Las dos caras del dinero en los evangelios.
Por esto hemos de preguntarnos: ¿Qué pensaba Jesús, tal como lo describen los evangelios, acerca del dinero y de la posesión de los bienes?
Para Jesús, como para nosotros, el dinero tiene dos caras: una, buena y amable; otra, mala y temible. El dinero no puede demonizarse o satanizarse absolutamente. El dinero -y cuando decimos dinero, entendemos también los bienes- es bueno o malo según el uso que hagamos de él. Jesús no era un soñador utópico; sabía que el dinero es una realidad importante con la que hay que contar en la vida de cada día y así aparece en múltiples pasajes de los evangelios6.
La cara amable del dinero
El dinero tiene una cara amable, pues crea las condiciones para una vida digna, o lo que es igual, el dinero es necesario para vivir, pero esto no quiere decir que vivamos para el dinero, como muchos entienden. Los evangelios son realistas en este sentido y refieren a menudo operaciones de compraventa. Con dinero se compra y se vende tanto lo necesario como lo superfluo7:
¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos?, pregunta Jesús (Mt 10,29); en la parábola del gran banquete se dice que todos los invitados "empezaron a excusarse. El primero le dijo: He comprado un campo y necesito ir a verlo...; otro dijo: he comprado cinco yuntas de bueyes y voy a probarlas" (Lc 14,18-19); la actividad de la gente en tiempos de Lot es descrita con esta secuencia de verbos: "comían, bebían, compraban, vendían, plantaban y construían (Lc 17,28)".
Aunque, en el evangelio aparecen con frecuencia los verbos comprar y vender, no está de más observar que Jesús no aconseja comprar, sino más bien dar, o vender y dar8. Ante la multitud hambrienta, Jesús ordena a sus discípulos: "dadles vosotros de comer", pero los discípulos, que entienden sólo de comprar y no de compartir, preguntan: "¿Vamos a comprar panes por doscientos denarios de plata para darles de comer? (Mc 6,35). A quienes, siendo ricos, se acercan a Jesús, éste les aconseja vender y dar todo lo que tienen para entrar en el reino de Dios o comunidad cristiana, que es presentada como un tesoro escondido que "un hombre encuentra, lo vuelve a esconder y de la alegría va a vender todo lo que tiene y compra el campo aquél" (Mt 13,44) o "a un comerciante que buscaba perlas finas; y al encontrar una perla de gran valor (metáfora del reino) fue a vender todo lo que tenía y la compró" (Mt 13,45-46). El reino de Dios o comunidad cristiana vale, para Jesús, más que todos los bienes. El joven rico, para llegar a ser un hombre logrado, debe seguir la orden de Jesús: "vete a vender lo que tienes y dáselo a los pobres, que tendrás en Dios tu riqueza; y, anda, sígueme a mí" (Mt 19,21; cf. Mc 10,21; Lc 18,22). Jesús exhorta a sus discípulos con estas palabras: "Vended vuestros bienes y dadlos en limosna; haceos bolsas que no se estropeen, una riqueza inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni echa a perder la polilla. Porque donde tengáis vuestra riqueza tendréis el corazón (Lc 12,33-34)".
Con dinero se compran también los animales para los sacrificios, pero Jesús se muestra poco amigo de quienes venden en los atrios del templo explotando al pobre. Por eso, al expulsar del templo a los vendedores y cambistas, Jesús no dirige la palabra a quienes vendían bueyes u ovejas para los sacrificios (pues estas ofrendas sólo las podían costear quienes tenían cierto poder adquisitivo, los ricos), sino a los vendedores de las palomas, que adquirían los pobres para ofrecerlas en sacrificio expiatorio por sus pecados. Jesús dice a éstos: "Quitad eso de ahí; no convirtáis la casa de mi Padre en una casa de negocios" (Jn 2,16).
Con dinero se pagan los impuestos o tributos: "¿Está permitido pagar el tributo al César o no? ¿Pagamos o no pagamos?" preguntan los fariseos y herodianos a Jesús, tendiéndole una trampa (Mc 12,13-17).
El dinero sirve también para dar limosnas y remediar las carencias de los necesitados, aunque Jesús aconseja la máxima discreción al hacerlo: "Por tanto, cuando des limosna no lo anuncies a toque de trompeta" (Mt 6,3-4); "si quieres ser un hombre logrado, vete a vender lo que tienes y dáselo a los pobres, que tendrás en Dios tu riqueza; y, anda, sígueme a mí", aconseja al joven rico (Mt 19,20-21); en la escena de la unción de Jesús en Betania, al ver cómo la mujer quebró el frasco de ungüento y lo fue derramando en la cabeza de Jesús "algunos comentaban indignados: ¿Para qué se ha malgastado así el perfume? Podía haberse vendido ese perfume por más de trescientos denarios de plata y habérselo dado a los pobres. Y le reñían" (Mc 14,4-5).
Con dinero –con un denario- se pagan los jornales en la parábola de los jornaleros enviados a la viña (Mt 20,1-16).
Con el dinero se negocia, invirtiéndolo o poniéndolo a interés en el banco. Esto es precisamente lo que ni siquiera hizo el siervo de la parábola de los talentos que había recibido de su amo un solo talento y a quien éste le reprocha: "¡Empleado malvado y holgazán! ¿Sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues entonces debías haber puesto mi dinero en el banco, para que, al volver, pudiera recobrar lo mío con los intereses" (Mt 25,26-27).
El dinero sirve, también, para aliviar los males del prójimo. Así el samaritano paga al posadero dos denarios y se compromete a pagar lo que sea preciso de más: "al ver al malherido, se acercó a él y le vendó las heridas echándoles aceite y vino..., lo llevó a una posada y lo cuidó. Al día siguiente sacó dos denarios de plata y, dándoselos al posadero, le dijo: "Cuida de él, y lo que gastes de más te lo pagaré a la vuelta" (10,33-36).
Con dinero, por último, intenta en vano la hemorroísa obtener la salud. De esta mujer, que tenía un desarreglo constante, se dice que "había sufrido mucho por obra de muchos médicos y se había gastado todo lo que tenía sin aprovechar nada, sino más bien poniéndose peor" (Mc 5,25-26).
En los evangelios, como puede verse, el dinero se usa, al igual que hoy, como valor de cambio en una economía basada en la moneda; con él se compra y se vende; se remedian las necesidades del prójimo, se pagan los impuestos y se puede obtener la salud. El dinero es necesario para vivir y es una realidad con la que hay que contar para obtener cierta calidad de vida, según lo evangelios. Esta es la cara amable del dinero.