lunes, 28 de febrero de 2011

O DIOS O EL DINERO (/Mt/06/24, /Lc/16/13)
Las dos versiones canónicas del dicho de Jesús serían idénticas, de no ser por la inclusión lucana del término 'doméstico' (Mt: nadie; Lc: ningún criado). Semejante coincidencia llama aún más la atención  porque el contexto donde van insertas no tiene más material común  que esta sentencia sobre los dos señores (cf. Mt 6 y Lc 16). 
Considerada en sí misma, la afirmación quiere impactar al oyente: no sólo pone bajo un mismo concepto -servir- a Dios y al dinero -lo que choca con la sensibilidad religiosa del hombre bíblico (Dt 13,4; Jue 2,7); 1 Sam 7, 3-4; Sal 2,1 1; 71,11)-, sino que, además, opone frontalmente ambos señoríos, algo no del todo aceptable en el mundo bíblico (cf. Eclo 31,8)7 ; ello no obstante, no puede dudarse de su plena coherencia con la posición personal de Jesús frente a las riquezas (cf. Mc 4,19; 10,25.29-30; Mt 13,44-46; Lc 14,33).

1. La sentencia en la tradición evangélica
Puesto que la afirmación de Jesús nos ha sido transmitida en doble recensión, conviene examinar los contextos donde va situada y reparar así en la utilización que de ella han hecho los evangelistas antes de estudiar la sentencia en sí misma.

1.1. Contexto evangélico
Mt. 6,19-34 es el contexto inmediato de la versión mateana; dentro del sermón de la montaña, donde Jesús presenta programáticamente el proyecto de vida que su anuncio del Reino de Dios exige a quien lo acepte, el párrafo describe la actitud frente a los bienes terrenos que Jesús desea ver en sus oyentes; el tono es de advertencia repetida (Mt 
6,19.25.31.34): la comida o el vestido no puede ser motivo de preocupación (Mt 6,25-33) para quien, habiendo puesto su tesoro en el cielo (Mt 6,19-21), ha optado por Dios y su reino (Mt 6,33).
Insistiendo en la inevitabilidad de la opción entre dos servicios incompatibles, Mt 6,24 apoya tanto la llamada a atesorar en el cielo para mantener allí el corazón como la invitación a despreocuparse de los bienes necesarios para la subsistencia y ocuparse del reino de Dios y su justicia; la frase de Jesús es clave para la interpretación de todo el párrafo 8: no plantearse el culto a Dios en alternativa al cultivo del 
dinero llevaría a tener el tesoro y el corazón en la tierra, convirtiendo en perecederos los propios bienes, y haría lógica la desconfianza ante la providencia divina. Mateoha usado la sentencia de Jesús como soporte y razón de su catequesis sobre el uso cristiano de los bienes; 
con ello, ha aminorado la radicalidad de la exigencia primitiva, pero la 
ha acercado a la vida real de su comunidad: el Jesús mateano invita a sus discípulos a servirse del dinero sin ponerse a su servicio.
En Lucas, la sentencia de Jesús concluye las reflexiones que comentan su parábola del mayordomo sagaz (Lc 16,1-8a); sin demasiada coherencia lógica, estas reflexiones (Lc 16,9-3) giran en torno al tema del dinero, considerado siempre negativamente (Lc 16,9.11.13), y de su administración, que se esperaría fuese fiel a pesar de todo (Lc 16,10-12; cf. Lc 16,1.2.3.4.8). Lc 16,13 parece apoyar la exhortación de Jesús a utilizar el dinero del que se dispone, por injusto que sea, en servicio de los necesitados, para procurarse la ayuda de éstos cuando se la precise, 'en las moradas eternas', donde no hay lugar para tal riqueza (Lc 16,9). Semejante administración del dinero, que lo utiliza para ayudar a otros, requiere cierto desapego y distancia de él; algo que únicamente lo tiene asegurado quien se decide a servir a Dios en exclusiva (Lc 16,13).
Lucas ha añadido a una parábola de Jesús, que en su origen urgía a tomar decisiones arriesgadas frente al juicio que se avecina, unas reflexiones que tienen por objeto animar a un empleo de la riqueza que sea generoso (Lc 16,9), fiel hasta en lo mínimo (Lc 16,10-12) y totalmente desinteresado (Lc 16,13). De nuevo, para hacerla 
practicable, el autor ha rebajado el nivel de la exigencia de la sentencia de Jesús: quien no sirve a Dios en exclusiva, mal sabrá hacerse amigos poniendo sus bienes al servicio de los necesitados; y es que no es ni 
siquiera razonable dejarse dominar por los propios dominios; hasta los hijos de este mundo saben disponer de su dinero para granjearse amigos cuando los necesitan.
Es curioso notar cómo los evangelistas han utilizado una sentencia de Jesús fundamentalmente idéntica en contextos diferentes y con diversos matices: mientras para Mt la búsqueda del Reino de Dios y su justicia (Mt 6,33) impone al cristiano una utilización de los bienes terrenos que no ponga en cuestión su exclusiva dedicación a Dios, para Lucas tener que responder un día ante el Señor de los bienes concedidos obliga a una administración sagaz y generosa, que estará al alcance de quien no sirve más que al Señor que le va a juzgar. En cada caso han aplicado la exigencia de Jesús a la situación de sus oyentes, quienes deben inventar el modo de servir exclusivamente a Dios en esta tierra sin poder dejar de servirse de los bienes que hay en ella.


Publicado por tabor @ 10:57  | Reflexiones doctrinales.
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios