lunes, 11 de septiembre de 2006
LA RAZÓN jueves 8/12/05



El 75% de los pobres del mundo depende de los recursos naturales –bosques, pesquerías, pastos– para sobrevivir, según el último informe del prestigioso World Resources Institute (WRI)

Antonio Barrero F. - Madrid.-


Dícese «Recursos mundiales 2006», ha sido editado en nuestro país por Ecoespaña –con la colaboración de la Consejería de Medio Ambiente de Madrid y la Fundación para la Investigación y el Desarrollo Ambiental– y está firmado por la ONU, el Banco Mundial y el World Resources Institute (WRI). Es, cada dos años, «El Informe», con mayúsculas, y gasta, siempre, discurso explícito: «para más de mil millones de personas que viven en la extrema pobreza, la naturaleza es un salvavidas cada día».

La principal cuestión que plantea el documento es «¿quién controla los ecosistemas?». Y los apuntes reseñados al respecto son reveladores: el sustento de los habitantes rurales «con frecuencia está en conflicto» con la pesca industrial, las grandes madereras o la minería, negocios todos en los que los pobres «tienen poco que decir». Mal asunto si tenemos en cuenta que «los ingresos por la agricultura a pequeña escala y por la recolección de productos silvestres como frutos del bosque, al margen de la madera, suponen unas dos terceras partes de los ingresos de las familias que viven en la pobreza». Y estamos hablando de más de mil millones de seres humanos. El WRI estima que el 44% del empleo de la población mundial depende directamente del trabajo en los ecosistemas (agricultura, pesca y selvicultura).


El caso africano es paradigmático, pues allí más del 70% de las personas vive en zonas rurales, los recursos naturales son formidables y la pobreza, el cuento de nunca acabar: «Entre 1981 y 2001, el número de personas que viven con menos de un dólar al día en el África subsahariana ha aumentado del dos al veinte por ciento».


¿El problema? La gobernanza, o, lo que es lo mismo, el control sobre los recursos naturales, porque lo habitual es que los más pobres carezcan de «la propiedad legal o posesión sobre la tierra y los recursos» y, además, sean dejados «al margen del proceso de toma de decisiones». Es más: según el informe, «la corrupción sobre los recursos naturales también recae más duramente sobre los pobres, quienes pueden ser víctimas de burócratas que piden sobornos o de la tala o pesca ilegal facilitada por funcionarios que miran hacia otro lado».


¿Conclusión? La «abundancia de recursos no se traduce necesariamente en riqueza para los pobres». Es más: sin gobernanza (control sobre la tierra y las decisiones que la afectan), «la presencia de recursos de gran valor, como madera, oro, diamantes o petróleo puede ser más bien un detrimento para las comunidades locales».


Afortunadamente, el informe «Recursos mundiales 2006» también recoge experiencias de «un creciente número de pueblos» que están apostando por la descentralización hasta el nivel local (en aras de la gobernanza de los recursos naturales). Porque, según el WRI, «cuando los pobres se ocupan del buen gobierno de los ecosistemas, crean las condiciones para una productividad superior, mayores ingresos ambientales para ellos mismos, y también beneficios que se extienden más allá de su entorno inmediato». ¿Por ejemplo? Aprovechando sosteniblemente los bosques, en vez de talarlos, y evitando así que con las lluvias y la erosión que sufre la tierra desnuda acaben sufriendo avalanchas de lodo e inundaciones los pueblos que se hallan aguas abajo.
Publicado por tabor @ 11:09  | Nuestra sociedad
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