domingo, 13 de mayo de 2007
NO A LA GUERRA

Texto elaborado por Francisco R. de Pascual a partir de la entrada “War” (PATRICK F. O’CONNEL) en la The Thomas Merton Encyclopedia, Orbis Books, Maryknoll, New York 2002.

En la introducción especial de su capítulo sobre la guerra en Nuevas Semillas de Contemplación, editada en octubre de 1961, en la edición del Catholic Worker, Thomas Merton declaró: "La única tarea impuesta por Dios para el mundo de hoy... es trabajar hacia la abolición total de la guerra" (Passion for Peace, 12). La importancia única atribuida a esta tarea no solamente nos indica del peligro crítico en que se encontraba el mundo a principios del 1960, pero también su convicción de que la oposición a la guerra, en particular la guerra nuclear, es la dimensión intrínseca de una auténticamente moral cristiana y vida espiritual. El fracaso de confrontar la cuestión de la guerra era para Merton la abdicación de la responsabilidad cristiana en la afirmación de la dignidad humana de cada persona y de amar al prójimo como a sí mismo.

La vida de Merton fue enmarcada por las guerras del siglo veinte. Nació en el sur de Francia "en el año de una gran guerra" (La montaña de los siete círculos). Su ingreso en la Abadía de Getsemaní coincide con la entrada de América en la segunda "gran guerra", en la cual su único hermano murió. El cadáver de Merton, según se sabe, fue trasladado por avión a América desde el Sudeste de Asia en compañía de militares muertos en una guerra a la que él se había opuesto tenazmente. Aunque sus más importantes escritos sobre la guerra vienen de los últimos ocho años de su vida, son fruto de una preocupación que preceden su conversión, preocupación que le llevó a inscribirse como objetor de conciencia como Católico al principio de la Segunda Guerra Mundial.

En los primeros escritos sobre la guerra enfatiza la noción de una responsabilidad personal por la creación de un tipo de sociedad inmoral que hace posible la guerra; no solamente son los alemanes "orgullosos, engreídos, violentos, pomposos, crueles, y cobardes", según Merton escribe en su diario, "debido a todas estas cosas en nuestros corazones, también conseguimos guerras y revoluciones por toda la tierra, y eso es lo que significa cuando decimos que las guerras son castigos del cielo sobre nosotros por nuestros pecados porque, si amaramos más a Dios y menos la violencia, no tendríamos guerras y revoluciones" (My Argument with the Gestapo; La Montaña de los Siete Círculos). Pero también reconoce los motivos económicos, políticos, e ideológicos para la guerra, y reflexiona que la oposición a la guerra sencillamente basándose en sus horrores o su devastación económica no es motivación suficientemente fuerte para preservar la paz.

En su única reflexión ampliada editada sobre la guerra, aparte de la de su autobiografía, en el periodo temprano de sus escritos, el capítulo "La raíz de la guerra es el temor”, en Semillas de Contemplación, Merton enfatiza que solamente el amor a Dios y la confianza en Él puede traernos la paz duradera, "porque solamente el amor -que significa humildad- puede expulsar el miedo que es la raíz de toda guerra" (Semillas de contemplación), y vuelve a enfatizar la dimensión de la responsabilidad moral personal en la oposición a la guerra: "En lugar de odiar a las personas que piensas que son los que hacen las guerras, odia los apetitos y el desorden en tu propio corazón, que son las causas de la guerra". Cuando vuelve al tópico de la guerra en Nuevas Semillas de Contemplación, doce años después, conserva muchas de sus antiguas ideas, pero son parte de un capítulo mucho más desarrollado que enfatiza también los mitos colectivos que pintan al enemigo como un demonio, así como la hipocresía, o al menos ceguera moral, que reconcilian el lema "rezar por la paz" escrita en el franqueo de los sellos con la "sumas fabulosas de dinero, planificación, energía, ansiedad y el cuidado que se da a la producción de las armas las cuales casi inmediatamente se vuelven obsoletas y se convierten en chatarra". Iinsiste en la importancia de rezar por la paz, rezar "no solamente porque los enemigos de mi país cesen las guerras, pero sobre todo que mi propio país cese de hacer las cosas que hace que la guerra sea inevitable". También señala la necesidad de trabajar por la paz, oponiéndose a la "ficciones e ilusiones" que refuerzan el estado moderno, sea comunista o capitalista.

Aunque la aparición de Nuevas Semillas de Contemplación marca la entrada de Merton al foro público, al menos por un tiempo, sobre cuestiones de guerra y paz, no hay señal de ningún cambio de dirección radical en sus convicciones sobre la guerra. Tan pronto como en abril de 1948 deploró la falta de denuncia de los teólogos contra la amenaza de la guerra nuclear, en una carta de marzo de 1955 dirigida a Erich Fromm escribió: "Me parece a mí que no existen circunstancias que confieran legitimidad a la guerra atómica. El axioma non sunt facienda mala ut eveniant bona (no se debe hacer un mal para conseguir un bien) es aplicable aquí más que nunca.... Por lo tanto, estoy completamente con Vd. sobre la cuestión de la guerra atómica. Me opongo a ella con toda la fuerza de mi conciencia". En aquel momento, sin embargo, pensó que como religioso ermitaño "fuera del mundo" no se le permitiría firmar la petición en contra de la guerra que Fromm le había enviado. Pero en octubre 1959 en su diario se hace la pregunta: "¿Cuántos Cristianos han tomado una postura seria y efectiva contra la guerra atómica?”. Y en julio de 1960 hace crítica de la complacencia americana e infidelidad a los valores profesados en conexión con la carrera armamentista y concluye: "Siento que debo elevar mi voz y decir algo, en público, y no sé por donde empezar. Y para cuando haya pasado por los censores habrá perdido la esencia de su significado".

No obstante, entre octubre 1961, cuando "The Root of War is Fear" apareció en el Catholic Worker, y septiembre 1962, cuando la colección de ensayos de varias personas reunidas por Merton y titulado Breakthrough to Peace fue editado, Merton llegó a "alzar [su] voz en público", hasta que los censores, o más bien el Abad General, silenció su voz, por un tiempo. En una serie de artículos editados durante este periodo y posteriormente, después que la prohibición fue levantada, tuvo al menos tres metas principales:

·
Publicado por tabor @ 20:43
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios