Viernes, 18 de diciembre de 2009
  • Introducción:

Algunos creyentes quieren averiguar si su fe les permite convivir con éticas no creyentes, o no es bueno que lo hagan porque la fe no puede compartir nada con otras instancias.

Existen tres tipos de ética:

1. - Ética religiosa: Es una ética que apela a Dios expresamente para orientar nuestro hacer personal y comunitario. Si ese Dios es Jesucristo, se trata de una ética cristiana. Las éticas religiosas son éticas de máximos, no de mínimos.

Algunas personas buscan imponer una ética religiosa, por ejemplo, el cristianismo, porque la creen buena para todo el mundo.

2. - Ética laicista: Es lo contrario de la ética creyente, ya que piensa que para la realización de los hombres es nocivo tener un referente religioso, y trata de eliminar este de la vida de las personas.

Esto sucede porque, a lo largo de la historia, el evangelio ha sido manipulado varias veces. A veces la iglesia ha intentado monopolizar lo moral, y ha rechazado a todas las personas que no pertenecían a ella.

Una ética laicista propone eliminar la religión como un paso para la realización de los hombres, ya que la considera una fuente de desmoralización, y piensa que para que exista el pluralismo moral hace falta deshacerse, tarde o temprano, de las éticas religiosas.

3. - Ética laica: Es aquella que no hace ninguna referencia a Dios ni para tomar su palabra como orientación ni para rechazarla.

La ética cívica es una ética laica. Admite que en la realización de las personas hay unos mínimos compartidos y unos máximos de felicidad que ella no puede ofrecer, así que se trata de una ética de mínimos.

En una ética cívica podemos hablar de pluralismo, ya que los mínimos se comparten y a los máximos se adhiere aquel al que le convence algo, pero no por imposición.

Algunos países que profesan una ética laicista la hacen llamar laica, lo que puede dar lugar a confusiones.

Una ética creyente puede degenerar en fideísmo y una ética laicista es un laicismo.

La ética religiosa puede degenerar en fideísmo. Esto ocurre cuando acaba afirmando que si alguien no cree en Dios no puede profesar moral alguna.

Una ética laicista es un laicismo intolerante, pues piensa que la persona creyente no es una persona normal, sino a un enfermo al que hay que aguantar.

  • Opinión de la autora:

La ética cívica es una ética desde la que los ciudadanos del mundo podemos unirnos para construir un mundo más humano.

Algunos creyentes dudan de si deben relacionarse con otros tipos de éticas porque tienen miedo de contaminarse. Creen que la especificidad significa exclusividad.

Según la autora, recurrir a un referente religioso buscando orientación no significa apelar a algo o a alguien externo a nosotros, sino percibir la voz de Dios a través de la experiencia propia y de otros.

Adela está totalmente en contra de las éticas laicistas. Dice que aprovechan los errores y malos usos que se ha hecho del evangelio para poner a la gente en contra de la religión, aunque acepten que esta pueda ser una fuente de humanización, a pesar de los malos usos que se le haya dado.

Los creyentes también lamentan los malos usos que se ha hecho de la religión a lo largo de la historia, porque desde su fe esto es también inadmisible y degradante.

En el fondo es comprensible que cosas como la inquisición, los fanatismos, el hecho de que la religión pueda instrumentarse como ideología, etc. hayan provocado un rechazo a la religión entre los no creyentes, y que estos deseen extirparla, confundiendo el impulso religioso con sus portadores.

El afán de algunos sectores cristianos por monopolizar lo moral y “prohibir” su acceso por otro camino que no sea el cristianismo puede provocar el rechazo de los no creyentes.

Sin embargo, que esto sea comprensible no quiere decir que sea correcto, ni que tenga razón aquel que quiere hacer desaparecer la religión por culpa de actos equivocados llevados a cabo por algunas minorías.

El pluralismo es más importante que los dogmatismos, y el respeto más que la intransigencia.

Las éticas laicistas, que pretenden extirpar la religión, están equivocadas, porque las religiones no tienen por qué ser fuente de discriminación y explotación (aunque a veces lo han sido).

Las éticas laicistas son injustas, porque sólo recuerdan lo malo de las religiones, sin recordar los favores que personas religiosas han hecho a la humanidad.

También son totalitarias, ya que excluyen a las éticas religiosas.

Una ética religiosa (la autora pone como ejemplo la cristiana) no es mala, ya que sólo toma a Dios como referencia para realizarse como persona. Esta ética invita al amor a todos los hombres, así que sus intenciones son buenas. Sin embargo, no debe de ser impuesta, pues se trata de una ética de máximos y no de mínimos. Se puede invitar a los hombres al amor, pero este no debe ser impuesto.

Hay muchas personas que creen que, al pretender el cristianismo unificar a todos los hombres, debe obligarse a estos a ser cristianos. Esto no debe ser así, pues una ética impuesta no puede tener por contenido el amor.

La base de una sociedad pluralista es la tolerancia, y por eso no se puede imponer una ética.

De todos modos, las decisiones personales son únicas e intransferibles, u nadie nos puede imponer decisiones, pues cada uno es responsable de su juicio moral.

Desde el punto de vista de la autora, fideísmo y laicismo son dos actitudes negativas para ayudar a construir la moral cívica, como muestra la siguiente cita:

“A mi modo de ver, fideísmo y laicismo son dos dogmatismos, igualmente impotentes para ayudar a construir la moral cívica.”(p.147)

Por último, la ética laica es la mejor solución. La ética cívica es, de hecho, una ética laica.

Esta es una ética de mínimos, que no puede ofrecer unos máximos, ya que de ello se encargan otros grupos.

Como esta es una sociedad en la que impera una ética laica, podemos hablar de pluralismo, ya que los mínimos ya se comparten y a los máximos se adhiere aquel al que le convence una oferta, pero nunca por imposición.

De todos modos, los mínimos universalizables son compartidos y defendidos por muchas religiones, incluida la cristiana.

La ética cívica y la cristiana llegan a las mismas conclusiones en materia de mínimos.


Publicado por tabor @ 11:03  | Reflexiones doctrinales.
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