Pero lo más llamativo y sorprendente del caso es
que, mientras se destierra a la utopía de todo el
territorio de lo humano, se nos hace creer que está
haciéndose realidad a través de la globalización. Ésta
sería, según el neoliberalismo, la traducción política y
económica del "mejor de los mundos" de que hablaba Leibniz.
Con el capitalismo democrático, dirá Francis
Fukuyama, la humanidad ha llegado al final de la historia;
ya no se puede aspirar a más. Ha nacido el "hombre
nuevo", que era el ideal de la Ilustración. Se ha hecho
realidad el reino de Dios en la historia, que ha sido
siempre el viejo sueño de los milenarismos. Consecuencia:
carecen de sentido las preguntas de Kant: "¿qué debo
hacer? ¿qué me cabe esperar?". No hay nada nuevo que
esperar, porque el objeto de la esperanza se ha logrado.
No hay nada que hacer, porque todo está hecho. No
hay que luchar por la utopía porque ya se ha hecho
realidad.
Y mucha gente termina por creerse a pies
juntillas que la globalización constituye la plena
realización de la utopía en el aquí y ahora.
Pero esta
argumentación tiene trampa. Y seguro que más de un lector ya la
ha descubierto. Voy a intentar hacerla explícita .
La globalización es un proyecto imperial que
pretende uniformar las culturas, controlar las economías y
someter todo tipo de heterodoxia al pensamiento único. Es
un manto con el que se quiere ocultar el fenómeno de
neocolonización del mundo por el capital multinacional. Es, a su
vez, una construcción ideológica, y no la descripción
del nuevo entorno económico; una interpretación
errónea de la realidad que sustituye a una descripción
exacta .
Por Juan-José Tamayo, teólogo y Secretario
de la "Asociación de Teólogos y Teólogas Juan XXIII"