Por primera vez en la historia de la humanidad poseemos los medios - proporcionados por la ciencia y la tecnología - para mejorar la condición humana, aumentar la felicidad y la libertad y conseguir una vida auténticamente humana para todas las personas del planeta. Mucha gente que habla del nuevo milenio está llena de miedo respecto a qué sucederá. Muchos hacen profecías apocalípticas - tanto religiosas como seculares - acerca de las calamidades que van a ocurrir. Los pesimistas recuerdan las brutales guerras del siglo veinte y advierten que nuevas formas de terrorismo y nuevas inquietudes pueden embargar a la humanidad en el siglo entrante.
Nosotros pensamos, en cambio, que es más correcta una valoración más positiva y realista del panorama humano en el siglo XXI. Deseamos subrayar que, a despecho de las desgracias políticas, militares y sociales, el siglo XX ha sido testigo de un gran número de acontecimientos beneficiosos. En efecto en contra de los Jeremías de turno, se han hecho realidad la prosperidad, la paz, la mejora de la salud y unos estandares de vida en crecimiento - todo lo cual sigue avanzando de igual modo. Estas grandes realizaciones tecnológicas, científicas y sociales han sido con frecuencia pasadas por alto. Aunque se aplican con mayor amplitud en el mundo desarrollado, en estos momentos sus beneficios están llegando virtualmente a todas partes. Necesitamos hacer un listado de algunas de ellas.
La medicina científica ha mejorado la salud enormemente. Ha reducido el dolor y el sufrimiento y ha incrementado la longevidad. El descubrimiento de antibióticos y el desarrollo de las vacunas, las técnicas modernas de cirugía, anestesia, farmacología e ingeniería biogenéticas han contribuido en conjunto a estos avances en el cuidado de la salud.
Las provisiones de salud pública de largo alcance, la mejora en los abastecimientos de agua y las disposiciones preventivas han reducido en gran medida la incidencia de las enfermedades infecciosas. Los remedios terapéuticos, ampliamente aplicados, han reducido la dramática mortalidad infantil.
La Revolución Verde ha transformado la producción de alimentos e incrementado el rendimiento de las cosechas, reducido el hambre y elevado los niveles de nutrición por amplias zonas del planeta.
Los nuevos métodos de producción en masa han incrementado la productividad, liberado a los trabajadores de muchos tipos de trabajos físicos penosos, y han hecho posible los beneficios y lujos del consumidor de bienes y servicios.
Los nuevos modos de transporte han reducido las distancias y transformado las sociedades. Los automóviles y los aviones han capacitado a la gente para atravesar continentes y superar el aislamiento geográfico. La investigación astronáutica ha lanzado a la especie humana hacia la excitante aventura de la exploración espacial.
Los descubrimientos tecnológicos han acelerado brutalmente nuevos modos de comunicación sobre una base de amplitud mundial. Además de los beneficios del teléfono, el fax, la radio, la TV y la transmisión por satélite, la tecnología de los computadores ha transformado radicalmente todos los aspectos de la vida socio-económica. Ninguna oficina, ni casa particular ha quedado al margen de la revolución de la información. Internet y las páginas Web han hecho posible la comunicación instantánea en casi todos los rincones del globo.
La investigación científica ha expandido nuestro conocimiento del universo y el lugar de la espacie humana dentro del mismo. La investigación humana está ahora en condiciones de avanzar y de confirmar sus hallazgos mediante la razón y la ciencia, mientras las especulaciones teológicas y metafísicas del pasado han hecho poquita cosa o no han progresado. Los descubrimientos de la astronomía, la física, la teoría de la relatividad y la mecánica cuántica han incrementado nuestra comprensión del universo - desde la escala de las micropartículas hasta la de las galaxias. La biología y la genética han contribuido a nuestro conocimiento de la bioesfera. La teoría de la selección natural de Darwin nos ha permitido entender Cómo evoluciona la vida. Los descubrimientos del ADN y la biología molecular ha continuado revelándonos los mecanismos propios de la evolución y del funcionamiento mismo de la vida. Las ciencias sociales y de la conducta han profundizado nuestro conocimiento de las instituciones políticas, la economía y la cultura.
Muchos desarrollos sociales y políticos positivos han sucedido también en el siglo XX y estos macizan bien de cara al futuro:
Los imperios coloniales del siglo XIX han desaparecido por completo.
La amenaza del totalitarismo se ha rebajado.
La Declaración Universal de Derechos Humanos ha sido aceptada al día de hoy por la mayor parte de las naciones del mundo (de palabra aunque no de hecho).
Los ideales de la democracia, la libertad y la sociedad abierta se han propagado ampliamente por la Europa del Este, América Latina, Asia y África.
Las mujeres en muchos países disfrutan ahora de mayor autonomía y de derechos legales y sociales, y han ocupado su lugar en muchas áreas de la empresa humana.
Como las economías nacionales han llegado a estar globalizadas, la prosperidad económica está siendo transportada desde Europa y Norte América a otras partes del mundo. Los libres mercados y los métodos empresariales han abierto las regiones subdesarrolladas a las inversiones de capital y al desarrollo.
El problema del incremento demográfico ha sido resuelto en los países ricos de Europa y Norteamérica. En muchas zonas la población crece no a causa de los nacimientos sino más bien por causa del descenso de la tasa de mortandad y el incremento de la logevidad - lo que constituye un desarrollo positivo.
El aumento de los niveles de educación, alfabetización y enriquecimiento cultural está alcanzado ahora a más y más niños en el mundo - aunque queden aún mucho más que necesitan se les proporcionen estos bienes.
A pesar de estos avances, debemos afrontar honradamente los graves problemas económicos, sociales y políticos que el mundo todavía arrastra. Los profetas del Apocalípsis son pesimistas; los Jeremías predicen infortunios y calamidades. Nosotros respondemos que si vamos a resolver nuestros problemas, sólo será únicamente con el concurso de la razón, la ciencia y el esfuerzo humano.
Amplios sectores de la población mundial aún no disfrutan de los frutos de la prosperidad; continúan pudriéndose en la pobreza, el hambre y la enfermedad, en particular del mundo en desarrollo, en Asia , Africa, Centroamérica y Sudamérica. Millones de niños y adultos viven al nivel de la subsistencia con una nutrición y unos servicios sanitarios pobres y una salud mala. Y esto pasa también en las así llamadas sociedades ricas.
La población continúa creciendo en muchas partes del mundo con una tasa anual del 3 %. En 1900 el mundo tenía una población estimada de 1700 millones de personas. En el año 2000 se excederán los 6000 millones. Si las tendencias demográficas actuales continúan, habrá que agregar otros 3000 millones de personas a mediados del próximo siglo.
Si la población continua creciendo de acuerdo con estas proyecciones, se producirá un drástico descenso en cuanto a la diponibilidad de suelo para cultivar grano, que hacia el 2050 puede retroceder hasta un cuarto de acre por persona en muchos países (en especial en India, Pakistán, Etiopía, Nigeria, e Irán). Los depósitos de agua corriente para riego están sobrexplotados, reduciendo la productividad de los cultivos; muchos de los ríos del mundo están comenzando a secar su cauce (incluyendo el Nilo, el Río Colorado y el Río Amarillo en China).
Puesto que la población humana se ha expandido y el desarrollo industrial se ha acelerado, los bosques y las tierra maderables han sido desbastadas. Se estima que cada año desaparece casi un 2 % de los bosques terrestres. Este tributo continuará a menos que se adopten medidas preventivas.
El calentamiento global de la atmósfera probablemente está creciendo, en parte a causa de la deforestación en los países pobres y de las emisiones de monóxido de carbono, en particular las producidas en las naciones ricas, que continúan desbastando los recursos naturales. El promedio por persona de consumo y polución en los Estados Unidos y los países occidentales es entre cuarenta y setenta veces superior al promedio de emisiones por persona en los países en desarrollo. El consumo despilfarrador además es fomentado con frecuencia por las compañías en crecimiento, que pasan olímpicamente del problema del desastre ecológico.
Las poblaciones de otras especies también han disminuido constantemente y muchas formas de vida vegetales y animales han llegado a extinguirse; quizá se esté produciendo ahora la mayor extinción desde la desaparición de los dinosaurios hace 65 millones de años.
Muchos gobiernos del mundo están enfrentando graves problemas como el de las ciudades superpobladas por emigrantes provenientes de los entornos rurales; la inmensa mayoría de estos emigrantes están desempleados y apenas tienen lo mínimo para subsistir.
El desempleo sigue siendo un grave problema en muchos países ricos, sobre todo de Europa, que está fallando a la hora de absorber a los trabajadores jóvenes, reconvertir la tecnología, reeducar a los ya empleados o encontrarles nuevas ocupaciones.
Para atajar muchos de los problemas internacionales de ámbito social y ambiental que enfrenta la humanidad se ha llegado acuerdos de largo alcance en una importante serie de Conferencias internacionales, pero los gobiernos han fallado a la hora de sacar adelante los compromisos asumidos; pocos de los países más ricos dan alguna prioridad a ayudar a la mayoría de países pobres o incluso a ayudar a los desahuciados y desposeídos de sus propias sociedades.
La democracia sigue débil o es inexistente en muchos países. Con demasiada frecuencia la prensa libre es amordazada y las elecciones manipuladas.
La suspensión del acuerdo sobre la igualdad de derechos para las mujeres está todavía demasiado extendido en la mayor parte de los países del mundo.
Muchas de las áres antes colonizadas han entrado en un grave declive económico.
Enfermedades que se creían erradicadas, tales como la tuberculosis o la malaria, se han revitalizado, mientras el virus del SIDA sigue circulando libremente por amplias zonas del mundo en desarrollo.
Aunque el mundo ya no está dividido en dos superpotencias, la humanidad tiene todavía la capacidad de autodestruirse. Terroristas fanáticos, estados delincuentes, o incluso los mayores poderes pueden provocar inadvertidamente sucesos apocalípticos, soltando armas mortíferas de destrucción masiva.
La creencia de que en gran medida el libre mercado solucionará todos los problemas sociales sigue siendo un dogma de fe. Permanece en pie y sigue sin resolverse en muchos países del mundo la cuestión de cómo deben equilibrarse las demandas del libre mercado con la necesidad de articular programas sociales equitativos para asistir a los discapacitados y a los empobrecidos.
Admitimos que estos problemas son serios y que necesitamos adoptar medidas adecuadas para resolverlos. Creemos, sin embargo, que únicamente pueden superarse con el uso de la inteligencia crítica y de esfuerzos cooperativos. La humanidad ha enfrentado desafíos en el pasado y se las ha arreglado para sobrevivir e incluso para triunfar. Los problemas que atisbamos en el horizonte quizá no sean mayores que los que enfrentaron nuestros antepasados.
Pero hay además otras peligrosas tendencias en el mundo que están insuficientemente reconocidas, Estamos particularmente preocupados por las tendencias anticientíficas y antimodernas que incluyen la emergencia de estridentes voces fundamentalistas y la persistencias del fanatismo y la intolerancia, sea de orígen religioso, político o tribal. En muchas partes del mundo son las mismas fuerzas las que se oponen a los esfuerzos para resolver los problemas sociales o mejorar la condición humana:
* La persistencia de tradicionales actitudes espirituales fortalece con frecuencia modos de enfocar los problemas sociales irreales, escapistas y místicos, que fomentan el desprecio hacia los enfoques científicos y defienden los mismos mitos que con demasiada frecuencia se hallan a la base de arcaicas instituciones sociales.
* Muchos grupos religiosos y políticos se oponen a la contracepción o a los fondos para programas destinados a reducir la fertilidad o a estabilizar el crecimiento de la población. Como resultado, se impide el desarrollo económico y la reducción de la pobreza.
* Muchas de estas fuerzas también se oponen a la liberación de la mujer y desean que continúen sometidas al varón.
* El mundo entero ha asistido al incremento de encarnizados conflictos étnicos y a la intensificación de viejas rivalidades tribales. Las dimensiones religiosas de estos conflictos con demasiada frecuencia permanecen sin recibir la adecuada publicidad: En la Ex-Yugoeslavia entre cristianos ortodoxos serbios, católicos romanos croatas y musulmanes (en Bosnia y Kosovo); en Israel y Palestina entre judíos ortodoxos y musulmanes; en Irlanda del Norte entre protestantes y católicos; en Sri Lanka entre hindúes tamiles y budistas zingaleses: en el Punjab y Cachemira entre hindúes, musulmanes y shijs; y en Timor entre católicos y musulmanes.
* El mundo está justamente preocupado por el crecimiento del terrorismo y de los genocidios, inflamados también en muchos casos por nacionalismo étnicos y chauvinismos religiosos.
* El multiculturalismo aboga por la tolerancia de la diversidad étnica y de las tradiciones culturales, así como por el reconocimiento de su derecho a existir. Pero también se hace cómplice de fracturas de la sociedad y demandas de separación y aislamiento, irónicamente en la época en que las doctrinas nazis y del appartheid en Sudáfrica han sido develadas a fondo y en consecuencia repudiadas. La intolerancia ha generado la limpieza étnica y otras manifestaciones violentas del odio social.
* En muchos países occidentales ha florecido con fuerza la así llamada ideología postmodernista que niega la objetividad de la ciencia, deplora el uso de la tecnología moderna y critica los derechos humanos y la democracia. Algunas formas de postmodernismo aconsejan el derrotismo: en el mejor de los casos, no ofrecen ningún programa para resolver los problemas del mundo; en el pero, niegan que las soluciones sean o bien posibles o bien realizables. Los efectos de este movimiento filosófico literario son contraproducentes, e incluso nihilistas. Pensamos que se trata de una mistificación profunda, porque las ciencias ofrecen razonables estándares objetivos para enjuiciar sus proclamas de verdad. En realidad. la ciencia ha conseguido un lenguaje universal en que se pueden expresar todos los hombre y mujeres al margen de su trasfondo cultural.
Creemos que es necesario presentar un panorama alternativo para mañana. Los gobiernos nacionales y lideres organizativos deben abandonar la política del corto plazo y fomentar una planificación a largo plazo. Con demasiada frecuencia, estos líderes ignoran los mejores informes de científicos y humanistas y basan sus políticas sobre elecciones inmaduras o sobre informes que apenas tienen un horizonte de un cuarto de hora. Los gobiernos nacionales no deben preocuparse exclusivamente de las consideraciones político-económicas inmediatas, sino prestar atención a las necesidades de todo el planeta y a la sostenibilidad futura de la humanidad.
El humanismo planetario pretende recomendar fines alcanzables a largo plazo. Esta es una distinción principal entre el humanismo y las moralidades premodernas fundamentadas religiosamente. El humanismo dibuja nuevas imágenes de futuro que son rigurosas y generan confianza en la capacidad de la especie humana para resolver sus problemas mediante métodos racionales y perspectivas positivas.
La Ilustración del siglo XVIII, que ha inspirado este manifiesto, estuvo sin duda limitado por la época en que apareció. Su visión de la Razón era absolutista frente a nuestra idea de que se trata de un instrumento falible de investigación. Sin embargo, su convicción de que las ciencias, la razón, la democracia, la educación y los valores humanos pueden lograr el progreso humano siguen teniendo atractivo para nosotros hoy. El humanismo planetario que presenta este Manifiesto es en su perspectiva post-postmoderno. Asume los mejores valores de la modernidad, pero intenta transcender la negatividad del postmodernismo mirando hacia adelante, hacia la edad de la información que ahora amanece y a todo lo que ella presagia para el futuro de la humanidad.