NO A LA GUERRA
Texto elaborado por Francisco R. de Pascual a partir de la entrada “War” (PATRICK F. O’CONNEL) en la The Thomas Merton Encyclopedia, Orbis Books, Maryknoll, New York 2002.
· Primero, se mantiene firmemente contra la guerra nuclear y la mentalidad que hace la guerra nuclear impensable. Él aplica los principios éticos tradicionales de la guerra justa a la amenaza actual de destrucción nuclear, y mantiene que la guerra nuclear no se puede moralmente justificar. Un primer ataque nuclear, argumenta, podría ser "claramente injusto y totalmente inaceptable para un moralista Cristiano", tanto porque inicia agresión y porque resultaría en la muerte o mutilación de millones de inocentes (Passion for Peace). Critica la idea de que la guerra total y la destrucción de la Unión Soviética es un "mal menor" que lo que es presentado como única alternativa, capitulación a la dominación comunista; además de disidente de este pensamiento simplista, Merton insiste que tal conclusión es de hecho una capitulación al ateísmo mucho más serio que el acaparamiento por los comunistas podría ser: "Aunque la finalidad sea buena no se es permitido hacer el mal. La guerra total no es más que un suicidio en masa". Si bien considera la posibilidad teórica de que un ataque nuclear como "contraofensiva" podría cumplir las normas de guerra justa, mantiene que en realidad semejante ataque casi seguro resultaría en bajas masivas de civiles e intensificarse hacia un aniquilamiento nuclear a gran escala, y por lo tanto, es moralmente inaceptable. Considera que la noción de la fuerza disuasiva nuclear es mayormente ilusoria, ya que por ello no se ha podido evitar numerosas guerras convencionales (Breakthrough to Peace), y la evolución de que un primer ataque pudiera destruir las armas del enemigo antes de que sean utilizadas por ellos, creando desestabilización y haciendo más problemática la disuasión. Merton recomienda "el rechazo de la fuerza disuasiva nuclear como base a una política internacional" y aumentando los esfuerzos para un desarme genuino.
· Segundo, mantiene que la guerra convencional es también moralmente inaceptable, tanto porque con regularidad infringe las normas de la justicia como porque en la edad moderna siempre va incluida la amenaza de una escalada hacia la destrucción en masas. En "Target Equals City" (un artículo que nunca se llegó a editar durante la vida de Merton debido a la censura) señala cómo en la Segunda Guerra Mundial la erosión gradual de las restricciones morales condujeron a actos de "terrorismo puro" tales como la destrucción por bombardeos y el uso de armas atómicas; a pesar de que dichas tácticas eran totalmente incompatibles con los principios morales tradicionalmente aceptados sobre las guerras, y que en la actualidad "la doctrina tradicional sobre la guerra justa ha sido tan profundamente modificada que es casi irreconocible" (Passion for Peace). Más tarde señala que la destrucción de Dresden en la Segunda Guerra Mundial, donde murieron más personas que las que murieron por la bomba atómica lanzada sobre Hiroshima y Nagasaki, es un ejemplo de la inmoralidad de las armas convencionales, y concluye: "Cualquier persona que participe de buena gana en la guerra moderna más tarde o temprano se verá comprometido en la cooperación de actos como estos" (Amar y vivir). En sus escritos posteriores sobre la inmoralidad del conflicto de Vietnam, protestaría contra lo que él llamaría "la incontenible atrocidad" de la política americana y comportamiento en este ejemplo concreto de la guerra "convencional" (Faith and Violence).
· Tercero, escribe para evitar tanto la mística de la guerra como la legitimidad a recurrir a la guerra como camino válido en respuesta a los conflictos sociales y políticos. Además escribe: "Solamente hay un ganador en la guerra, y ese ganador no es la justicia, ni la libertad, o la verdad Cristiana, es la guerra misma" (Passion for Peace). En una carta titulada "To a Statesman's Wife" (a Ethel Kennedy, editada en Semillas de Destrucción) enfatiza que la guerra en sí es el enemigo principal, y sugiere que tal es el problema debido a que la fachada de la moralidad es muchas veces "un frente del egoísmo organizado e irresponsabilidad sistemática". Posteriormente compara la guerra con una adicción, y concluye: "El hombre es tan adicto a la guerra que no ve la posibilidad de cómo salir de su adicción. Y sí no le puede hacer frente, la adicción le llevará a la ruina total" (Amar y vivir). En su prólogo en "Cold War Letters", en una edición privada, se pone al lado de los "Santo Padres, particularmente Pío XII y Juan XXIII, quienes repetidamente suplicaron la búsqueda de caminos racionales y de paz para la conclusión de las disputas, y quienes declararon contundentemente que recurrir sin reservas a la violencia destructiva en guerra total, nuclear o convencional es 'un pecado, una ofensa y una atrocidad' -Pío XII-" (Witness to Freedom).
Al tiempo que Breakthrough to Peace fue editado, se le prohibió a Merton seguir escribiendo más sobre el tema de la guerra, por motivo de que era inapropiado para la vocación de un monje. Acató a la prohibición, aunque en firme desacuerdo con "la creencia de un monje profundamente preocupado con el tema de la guerra nuclear alzando su voz en protesta contra la carrera armamentística, pudiera desprestigiar la vida monástica". Era evidente cuán lejos estaba la institución monástica de los temas decisivos de moral y espiritualidad del día.
Cuando la prohibición fue levantada y Semillas de Destrucción hizo su aparición en 1964, en la sección El Cristiano en un Mundo en Crisis se centró más hacia la creación de un clima de paz que en la moralidad de la guerra nuclear o convencional; pero Merton, extrayendo extensos párrafos de la Pacem in Terris de Juan XXIII, elabora el tema de lo que él llamaría la doble tarea del Cristiano en la lucha contra la dictadura totalitaria y la guerra, señalando que el primer aspecto no va simplemente dirigido contra el comunismo, sino “contra nuestras tendencias ocultas hacia el fascismo o la aberración total”; y, en segundo lugar, escribiría: “no solamente contra lo belicoso de la fuerza comunista, sino contra nuestra propia violencia, fanatismo y codicia” (Semillas de Destrucción).
En una de sus declaraciones más importantes sobre la guerra, la “open letter” (carta abierta) a los obispos americanos antes de la última sesión del Concilio Vaticano II, expresó su convicción que “el mundo moderno aún sigue creyendo en la guerra, desde las guerrillas hasta la total e incluso guerra nuclear, mientras que la guerra fría y la violencia por disuasión de amenaza, aparentemente continua con nosotros como elemento permanente de nuestra civilización” (Witness to Freedom). En la última versión de la Constitución sobre la Iglesia en el Mundo Moderno -Gaudium et Spes-, implora a los Cardenales que no recurran a las “distinciones de moral pura que pueda atribuirse de evasión o fariseimo”, evitando interpretaciones que permitiera el uso o incluso el uso amenazante de armas nucleares. Hace un llamamiento a “los obispos y al Concilio de testimoniar claramente y sin ninguna confusión la fe de la Iglesia en el poder del amor de salvar y transformar no solamente al individuo sino a la sociedad”... “declarando la opinión de la Iglesia sobre la guerra moderna a la luz del mensaje escatológico de salvación” más que fijarse simplemente en el contexto de las políticas de las grandes potencias. En su subsiguiente artículo Gaudium et Spes cita con aprobación “la condenación por el Concilio de la guerra total en el lenguaje más claro e inequívoco” (Amar y vivir) respaldando su llamada a “una actitud completamente nueva hacia la guerra” y su afirmación de que el hombre debe tomar seriamente y personalmente la obligación de responsabilizar a toda la raza humana a la abolición de la guerra”. Mientras que Merton reconoce que la lucha para desarrollar esta “actitud completamente nueva” había solamente comenzado, podría darle algo de alivio y satisfacción el hecho de que habiendo sido controversial en su propio caso, la cuestión evolucionó desde una postura oficialmente no permisible hace unos pocos años hasta convertirse en gran parte de la enseñanza oficial de la Iglesia católica.