atribuyen si.

Primera actividad: bajo Josías (627 – 622 a.C.)
El año trece de Josías (627 a.C.), es donde sitúa el libro su vocación. A esta primera etapa se atribuyen algunos oráculos que se encuentran en Jr 2-6 (especialmente en 2 – 3) y 30-31 del libro. Son oráculos que originalmente fueron dirigidos al reino de Israel y que posteriormente se adoptaron también para Judá.

En esta época Jeremías predica la necesidad de una conversión interna y amenaza con la indefinida figura del "enemigo del Norte", que solo a partir del año 605 a.C. se podrá identificar con el imperio caldeo.

No hay ninguna alusión directa a la reforma de Josías, a pesar de que en su libro abunda el lenguaje deuteronómico. Es este uno de los mayores enigmas en torno a Jeremías, pues la reforma supuso un acontecimiento de tal magnitud que difícilmente pudo obviar en su predicación. Se supone, por lo tanto, que en el tiempo de la reforma (622 – 609 a.C.) cayó. Su silencio para unos significa apoyo a la reforma; para otros es clara oposición a la misma.

Cuando Joacaz fue llevado a Egipto, Jeremías lo lloró.

Segunda actividad: bajo Joaquín (609 – 597 a.C.)
Cuando el año 609 a.C. Joaquín se instaló, por fin, en el trono de su padre, Jeremías reemprendió –al parecer- su actividad. Se aducen tres tipos de razones para explicar el hecho: a) por el desastre final de la reforma o por dificultades económicas sus conciudadanos vuelven al culto a los Dioses paganos; b) otros confían supersticiosamente en el templo; c) Joaquín es un rey injusto por el lujo desmedido al que se entrega y por los duros impuestos a los que somete a la población.

La época de Joaquín es, quizás, la más rica en la predicación de Jeremías, por ser la más crucial. La conversión es todavía posible y aseguraría al pueblo la permanencia en la tierra. El discurso contra el templo marca el comienzo de la persecución cuando los caldeos aparecen como los dueños militares del imperio, Jeremías exige la sumisión a Nabucodonosor: sería señal de aceptación del castigo. La rebelión de Joaquín, tal vez tras la derrota de los babilonios en Egipto (601 a.C.), le sirve de ocasión para hablar contra las alianzas. La oposición de los falsos profetas y la consumación de la rebelión le lleva a considerar el castigo irrevocable.

Tercera actividad: bajo Sedecías (597 – 586 a.C.)
Jeremías sigue aconsejando la sumisión de los babilonios como medio de salvar el reino, la ciudad y la tierra. No hay otro camino. En la aceptación del castigo esta la esperanza para el futuro. Los exiliados permanecerán mucho tiempo, pero de ellos vendrá la salvación. Las persecuciones arrecian y su vida peligra.

Cuarta actividad: bajo Godolías (586... a.C.)
Destruida la ciudad, la sumisión a Nabucodonosor es el único modo de salvaguardar los campos. Hay que evitar, a toda costa, volver a Egipto. Allí se produce el final del pueblo.

Teología de Jeremías
La base teológica de la predicación de Jeremías hay que ponerla en la teología de la alianza. Todo lo bueno que tiene Israel viene de ella y, por quebrantarla merecerá el castigo. No es extraña la importancia de la alianza en su predicación: Anatot es el lugar que conserva las tradiciones propias del santuario de Siló; en Jeremías han influido necesariamente tradiciones del norte tan importantes como las de Oseas y del Deuteronomio. Como en los demás profetas pre exílicos, el vocablo "alianza" no se repite demasiado en el libro de Jeremías.

La realidad de la alianza se supone también en varias imágenes que sirven para acusar o para provocar la conversión: Israel es la esposa del Señor que, si fue fiel al comienzo, ahora es infiel, rea de traición y prostituta; al comienzo "camino tras" el Señor, pero ahora "camina tras" otros dioses, sin responder al "amor" del Señor. El cumplimiento de las estipulaciones de la alianza hace que Dios "habite" entre ellos y ellos en el país. La lealtad a la alianza exige "conocer" al Señor, "temerle", "obedecer su voz", permanecer "en su presencia"; Israel debe circuncidarse el corazón y observar la Torá; su reflejo en la vida social es esencial y exige verdad, justicia y preocupación por el pobre y el huérfano. Los responsables mayores de la ruptura de la alianza son los jefes religiosos y los profetas.

"En los profetas de Samaría, he observado una inepcia: profetizaban por Baal y hacían errar a mi pueblo Israel. 14Mas en los profetas de Jerusalén he observado una monstruosidad: fornicar y proceder con falsía, dándose la mano con los malhechores, sin volverse cada cual de su malicia. Se me han vuelto todos ellos cual Sodoma, y los habitantes de la ciudad, cual Gomorra"

Jr 23,13-14

Judá debe aprender la lección y convertirse, pero la perversión fue general y el Señor denuncio la alianza, decidiendo el castigo.

El mensaje de salvación
Lo primero que hay que decir es que Jeremías predico salvación. Lo hizo en todos los tiempos y de modos distintos. Salvación predicaba cuando se alegraba de la re unificación de los reinos, especialmente de la vuelta de Israel, cuando exigía conversión a Judá, cuando le invitaba a aceptar el yugo de Nabucodonosor o cuando se refería a los desterrados en Babilonia. Era parte de su misión, expresada con los verbos "edificar y plantar".

Se trata de una salvación paradójica, consecuencia de la obediencia o de la aceptación del castigo. Los falsos profetas, que predicaban "paz" sin paradoja engañaban al pueblo. La restauración tendrá las características de una nueva alianza. Pero esta nueva realidad hay que aceptarla en toda su dureza: si la nueva alianza es indefectible por sus instrumentos de ratificación y por el doble juramento divino, también significa que la Sinaí ha fracasado y ya no vale.

Vocación de Jeremías
La vocación de Jeremías responde perfectamente a los relatos de vocación profética antes enumerados.
La narración de vocación del libro de Jeremías comprende la llamada propiamente dicha (Jr 1,4-10), dos visiones (Jr 1,11-12,13-16) y una exhortación complementaria para llevar adelante su misión. Es posible que todas estas secciones tengan orígenes literarios independientes, pero el conjunto ofrece una visión completa de su vocación.

La vocación de Jeremías se caracteriza por el protagonismo de la palabra. Frente a otras vocaciones que van acompañadas de la majestuosidad de una visión, como la de Isaías o la de Ezequiel, la de Jeremías sucede en la palabra y en forma de dialogo. La palabra lo elige, lo consagra y lo nombra; precede al nacimiento y a la historia. La misma palabra le confirma su vocación y le promete la asistencia divina: "Yo estaré contigo". La objeción que pone Jeremías es su dificultad con la palabra: "es joven y no sabe hablar".

A pesar de su desamparo, a palabra contiene exigencias de totalidad: abarca la vida entera del profeta, se extiende a todos los pueblos, comprende todos los aspectos de la historia, tanto los amenazantes como los esperanzadores. Desde la eternidad Jeremías era conocido del Señor. Había contado con él en sus planes: desde antes de nacer estaba consagrado al Señor, desde siempre estuvo constituido como profeta de las naciones.
"Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses, te tenía consagrado: yo profeta de las naciones te constituí"

Jr 1,16
Ser profeta no era un oficio añadido, sino parte de su existencia. Por eso, cuando quiere olvidar el encargo, no puede y sufre
su crisis existencial más aguda.

La consagración de los labios es similar a la de Isaías, pero no se debe a motivos de impureza. Las dificultades de un profeta en materia de lenguaje no tocan su relación con Dios, sino el punto central de su misión. Pero el cumplimiento de la misma no depende de sus cualidades; no ha sido elegido por ellas. La tarea profética depende de Dios: el pone la palabra, señala el auditorio, concede la fuerza necesaria. En la vocación de Jeremías se subraya la iniciativa divina. El toque en los labios transforma los pensamientos humanos en mensaje divino; el portavoz queda constituido. La confirmación cierra el dialogo. Toma en serio la objeción del profeta y lo prepara para dificultades futuras; no debe sentir miedo cuando estas lleguen. También vuelve a colocar las cosas en su sitio, reforzando la iniciativa divina y reiterando sus planes. Su nombramiento como profeta de las naciones y más en concreto a la relación de su mensaje con la nación babilónica.
Publicado por tabor @ 11:42  | Voz de los profetas A.T.
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