Introducción:
Algunas personas están a favor del monismo moral, es decir, de que en una sociedad impere un único código moral impuesto, ya que opinan que si hay diversidad de opiniones no se puede construir una sociedad.
Otros piensan todo lo contrario: que cada uno debe pensar como quiere, pero sin influir para nada ni ser influido por los demás. Hay que respetar las demás opiniones, pero cada cual debe ir a lo suyo. Esto se llama politeísmo moral, y defiende que, en cuestiones de moral, no se puede llegar a ningún acuerdo universal si no es de forma casual.
El pluralismo moral defiende que cada persona debe tener unos ideales diferentes de la buena vida, pero que, sin embargo, todos debemos compartir unas opiniones iguales sobre lo que es justo, aunque no ya sobre lo que es bueno.
Esas opiniones compartidas es lo que llamamos mínimos de justicia.
Las éticas de mínimos son aquellas que pretenden conseguir esos mínimos universalizables para todos los habitantes del planeta. La ética cívica es una ética de mínimos.
Las éticas de máximos nos aconsejan qué caminos seguir para alcanzar la felicidad. Las éticas de las religiones son éticas de máximos.
Características:
Éticas de mínimos Éticas de máximos
Ética de la justicia Ética de la felicidad
Lo justo Lo bueno
Razón práctica Prudencia
Normas Consejos
Exigencia Invitación
Características de los mínimos:
Los mínimos del respeto a unos derechos, el aprecio a unos valores y la estima de una actitud dialógica ya son compartidos en las sociedades con democracia liberal.
Estos mínimos no están establecidos mediante un pacto, sino que se ha llegado a ellos mediante un acuerdo, dialogando.
Los mínimos de justicia pueden resumirse en los valores de libertad, igualdad y solidaridad.
Los derechos humanos se encargan de proteger esos mínimos.
Los derechos humanos de primera generación son los derechos civiles y políticos, que consisten principalmente en el derecho a la vida, a pensar y expresarse libremente, a reunirse con quien desee y a moverse por donde quiera. Estos más que derechos son libertades, y son necesarios en cualquier sociedad.
La segunda generación de derechos es la de los derechos económicos, sociales y culturales.
También hay una tercera generación de derechos humanos, que considera que toda persona tiene derecho a vivir en un medio ambiente sano, no contaminado de polución y de ruido, y el derecho a nacer y vivir en una sociedad en paz.
La primera generación tiene como valor guía la libertad, la segunda, la igualdad y la tercera, la solidaridad.
Estos valores dan sentido a las instituciones democráticas.
Opinión de la autora:
En el libro está presente continuamente la opinión de la autora, al tratarse de un ensayo, así que lo que cuente a partir de ahora es sobreentendido como la opinión de Adela Cortina, aunque no esté implícito.
Sobre el monismo moral, primera cuestión que hemos abordado, la autora piensa que no es una solución tan drástica la que hay que dar al multiculturalismo, sino que cada persona debe tener un ideal de felicidad diferente, y no se debe imponer el mismo ideal a todo el mundo, ya que esto puede generar una actitud de pasividad por parte de los ciudadanos.
El politeísmo moral tampoco es solución a nada, ya que, aunque cada persona piense de una manera diferente, y tenga entendidas por buenas unas cosas distintas, hay cuestiones morales que todo el mundo sabe que son correctas, por mucho que en otras cosas difieran. Todos sabemos lo que es justo y lo que no lo es.
La mejor solución es crear una sociedad pluralista, donde cada persona piense de una manera diferente, pero donde haya unos mínimos de justicia compartidos por todos los ciudadanos, pues está claro que las personas no son medios, sino fines en sí mismas, y eso no es discutible.
La convivencia pacífica entre ciudadanos es posible, e incluso fecunda, siempre que compartan la convicción de que todos los seres humanos merecen igual respeto y consideración, y que están perfectamente legitimados para desarrollar sus planes de vida, siempre que permitan a los demás actuar de igual modo.
Hay que saber distinguir entre lo justo y lo bueno, es decir, entre las exigencias de justicia y las invitaciones de felicidad.
“Las cuestiones de justicia se nos presentan como exigencias a las que debemos dar satisfacción, si no queremos quedar por debajo de los mínimos morales, mientras que los ideales de felicidad nos atraen, nos invitan, pero no son exigibles.”(p.55)
Las cosas que nos hacen felices es algo subjetivo a cada uno, pero lo que es o no es justo es algo objetivo.
En el terreno de la justicia tiene sentido exigir a alguien que se atenga a los mínimos que ella pide, y considerarle inmoral si no los alcanza. Éste no es el ámbito de los consejos, sino de las normas.
Respecto a los derechos humanos, un estado social está obligado a, como exigencia de justicia, a satisfacer los derechos económicos, sociales y culturales de sus ciudadanos.
Los derechos humanos hay que considerarlos como concreción de los valores que componen la ética cívica, porque son estos valores los que dan sentido compartido a la existencia de instituciones democráticas.
Una cita de Kant que se incluye en el libro es la siguiente:
“Nadie me puede obligar a ser feliz a su modo (tal como él se imagina el bienestar de otros hombres), sino que es lícito a cada uno buscar su felicidad por el camino que mejor le parezca, siempre y cuando no perjudique la libertad de los demás para pretender un fin semejante” (I.Kant, Gemeinspruch, VIII,p.290) (p.108)
Esta cita explica que los máximos de felicidad no pueden ser impuesto, pues son muy subjetivos, que cada uno debe forjarse su felicidad, pero respetando siempre la libertad ajena.