En el corazón del evangelio Lucas hay una larga sección (Lc 9,51-19,28) dedicada al «camino de Jesús hacia Jerusalén» y en ella aparece una serie de parábolas, de relatos muy significativos, que contienen el núcleo esencial del mensaje de Jesús en un lenguaje impactante y muy crítico. Uno de los temas de las parábolas es la economía y en el capítulo 16 encontramos dos, la primera, sobre el dinero injusto (Lc 16,1-15), y la segunda, sobre el hombre rico y Lázaro (Lc 16,19-31) y ambas están estrechamente relacionadas. En ellas Jesús descubre la trampa en la que el dinero, en cuanto aspiración idolátrica de la vida humana, tiene atrapada a la gente. Su mensaje central es la sentencia lapidaria de Jesús: «No podéis servir a Dios y al dinero» (Lc 16,13). En la parábola del administrador (Lc, 16,1-15) se revela la injusticia de un sistema económico que utiliza el préstamo de dinero con interés para agrandar el abismo existente entre pobres y ricos. El administrador era una persona de confianza, se trataba de un representante del amo, con la capacidad para hacer préstamos, arrendamientos, avales. Al hacer préstamos recibía una comisión en concepto de intereses. Esa comisión aparecía también normalmente en el total de la deuda. Jesús no alaba la injusticia del administrador ni su falta de seriedad. No es la parábola del administrador injusto, sino del administrador listo, porque supo renunciar a los intereses que a él le correspondían. La cuestión central, motivo del elogio es la renuncia al beneficio propio. Lo que elogia el amo es la sagacidad del administrador por detraer de la deuda total la comisión que le corresponde, ganándose así la amistad de los deudores. El administrador sagaz de la parábola es elogiado porque utiliza su poder para cumplir la ley del Antiguo Testamento (cf. Éx 22,24-25; Dt 23,20; Lv 25,35-38), que prohibía cobrar los intereses de los préstamos, haciéndose eco de la crítica profética de Amós (Am 8,4-7) y corregir así el sistema económico vigente en la época de Jesús (y también en la nuestra). Aunque en principio fuera por interés personal, la conducta del administrador responde en el fondo a los intereses y planteamientos de una moral económica de los oprimidos, para la cual no los ricos sino los pobres son importantes. Según la parábola, quien tiene dinero y bienes es en realidad sólo administrador de los mismos, no un propietario. La correcta administración de los bienes tiene que responder a las necesidades de los pobres. El dinero (y el sistema económico, - incluido el crecimiento económico-) no es un fin en sí mismo y sólo ha de servir para hacer el bien, especialmente a los más pobres del mundo. Hacerse amigos apartándose del injusto dinero implica todo lo contrario al dinamismo de la esclavización, de la usura, del interés económico y del empobrecimiento de los desheredados. En el marco de las dos parábolas de Lc 16 se diseña, pues, un proyecto de economía alternativa orientado a atender las necesidades de los pobres, orientado a compartir y dar sin esperar nada a cambio.