martes, 28 de junio de 2011

La cara seductora del dinero

Pero el dinero tiene otra cara, mala; tiene poder seductor y corruptivo, porque quien lo tiene, tiende a tener cada vez más: por esto Jesús recomienda: "Dejaos de amontonar riquezas en la tierra, donde la polilla y la carcoma las echan a perder, donde los ladrones abren boquetes y roban. En cambio, amontonaos riquezas en el cielo, donde ni polilla ni carcoma las echan a perder, donde los ladrones no abren boquetes ni roban. Porque donde tengas tu riqueza tendrás el corazón" (Mt 6,19-21).

Para Jesús, el dinero no es malo; lo malo es su acumulación abusiva; lo perverso es la avaricia y el ansia de tener que lleva a acaparar. Y éste es el mal que aqueja a nuestra sociedad neoliberal.

En el evangelio vemos cómo por dinero pleitean los hermanos: "Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia. Le contestó Jesús: Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros? Entonces les dijo: Mirad, guardaos de toda codicia, que aunque uno ande sobrado, la vida no depende de los bienes" (Lc 12,13-15).

Con la seguridad que da el dinero, el hijo pródigo rompe con su padre: "Padre, dame la parte de la fortuna que me toca" (Lc 15,11) y por codicia, el acreedor de la parábola, a quien le habían condonado una deuda inmensa (diez mil talentos) es capaz de encarcelar a quien le debía una cantidad mínima (cien denarios) (Mt 18,23-35); por afán de dinero se extorsiona a la gente como reconoce Zaqueo al encontrarse con Jesús: "La mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres, y si a alguien he extorsionado dinero, se lo restituiré cuatro veces" (Lc 19,8). El ansia de dinero lleva a robar: de Judas se dice que "era un ladrón y, como tenía la bolsa, se llevaba lo que echaban" (Jn 12,6); Judas mismo traiciona a Jesús por dinero y está dispuesto a entregarlo a la muerte: "Judas Iscariote, aquel que era uno de los Doce, acudió a los sumos sacerdotes para entregárselo. Ellos, al oírlo, se alegraron y le prometieron darle dinero. El andaba buscando cómo entregarlo y el momento oportuno" (Mc 14,10-11).

Hay, también, quien usa el dinero para adquirir prestigio: "Por tanto, cuando des limosna no lo anuncies a toque de trompeta, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en la calle para que la gente los alabe. Ya han recibido su recompensa, os lo aseguro. Tú, en cambio, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha, para que tu limosna quede escondida; y tu Padre, que ve lo escondido te lo recompensará" (Mt 6,2). Algunos usan el dinero para actos de ostentación, como los ricos que echaban dinero en cantidad en el tesoro o cepillo del templo, frente a aquella pobre viuda que echó dos ochavos (Mc 12,41-44).

Pero el dinero aparece en los evangelios, ante todo, como fuente de injusticia que hace a los hombres ciegos ante las necesidades de los demás, como en la parábola del rico y los graneros (Lc 12,13-21) o en la del rico y Lázaro (Lc 16,14-31), dos ricos que ignoran la existencia y los sufrimientos del pobre.

El dinero, por último, crea además una falsa seguridad en quien lo posee, pues el bien más preciado que es la vida no se puede comprar con dinero, como advierte Jesús: "¿De qué le sirve al hombre ganar todo el mundo si pierde su vida?" (Lc 9,25).

El dinero, que sirve para obtener cierta calidad de vida, termina con la vida misma, cuando no es usado debidamente, convirtiéndose aquél y no ésta en el valor supremo. De ahí que Jesús, consciente del atractivo seductor y corruptor de las riquezas, proclame absolutamente: "No podéis servir a Dios y al dinero" (Lc 16,13).

En síntesis, cuando el dinero se convierte en dios, se pone en peligro la convivencia humana: se rompen las relaciones familiares, se olvida el perdón, se extorsiona, se roba, se traiciona y se llega hasta quitar la vida del otro, si es necesario. Con el dinero se consigue el prestigio y el poder que hace sentirse diferentes y superiores a los demás; el ansia de dinero lleva al olvido del prójimo que sufre y nos hace sentirnos seguros de nosotros mismos, hasta el punto de creer que incluso la vida se puede asegurar con dinero. El dinero es un dios que exige pleitesía y adoración.

 


Publicado por tabor @ 13:53  | Nuestra sociedad
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