El término utopía es ambivalente,
como lo son también mito y -en cierta medida- ciencia.
El sentido más frecuente que suele dársele es el
negativo, el que implica una connotación peyorativa. Utopía
sería casi sinónimo de sueño ilusorio, quimera,
fantasía, y se confundiría con lo meramente desiderativo.
Cuando se califica a una persona de utópica se está
diciendo que no tiene los pies en la tierra y confunde el
deseo con la realidad. Ahora bien, utilizar la palabra
utopía en ese sentido constituye, a mi juicio, una
derivación patológica de la misma.
Utopía se emplea
también en sentido positivo como proyecto o ideal de un
mundo justo, que implica la crítica del orden presente.
Crítica y utopía son las dos grandes líneas que
constituyen el pensamiento moderno europeo. Es mérito de
Bloch haber recuperado una palabra tan denostada,
liberarla de su acepción peyorativa y haberla convertido en
categoría mayor de la filosofía. Él devuelve a la utopía la
credibilidad que había perdido en el marxismo ortodoxo. Para
ello cree necesario renunciar a la oposición entre
socialismo utópico y socialismo científico, y establece la
distinción -para mí, fundamental- entre utopía abstracta y
utopía concreta, decantándose por ésta.
Mérito de K.
Mannhein es también el haberla introducido en la
sociología del conocimiento. Utopía, para él, no es lo
irrealizable sin más, lo irrealizable de forma absoluta, sino
"lo que parezca ser irrealizable solamente desde el
punto de vista de un orden social determinado y ya
existente" , es decir, lo que no puede realizarse en unas
determinadas coordenadas. Cuando se formula una utopía en el
sentido indicado, no se está proponiendo un imposible; se
busca cambiar las coordinadas que la hacen imposible
para que pueda ser realidad. Lo utopía tiene, por
ende, una doble función, como acabamos de decir:
crítica de la realidad existente (función iconoclasta) y
alternativa a la misma (función constructiva).
Creo que
es aplicable a esta concepción de la utopía lo que
dice Herbert Marcuse del marxismo en su emblemático
libro El final de la utopía: "El marxismo ha de asumir
el riesgo de definir la libertad de tal modo que se
haga consciente y se perciba como algo que en ningún
lugar subsiste ni ha subsistido. Y precisamente porque
las posibilidades llamadas utópicas no son en
absoluto utópicas, sino negación histórico
social-determinada de lo existente, la toma de consciencia de esas
posibilidades y la toma de consciencia de las fuerzas que las
impiden y las niegan exigen de nosotros una oposición muy
realista, muy pragmática. Una oposición muy libre de toda
ilusión, pero también de todo derrotismo, el cual
traiciona ya por su mera existencia las posibilidades de la
libertad en beneficio de lo existente".
Ahora bien,
con la clarificación conceptual y la recuperación del
significado positivo de la utopía, no se resuelven todos los
problemas en torno a ella, pues el concepto tiene carácter
valorativo y no sólo descriptivo. "Utopía -afirma con razón
A. Neusüss- es una categoría esencial dentro del
debate conceptual-político quizá más importante; el que
trata sobre la forma de vida justa y digna de la
sociedad y del individuo".
Llegamos así a la
esperanza, que constituye el impulso y la activación de la
utopía concreta.
Por Juan-José Tamayo, teólogo y
Secretario
de la "Asociación de Teólogos y Teólogas Juan
XXIII"