Actualmente, profetas, como los mayores y menores del Antiguo Testamento, ya no los hay. Pero, profetas, como los que encontramos en la Biblia y que sin haber dejado algo escrito, están considerados en ella como tales, si los encontramos. Son llamados así los cristianos que han recibido de Dios el don de profecía. Él los constituye como nos dice Efesios 4: 11, para que perfeccionen a los santos, para la edificación del cuerpo de Cristo, que es su iglesia (Ef. 4: 12), hasta que lleguemos a ser varones perfectos (Ef. 4: 13), ya no fluctuantes como niños que creamos cualquier doctrina que nos enseñen hombres engañadores (Ef. 4: 14).
Los profetas actuales son aquellos cristianos que al recibir de Dios el don de profecía, están en capacidad de poder interpretar Su Palabra. En carta a los corintios, refiriéndose al amor, el apóstol les decía: que si él tuviese profecía (don de profecía) y entendiese todos los misterios, y no tuviere amor, nada era.
1ª a los corintios 13: 2. : "Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy".
Para esto nos sirve el don de profecía, para entender lo que Dios nos quiere decir en su palabra y que algunos no la entienden y que por no entenderla manifiestan que son "misterios". El deseo de Dios es que todos entiendan Su Palabra. De qué nos serviría la Biblia si no fuera posible entenderla. Dios quiere que la entendamos para obedecerla y salvar el alma. Depende de nosotros que crezcamos cada día más en obediencia. Esta es la función que desempeñan los profetas actuales, la de interpretar correctamente la palabra de Dios, para enseñar a los que no la entienden (niños espirituales), para llegar a entender no solo lo que Dios nos dice sino también lo que nos quiere decir.
En algunas congregaciones hay "hermanitos" que son designados profetas, pues en determinado momento del culto, bajo trance, inducido por muchas alabanzas y música estridente, manifiestan que el Señor les dijo tal o cual cosa.
Se cuenta que en cierta congregación, un "profeta" había manifestado que el Señor le había dicho que el dólar iba a subir, y que por lo tanto, recomendaba que los dineros de la iglesia fueran invertidos en la compra de esa moneda. Es obvio que este "hermanito" que fungía de profeta no era otra cosa que un "falso profeta", y lo falso no es de Dios. Lo de Dios es verdad pues él es el Verdadero (Apo. 3: 7; 19: 11).
1ª de Juan 5: 20. : "Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna".
No confundamos a los cristianos que han recibido de Dios el don de profecía, con los adivinos. Los verdaderos profetas son de Dios, los adivinos son del demonio. Como se dijo anteriormente, los profetas son constituidos por Dios según Efesios 4: 11 y 12 para el perfeccionamiento espiritual de los santos, que son los que van a lograr la salvación del alma.
Mateo 11: 13. : "Porque todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan".
Efectivamente, los profetas (mayores y menores) cuyos libros leemos en el Antiguo Testamento, escribieron estos libros hasta la época que vino Juan Bautista. Ellos hablaban y escribían en nombre de Dios lo que Él quería que supiésemos. Después de Juan el Bautista llega el Señor Jesús (el Emanuel = Dios en la tierra) quien directamente nos decía lo que Dios Padre quería. Esta es la razón por lo que en esa época ya no fueron necesarios más profetas que escribieran libros, al igual que ahora que ya tenemos completa la Palabra de Dios (la Biblia).
El versículo anterior de Mateo 11: 13, al decir la ley, se está refiriendo a la ley de Moisés. Toda palabra de Dios es ley, pues debe cumplirse. La ley de Moisés (Pentateuco) como tal, profetizó o rigió también hasta Juan Bautista. Viene luego nuestro Señor Jesucristo y nos da su ley, la ley de Cristo (Gálatas 6: 2), que es la que ahora nos rige a todos.
La Biblia dice que la palabra de Dios es la palabra profética más segura (2ª de Pedro 1: 19). En sentido amplio, toda la palabra de Dios es palabra profética, en razón que de todas maneras tiene que cumplirse.
2ª de Pedro 1:19. : "Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en vuestros corazones;".
El apóstol Pablo dice en la primera carta que les dirige a los cristianos de Corinto:
1ª a los corintios 13: 9 - 10. : "Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará".
Lo que leemos en la Biblia es la parte que conocemos, es "lo que Dios nos dice". Lo que profetizamos es "lo que Dios nos quiere decir". Para esto es necesario recibir de Dios el don de profecía. El cristiano que se esfuerza por crecer espiritualmente, en algún momento recibirá el don de profecía y diremos que le vino lo perfecto. Al suceder esto, desaparece automáticamente aquella situación que era "en parte".
Si esto no hubiera quedado claro aun, un ejemplo nos ayudará. Tomemos Mateo 24: 35. : "El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán". Lo que acabamos de leer constituye lo que Dios nos dice. Lo que Dios nos quiere decir es que el hombre (cielo y tierra = espíritu y cuerpo) pasará, morirá, pero las palabras de Dios jamás pasarán, siempre estarán vigentes.
Cuando el apóstol Pablo les escribe a los de Corinto sobre la importancia del amor, les decía:
1ª a los corintios 13: 2. : "Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy".
Pablo decía que él, aun teniendo el don de profecía, y entendiendo todos los misterios y toda ciencia, y teniendo toda la fe capaz de trasladar los montes, si no tenía amor, nada era. Pablo está precisamente indicando que el don de profecía sirve para entender los misterios y la ciencia que Dios consigna en su Palabra.
El apóstol Pablo en su primera carta a los cristianos de Corinto les dice:
1ª a los corintios 14: 31. : "Porque podéis profetizar todos uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean exhortados".
Todos podemos profetizar (interpretar la Palabra de Dios), pero debemos hacerlo en forma ordenada, uno por uno, pues se armaría el desorden si quisiéramos hablar todos a la vez. Si todos podemos profetizar significa que todos podemos recibir el don de profecía. Mediante este don, Dios capacita para enseñar y que todos aprendan y todos sean exhortados.
Pienso que lo dicho, con el respaldo bíblico correspondiente, es suficiente para desechar de nuestra mente la creencia de que los profetas fueron cosa del pasado, y que ahora profetas ya no existen. Con esta creencia lo hacemos a Dios mentiroso, pues su palabra no pasará jamás. Decir que tal o cual cosa de la Biblia ya no es para ahora, significa decir que la palabra de Dios ya pasó, que ya murió. Esto constituye blasfemia.