viernes, 18 de diciembre de 2009

 

  • Introducción:

En este tema se plantea si es posible enseñar a alguien a ser bueno, justo, etc., o si por el contrario tiene que salir de cada uno.

El ser humano tiene la capacidad de modelar el carácter con el que nace.

Mucha gente considera que lo mejor que se puede hacer por los jóvenes y niños es enseñarles habilidades, sean técnicas, sean sociales.

Esto a veces lleva a la transformación del hombre en “hombre masa”.

Hombre masa: Hombre totalmente incapaz de diseñar proyectos de futuro, que siempre corre el riesgo de dejarse domesticar por cualquiera que le someta con una ideología fuerte, que ha perdido la posibilidad de gozar de la lectura, la música, las artes plásticas y todas esas creaciones propias del Homo sapiens, más que del Homo faber.

Al aprendizaje de las humanidades se le dedica mucho menos esfuerzos que al de otras disciplinas.

También cobra mucha importancia el enseñar a los niños las habilidades sociales.

Hay que plantearse la pregunta de si nos interesa vivir moralmente como sociedad y si nos importa de verdad transmitir a los niños una moralidad humanizadora, o la moral nos parece un objeto de adorno para las declaraciones públicas.

En la educación de los niños cada vez pierden más importancia la familia y la escuela, y la televisión y los amigos son los destinatarios de esa labor.

Los niños hacen más caso a lo que dicen los amigos y la tele que a lo que dicen sus padres.

La publicidad nos manipula, pues, aunque no nos demos cuenta, todos queremos ir a la moda para ser aceptados en la sociedad. Se defiende el derecho a la diferencia, pero cada vez más, tendemos a hacer todos lo mismo.

Se puede considerar entonces a los amigos y a la tele como tiranías en materia de educación, ya que los niños obedecen ciegamente a lo que estos dicen.

Hay gente que se pregunta por qué se opta por educar en unos valores y no en otros, qué razones nos asisten para elegir a la hora de educar unos valores y unas actitudes en vez de otros.

La filosofía es quien se encarga de fundamentar esos valores.

Hay personas que opinan que los valores no deben transmitirse, sino que cada uno ha de formarse los suyos.

Para aclarar esto vamos a decir qué hace falta para la realización de los hombres con tres acepciones de lo moral:

1. - Lo moral puede entenderse como la formación del carácter individual, que lleva a los individuos a adoptar ante la vida un estado de ánimo determinado.

2. - La moral tiene una dimensión comunitaria. Un individuo se socializa y aprende a vivir unos valores en el ámbito de una comunidad, que se nutre culturalmente de un entrecruzamiento de tradiciones. Los valores y normas de las respectivas tradiciones cristalizan en costumbres, normas legales e instituciones.

Una educación integral tiene, pues, que tener en cuenta la dimensión comunitaria de la persona, su proyecto personal, y también su capacidad de universalización.

3. - El individuo es capaz de distinguir las normas comunitarias convencionales, de los principios universalistas, que le permiten criticar incluso las normas de su comunidad.

  • Opinión de la autora:

Todos debemos recibir educación moral, pero más los niños y adolescentes, pues estos no tienen aún la moral plenamente formada y su personalidad es modificable.

Los seres humanos tenemos la capacidad de modelar el carácter con que nacemos. Debemos así adquirir hábitos buenos (virtudes) y renunciar a los malos (vicios).

Para ser más felices en conjunto, tenemos que ser buenos los unos con los otros, pero es muy difícil enseñarle eso a un niño, ya que el ejemplo que recibe todos los días no es precisamente ideal para una educación en valores.

Mucha gente considera más importante la enseñanza de las habilidades técnicas y sociales que la enseñanza moral, ya que piensan que de esta última no se puede sacar nada productivo.

Al no ser educada moralmente la sociedad, se corre el riesgo de que sus ciudadanos se conviertan en “hombres masa”.

A un niño desde pequeño se le van enseñando también habilidades sociales. Se les enseña a catalogar a todos sus compañeros desde la perspectiva de sus posibilidades sociales.

Apreciar para la cida sólo las habilidades técnicas y las sociales implica no haber salido del vasallaje moral.

La televisión y los amigos están comenzando a ejercer una tiranía en el tema de la educación, pues son estos los que educan a los niños, futuros adultos ciudadanos del mundo.

Cuando se ha de educar en valores en los colegios e institutos, muchos profesores se preguntan por qué hay que educar en unos valores y no en otros. La filosofía se encarga de resolver esa duda, fundamentando por qué se han elegido esos valores para educar en ellos a los miembros de una sociedad.

Hay personas que defienden que las personas no deben ser educadas en valores morales, sino que ellas mismas deben formar su propia escala de valores. Según la autora esas personas están equivocadas, pues a lo largo de muchos años de historia, la humanidad ha llegado a la conclusión de que unos valores son moralmente correctos y otros no. Igual que a lo largo de los siglos se han descubierto fórmulas matemáticas que son transmitidas por parte de la educación, y no se deja que cada uno vuelva a descubrirlas, lo mismo pasa con los valores.

“Una sociedad pluralista puede y debe transmitir a través de la educación los valores de que hablamos en el capítulo anterior, y no para crear “buenos ciudadanos”, no para formar generaciones domesticadas.” (p.127)

Es preciso enseñar a las futuras generaciones que las personas no son medios, sino fines en sí mismas, como muestran las siguientes citas:

“Obra de tal modo que trates a la humanidad, tanto entu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca sólo como un medio.”(p.130)

“Obra de tal modo que la máxima de tu acción pueda formar parte de una legislación universal en un univeral Reino de los Fines”(p.130)

Para acabar de formar nuestra moral hay que asumir una actitud dialógica.

Se tiene que enseñar a los individuos a fomentar la autoestima.

El ser humano siempre pertenece a una comunidad de comunicación, y aprende de ella y en ella.

Las éticas universalistas están enraizadas en tradiciones.

Principios y tradiciones no están contrapuestos.


Publicado por Desconocido @ 10:53  | Reflexiones doctrinales.
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