El proceso de ampliación de las opciones de la gente y el nivel de bienestar que logran, se halla en el centro del concepto de desarrollo humano. Esas opciones no son ni finitas ni estáticas pero independientemente del nivel de desarrollo, las tres opciones esenciales de la gente son: vivir una vida larga y saludable, adquirir conocimientos y tener acceso a los recursos necesarios para tener un nivel decente de vida. El desarrollo humano no concluye ahí, otras opciones a las que muchas personas asignan gran valor, van desde la libertad política, económica y social hasta las oportunidades para tener una vida creativa y productiva y disfrutar del respeto por sí mismo y de la garantía de los derechos humanos.
Claramente el ingreso es sólo una opción que la gente desearía tener, aunque es importante no es todo en su vida. El ingreso es también un medio, y el fin es el desarrollo humano.
Desde el punto de vista económico se define al desarrollo como la "fase de la evolución de un país, caracterizada por el aumento de la renta nacional por habitante". El desarrollo es el proceso hacia el bienestar.
Con estas anotaciones, el desarrollo se comprende como un crecimiento hacia el mejoramiento del nivel de vida, o bienestar de los seres humanos. Este concepto es un término que en estas últimas décadas ha sido bastante utilizado, no solo en los medios políticos y económicos de casi todos los países del centro o industrializados, sino también en América Latina o países denominados pobres, subdesarrollados o tercer mundistas-, para los cuales este concepto se ha convertido en un término de manejo común.
Características del Desarrollo Humano
A partir de estas características surge la clasificación muy conocida por la cual existen países desarrollados y otros que serían subdesarrollados o tercer mundistas, es decir, aquellos que no cumplen con las características del desarrollo.
Factores e indicadores del Desarrollo Humano
Salud y El Ambiente
Grandes riesgos para la salud originados en el ambiente escapan a las posibilidades de control de los países debido a su carácter trasnacional; cabe incluir aquí a los factores de riesgo transportados a través de las fronteras por el aire o el agua (contaminantes ácidos y radiactivos), los movimientos de personas y bienes (cólera, alimentos contaminados, drogas ilegales) y la exportación no controlada de desechos peligrosos. Muchos países de la Región comparten recursos y situaciones problemáticas en sus zonas fronterizas, y todos hacen su aporte a los grandes cambios a nivel de todo el planeta (cambios que, a su vez, les plantean amenazas a largo plazo), como la acumulación de gases causantes del efecto de invernadero, la reducción de la capa de ozono de la estratosfera, la destrucción de especies, y los efectos resultantes como los cambios climáticos, las modalidades reproductivas de los vectores y la pérdida de tierras y recursos hídricos.
Estudios de la Organización Mundial de la Salud - OMS- y de la Organización Panamericana de la Salud -OPS- han establecido que pocos países de la Región cuentan con los recursos informativos, científicos, humanos, financieros a institucionales que se necesitan para analizar y promover en forma adecuada las inquietudes de salud y ambiente en la toma de decisiones de desarrollo. Asimismo, carecen de posibilidades para facilitar controles adecuados sobre un número creciente de problemas cada vez más complejos.
Dichos estudios examinaron la disponibilidad de recursos tangibles, además de requisitos tales como las leyes, los mecanismos intersectoriales, las delegaciones funcionales de autoridad a los gobiernos municipales y la posibilidad de hacer cumplir las normas y los reglamentos. Uno de los descubrimientos de importancia crítica que se hicieron fue el de la incapacidad efectiva de casi todas las autoridades de salud nacionales para participar en el análisis y el control de los problemas de salud y ambiente a nivel sectorial o intersectorial.
Tasa de Mortalidad
Tal vez, el acceso obvio al sistema de relaciones sobre el que se sostiene el desarrollo humano sea el que corresponde a la información sobre mortalidad por cuanto se trata de mediciones que resumen la incidencia directa o indirecta de factores de morbilidad vale decir, de salud y, en consecuencia de aspectos relativos al desarrollo humano. Precisamente, los valores de la esperanza de vida forman parte de los cálculos del índice de desarrollo humano y el examen de las cifras puede extenderse a la consideración complementaria de la mortalidad infantil
Si bien en cada oportunidad no estamos calculando la esperanza de vida al nacer como una medida resultante de tomar en cuenta los valores de la mortalidad exhibidos en el pasado por varias generaciones a través del tiempo, el resultado, de manera implícita, nos remite a un valor esperado en el futuro a partir del supuesto de que las tasas de mortalidad de las distintas generaciones que conviven en una población se mantendrán como las observadas en el año específico de la medición o registro. Más aún cuando hablamos de mortalidad resumida, tal circunstancia remite a la consideración de la incidencia de las variaciones periódicas acumuladas de la situación de la salud. Ello es, precisamente, la esencia del seguimiento de la evolución del desarrollo humano en un país.
Lo anterior es consistente con la evolución seguida por la mortalidad infantil cuyas modificaciones pueden tomarse como indicadores de los cambios puntuales o coyunturales de aquellos aspectos del entorno que definen lo que, por fuerza del valor generalizador, se denomina "condiciones de vida". Un escrutinio más detallado nos conduce a focalizar las funciones de cambio en el alcance e incidencia de la atención y eficacia de las instituciones médico-sanitarias en el contexto de las condiciones generales de vida de la población. Por ello, las variaciones en las tasas de mortalidad infantil suelen tomarse como una señal razonable de las modificaciones que se producen en las condiciones de vida de una población, así como de la incidencia e impacto de las instituciones médico-sanitarias sobre la salud promedio de la población, particularmente de aquel sub-conjunto del colectivo integrado por la población materno infantil. No es posible disociar la dinámica de la mortalidad infantil de la forma como manifiestan las condiciones de vida en las madres y de la cantidad y calidad de su acceso a la atención que brindan las instituciones médico sanitarias.
Se trata de un complicado balance entre condiciones de vida y funcionamiento de la atención médico-sanitaria, o para decirlo en términos filosóficos, entre el todo y una de sus partes. En el caso de la población materno infantil, esta relación se torna altamente sensible a sus cambios y se refleja en mayor o menor grado en los resultados de la mortalidad infantil. Más aún, cuando analizamos la situación en términos diacrónicos y sincrónicos, el resultado se expresa, como una situación de síntesis, en la esperanza de vida al nacer. Tal ha sido el recorrido histórico en el medio siglo que separa 1940 de 1990.
Lo expresado hasta ahora pretende marcar las importantes diferencias cualitativas que se han configurado en los niveles y patrones de la mortalidad tanto general como infantil en el transcurso de los últimos cuarenta o cincuenta años. Las consecuencias lógicas que, en materia de política sanitaria se desprenden, serían materia para otros debates que trascienden, a pesar de su estrecha relación, los asuntos que se abordan en este documento, a saber, la lectura del desarrollo humano a partir de las mediciones demográficas.
Vinculación desarrollo y educación
La consideración del desarrollo humano (entendido como un proceso de aprendizaje y de aplicación de lo aprendido para mejorar la calidad de vida) como el eje de todo proceso de crecimiento, ha puesto de manifiesto la necesaria vinculación entre desarrollo y educación.
Desde que en los inicios de los años sesenta se acuñara el término «capital humano» como la capacidad productiva del individuo incrementada por factores como la educación, la teoría económica ha buscado evidencia empírica sobre la relación entre educación y crecimiento económico.
Los resultados logrados por las investigaciones son ambiguos. Los que niegan cualquier tipo de relación se apoyan en ejemplos como el sueco o la paradigmática primera revolución industrial británica para aducir que el desarrollo se produjo sin necesitar apenas de la educación formal. En el extremo opuesto se sitúan los que enfatizan el caso alemán en el siglo XIX o el modelo japonés más reciente, caracterizados ambos por el impulso decidido a la educación como elemento clave para el desarrollo económico.
Ello es así porque la relación entre educación y desarrollo es compleja y se ve afectada por muchos factores, tanto endógenos como exógenos. Su importancia no se ha podido verificar ni medir con exactitud, pero, como ya se señaló previamente, existe un notable grado de acuerdo en resaltar, como ya lo hiciera la Conferencia Mundial sobre Educación de 1990, que la educación es condición indispensable, aunque no suficiente, para el desarrollo económico, social y cultural.
En consecuencia, existe un acuerdo generalizado en considerar que cuando existe una estructura social que permite la movilidad ascendente y un contexto económico favorable, la educación produce un capital humano más rico y variado y reduce las desigualdades sociales, endémicas en los países no desarrollados. Una política educativa puede, por lo tanto, convertirse en fuerza impulsora del desarrollo económico y social cuando forma parte de una política general de desarrollo y cuando ambas son puestas en práctica en un marco nacional e internacional propicio.
Por lo tanto, para que la educación pueda cumplir ese papel clave, es necesario vincularla a las políticas de desarrollo. Es imprescindible tomar decisiones sobre el desarrollo socio-económico que se desea impulsar, sobre el tipo de sociedad que se quiere construir y, consecuentemente, sobre qué educación promover. La educación puede ser hoy la llave para un nuevo tipo de desarrollo, basado en una concepción revisada del lugar que ocupa el hombre en la naturaleza, y en un fuerte sentido de la solidaridad.
Al margen de las conclusiones elaboradas por la doctrina económica sobre la vinculación entre educación y desarrollo, es indudable que, si se parte como hemos hecho previamente, de una consideración global y sistémica del desarrollo, la educación se convierte en el eje vertebrador de cualquier política de desarrollo. Y ello es así por distintas razones.
La educación es, por lo tanto, un factor decisivo para la socialización de los jóvenes para la transmisión de los valores relacionados con la ciudadanía, la democracia, la solidaridad y la tolerancia. Constituye también un elemento vital para facilitar la participación activa de todos los ciudadanos en la sociedad y para la integración en el interior de cada país de los excluidos de los beneficios del desarrollo. La educación conduce a la creatividad individual y mejora la participación en la vida social, económica, cultural y política de la sociedad.
Vivimos en una época de enormes transformaciones sociales, debidas en gran medida al desarrollo científico-técnico. La sociedad del conocimiento, como es definida actualmente, se caracteriza por el papel que juegan la ciencia y la tecnología en el desarrollo socio-económico, hasta el punto de considerarse que están abocadas a sustituir al factor capital en las relaciones de producción, por constituir el principal recurso productor de riqueza. Un país que desee ser verdaderamente independiente debe garantizar a todos sus ciudadanos la oportunidad de adquirir conocimientos sobre la ciencia y la tecnología, debe fomentar la capacidad de dar a ambas un uso apropiado y de desarrollarlas para satisfacer necesidades colectivas.
La educación debe preparar a las generaciones futuras para hacer frente a los problemas que plantean los progresos de la ciencia y la tecnología y para determinar qué aplicaciones serán beneficiosas y cuáles pueden ser nocivas. Asimismo, debe propiciar una «alfabetización científica» de toda la población, con el fin de formar ciudadanas y ciudadanos críticos y capaces de examinar la naturaleza de la ciencia y la tecnología como actividades humanas encaminadas al desarrollo individual y colectivo.
Por último, habría que señalar que la educación, además de su valor económico, constituye un derecho social, por lo que no se deben olvidar las dificultades y los logros que ha supuesto su universalización y consagración como tal derecho. En la actualidad debe responder a nuevas exigencias y a retos renovados, ya que no basta con asegurar un cierto nivel de educación a todos los ciudadanos, ni su consideración como un proceso que termina a cierta edad. Hoy los poderes públicos deben potenciar una educación que dure toda la vida, ya que ninguna nación puede aspirar a la competitividad sin aprovechar el potencial del recurso más valioso: su capital humano.
La Fuerza de Trabajo - Salario y desarrollo humano -
El salario, devenido ingreso familiar, es la llave que da acceso a la mayor parte de los bienes materiales, culturales y espirituales que permiten el desarrollo humano. Con salario se adquieren alimentos que (según su cantidad y calidad) permiten mejores desarrollos antropométricos de las generaciones que siguen. Con salarios se adquiere hábitat que posibilita un crecimiento espiritualmente equilibrado de las familias y su descendencia. Con salarios se accede a la mejor cultura, a la salud de excelencia, en fin, a todos aquellos bienes tangibles o intangibles que permiten que una generación no reproduzca la calidad de vida de la anterior, sino que la mejore, elevando así su capacidad de aportar al producto social.
Ello en cuanto salario directo, fruto del contrato laboral. Pero a nadie escapa que en las sociedades modernas adquieren no menor importancia las formas indirectas del salario, mediadas por la acción del Estado y sus políticas fiscales y de servicios públicos; esto es, las retribuciones que operan fuera del mercado (salud y educación públicas, iniciativas culturales estatales, transporte y comunicaciones subsidiados, etc.).
Es claro que el conjunto de recursos conformado por el salario directo y sus formas indirectas, su cuantía (nivel del ingreso familiar y del gasto público promedio), son determinantes esenciales del desarrollo humano. Pero aquí nos vemos obligados a incursionar en el terreno de lo normativo.
Presupuestos familiares sesgados por la publicidad y la presión de los mass media hacia un consumismo poco generador de capacidades personales y de desarrollo del talento y la creatividad, sólo pueden dar lugar a enormes derroches de recursos disponibles para el desarrollo humano. Igualmente, una asignación descuidada de recursos públicos, y/o vicios perversos del burocratismo, como clientelismo, corrupción, etc., pueden también conducir a una enorme ineficacia en la aplicación de recursos en el proceso de reproducción y crecimiento de las calidades personales y colectivas de la sociedad.
De lo anterior se deduce que -cuanto menos- existen cuatro aspectos de decisiva importancia en la determinación del ritmo y calidad del desarrollo humano al que una sociedad puede aspirar:
El monto promedio de los salarios reales: ¿Con qué recursos propios cuentan las familias?.
Los hábitos y pautas de consumo de las familias, así como su mayor o menor eficacia en el uso de los recursos provistos por el salario directo de sus miembros: ¿Cómo se gastan esos recursos?
El monto promedio de los "salarios indirectos": ¿Cuánto gasto público por ciudadano dispone la sociedad en cuestión?
La eficiencia y los criterios que adopte el Estado para asignar ese gasto: ¿Cuál es la composición del gasto público?
Desarrollo Tecnológico
El siglo XXI ha comenzado bajo el signo de la globalización tecno-económica. Sin embargo, 6000 millones de seres humanos globalizados comparten un mundo en el que conviven un acelerado desarrollo científico-tecnológico con la acentuación de las diferencias en la distribución de la riqueza y el conocimiento. En el último tercio del siglo XX hemos asistido a importante transformaciones económicas y sociales impulsadas por el auge de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC). Internet, que a comienzo de la década de los 90 era una herramienta especializada al servicio de los científicos, con menos de cien mil usuarios en 1988, ha sido el instrumento de comunicación de crecimiento más rápido que ha existido, con 360 millones de usuarios en enero de 2001
El informe 1999 del Plan de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD, 1999), dedica lo siguiente:
Cambios contradictorios. Las nuevas posibilidades de comunicación dan lugar a cambios contradictorios, que pueden mostrar tanto facetas positivas como negativas. Las TIC descentralizan la actividad de las empresas multinacionales, permitiéndoles llevar a cabo actividades que quedan fuera del control de las legislaciones nacionales, pero también pueden permitir que las pymes entren en sectores especializados del mercado mundial. La globalización económica, soportada por las TIC, parece imponer una homogeneización cultural -liderada por unas pocas empresas que controlan la industria del ocio y la comunicación- acompañada de la fragmentación de los otros discursos; pero la Red ha permitido igualmente que se alcen voces distintas y que lleguen mensajes que antes no se escuchaban, convirtiéndose en un instrumento de vertebración y de integración social para personas distantes geográficamente, que han pasado a formar comunidades con capacidad de presión política.
La información no lo es todo. La creación de redes de salud y de asistencia para el aprendizaje a distancia son aplicaciones que pueden atacar dos de los problemas más graves de los países empobrecidos: la educación y la salud. Ahora bien, no basta con un ordenador para recibir la información, es necesaria una infraestructura de comunicaciones que lleve la información al lugar preciso. Es también necesario disponer tanto de una buena gestión para que esa tecnología funcione, como del personal sanitario y de los profesores para dar el servicio sanitario o educativo adecuado.
Por otra parte, hay muchos aspectos del desarrollo humano que no cubren las TIC: "La información no es sino una de muchas necesidades. El correo electrónico no pude reemplazar a las vacunas y los satélites no pueden suministrar agua limpia".
Nuevas posibilidades para el empoderamiento. El informe cita varios agentes que pueden beneficiarse del potencial de las TIC: las ONGDs, que pueden alzar su voz y hacer llegar su mensaje a más personas; las pequeñas empresas de países empobrecidos, que pueden encontrar posibilidades para entrar en nuevos mercados -como el del procesamiento del datos- con capacidad de competir; los propios gobiernos, que pueden tener acceso a conocimientos especializados para aumentar su poder de negociación; y los especialistas que tenían difícil acceso a información científica, que pueden crear redes de colaboración y conocer los avances en su campo.
La "alta sociedad" de las redes. El PNUD muestra claramente cuál es la situación real del acceso estas tecnologías: sólo un cuarto de los países del mundo llegan al "acceso básico" a las telecomunicaciones -que consiste en tener un teléfono por cada cien personas: una tele densidad de uno- mientras que los países industrializados, con un 15% de la población, tenían en 1998 el 88% de los usuarios de Internet. El usuario típico de Internet es un hombre de menos de 35 años, con educación universitaria, conocimiento del inglés, ingresos elevados y residencia en una zona urbana. Es decir, pertenece hoy en día a una elite mundial. El riesgo existe, estas tecnologías pueden dividir y polarizar aún más a las sociedades, pueden crear un nuevo tipo de exclusión: la que separaría a los conectados de los no-conectados. En países en donde la polarización de la sociedad ya es muy alta entre los que tienen y los que no tienen, los que reciben una buena educación y los que no, el reto es trabajar por que las TIC no empeoren esta situación, sino por que ayuden a aliviarla.
Caminando por el sendero correcto. La creencia dominante es que el mercado, articulado en torno a una industria rentable, favorecerá una conexión cada vez más universal. Sin embargo, el mercado solo funcionará en favor de los que puedan pagar su acceso a la sociedad de las redes. Urge, por tanto, trabajar con objetivos claros dirigidos hacía un desarrollo humano realista. Entre ellos: adaptar con creatividad la tecnología a las necesidades y limitaciones locales, crear contenidos de interés local -dando espacio a la diversidad cultural- gestionar las normativas en torno a Internet atendiendo también a los intereses de los países menos poderos -y no sólo a los de los EEUU o la UE- y dotar de acceso a las comunidades donde no sea viable pensar en la conexión casa por casa.