viernes, 22 de mayo de 2009
A partir del siglo VII a de C. , la expresión "Pueblo de pobres",califica siempre a ese Resto, dándole -hasta el advenimiento de Cristo- una característica especial. El profeta Sofonías, cuyos escritos datan aproximadamente de los años 640 a 630, identifica por primera vez al pueblo del futuro como un pueblo de "pobres":
En aquel día:
No te avergonzarás ya de las rebeliones
con que te alzaste contra mi,
porque yo arrancaré de tu seno
a tus fanfarrones jactanciosos
y dejarás de ensoberbecerte
sobre mi santo cerro.
Dejaré en tu seno como resto
un pueblo pobre (ani) y humilde (dal),
que buscará refugio sólo en Yavé.
El Resto de Israel no cometerá iniquidad,
no dirá mentira,
ni tendrá en su boca lengua mendaz.
Se apacentarán y dormirán
sin que nadie los inquiete (Sof 3, 11-l3).
Sofonías fue testigo de la primera gran humillación de Judá. A fines del siglo VII, su territorio había sido reducido a la mitad por los asirios, como consecuencia de las conquistas de Senaquerib, y sólo un milagro evitó la caída de Jerusalén (Is 37, 30-38). La situación del pueblo escogido, bajo la tutela de Asur, no podía ser más precaria. Es posible que fuera ese estado de humillación el que condujera al profeta a elegir el vocabulario expresivo que forma la base de su síntesis espiritual. El pauperismo, endémico en Israel, había atraído la caritativa piedad del Deuteronomio y de los profetas. Amós se pronuncia en favor de los pobres (ani, anau) y de los desvalidos (dal) (Am 2, 6-7). Sofonías insiste, pero en un sentido distinto, de esas mismas palabras: además de expresar el fracaso, tienen también un sentido de invocación. Hay que hacerse "pobre" ante Dios, lo mismo que se es pobre ante Asur. Esto consiste en eliminar toda forma de orgullo. Como discípulo de Isaías, el profeta sabe que la esencia del pecado es la soberbia (Is 2, 6ss) e induce a sus contemporáneos a esa "pobreza" espiritual, que es la fe, y que se manifiesta en un sentido de abandono, de humildad y de confianza absoluta:
Buscad a Yavé,
vosotros, los pobres (anauim) de la tierra,
que cumplís su Ley;
Buscad la justicia,
buscad la pobreza (anauah),
y tal vez quedéis al abrigo
el día de la ira de Yavé (Sof 2, 3).
El profeta tiene ya ante sus ojos un grupo indiscutiblemente fiel, cuyo fervor alienta él cada vez más. El término con el que los designa, suena aproximadamente como muslim (musulmán: hombre sometido totalmente a Dios). La idea de pobreza se explica inmediatamente por la de la justicia (sedek), dado que la religión, en el Antiguo Testamento, se presentaba generalmente como un sistema de derechos y deberes.
El oráculo de Sofonías que hemos leído en primer lugar, anuncia la realización futura del ideal que empieza a vivirse en torno a él y gracias a sus exhortaciones. Su expresión es muy rica en contenido: la "pobreza" se opone al orgullo (gaíja, gabah) como una actitud espiritual auténtica (Sof 3, 11). Este comportamiento fundamental lleva consigo la rectitud de la vida moral (Sof 3, 13). En definitiva, el sentido de la Alianza es lo que determina el verdadero vocabulario de la pobreza y de la justicia: el "Resto" de Israel es el "pueblo" del futuro, al cual se dirigen las promesas mesiánicas de seguridad y de abundancia (Sof 3, 13c). Esta última afirmación es contraria a las exégesis que, en esta materia, dan al vocabulario de la pobreza un sentido puramente sociológico, pues evidentemente Israel no es un pueblo de indigentes.
Sofonías, secundario por el número de sus vaticinios, se nos muestra como un genio religioso, cuya síntesis ha pesado considerablemente en la marcha de la historia.

Publicado por Desconocido @ 10:31  | Voz de los profetas A.T.
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