martes, 28 de junio de 2011

Una parábola para el neoliberalismo: El rico y los graneros (Lc 12,13-40)

El mal uso o abuso del dinero, el afán de codicia que lleva a acaparar y acumular, impidiendo compartir, hace que Jesús proponga en los evangelios un estilo de vida alternativo, donde el dinero no sea dios y señor absoluto de todo y de todos. El verdadero valor para Jesús no es el dinero, sino el hombre, al que debe someterse todo. Este es el dios al que hay que servir, para servir al Dios verdadero, cuyo nuevo nombre es el de Padre, esto es, alguien que, por amor, engendra la vida.

La alternativa de vida que propone Jesús, centrada en el ser y no en el tener, en los otros y no en uno, en la persona y no en los bienes, aparece clara en todo el evangelio, pero se manifiesta en una parábola dirigida a todos, donde Dios -no Jesús- recrimina a un rico por su conducta. Se trata de la parábola del rico y los graneros (Lc 12,13-40). Al terminar la parábola, Jesús da a sus discípulos consejos relativos a la riqueza y abuso de los bienes.

 

Parábolas y dinero

La parábola del rico y los graneros no es la única en la que entran en juego, de una u otra forma, el dinero o los bienes.

Entre la lista de parábolas mayores que cuentan los evangelistas Lucas y Mateo, se encuentran la del samaritano, la de los invitados al banquete, la del hijo pródigo, la del administrador, la del rico y Lázaro, la de los talentos, la de los viñadores homicidas, la del deudor no compasivo, la de los jornaleros invitados a la viña, la de los talentos, la de las diez muchachas sensatas y necias, y la del rico y los graneros, y, en todas ellas, el dinero, la riqueza o los bienes salen a colación.

En la del samaritano, éste da dos denarios de plata al posadero y se compromete a pagarle a la vuelta lo que gaste de más por los servicios prestados por el posadero al malherido (Lc 10,30-37); en la de los invitados al banquete, los primeros invitados rechazan la invitación, porque se lo impiden sus bienes o propiedades, ya sea la compra de un campo, cinco yuntas de bueyes o haberse casado, esto es, disfrutar de su mujer, propiedad por aquellos tiempos del marido (Lc 14,16-24; Mt 22,2-14); en la del hijo pródigo, éste reclama a su padre la parte de la herencia que le corresponde y lo deja para irse a un país lejano (Lc 15,11-32); en la del administrador, cuando éste se entera de que su amo lo va a despedir, renuncia a la comisión que percibe por administrar los bienes de su señor, para garantizarse que el día de mañana, cuando lo despidan, lo acojan los acreedores de su amo en su casa (Lc 16,1-8); en la del rico y Lázaro, se habla de un hombre extremadamente rico y de un pobre de solemnidad que no llega a poder comer ni siquiera las migajas que caen de la mesa del rico (Lc 16,19-31); en la de los talentos, el señor recrimina al empleado que había recibido sólo un talento u onza por no haberlo llevado ni siquiera al banco para que produjese intereses (Lc 19,12-27; Mt 25,14-30); en la de los viñadores homicidas, aquéllos deciden matar al heredero para quedarse con la viña (Lc 20,9-18; Mc 12,1-11; Mt 21,33-44); en la del deudor no compasivo, el rey condona la deuda inmensa (diez mil talentos) de uno de sus empleados, pero éste no es capaz de perdonar a un compañero suyo que le debía un poco dinero (cien denarios) (Mt 18,23-35); en la de los jornaleros invitados a la viña, los primeros contratados protestan porque han recibido el mismo salario -un denario- que los últimos (Mt 20,1-6); en la de las diez muchachas sensatas y necias, aquéllas en lugar de dar de su aceite, recomiendan a las necias que vayan a la tienda a comprarlo no sea que no hubiese bastante para todas (Mt 25,1-13); y, por último, en la del rico y los graneros, las tierras de éste dieron una cosecha de tal calibre que le llevó a tomar la decisión de destruir los viejos graneros para construir otros de nueva planta y almacenar todo su grano y sus provisiones (Lc 12,16-21).

Pues bien, el dinero o los bienes son algo que preocupa tanto a la gente, que cuando Jesús en sus parábolas quiso hablar de la naturaleza del reino de Dios, no tuvo más remedio que partir de esa realidad y contar con ella. Jesús sabía que el gran rival de Dios era -y sigue siendo- el dinero, necesario -cómo no- para vivir, pero con una capacidad de perversión y seducción del corazón de los hombres que llega hasta el punto de cautivarlos, como si de un Dios se tratase y de pedirles sumisión, veneración, adoración y culto. Por eso proclamó: "Ningún criado puede estar al servicio de dos amos: porque o aborrecerá a uno y querrá al otro, o bien se apegará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero" (Lc 16,13).

Pues bien, de entre todas las parábolas en las que el dinero o los bienes materiales entran de algún modo en juego, quiero pasar ahora a leer y comentar la del rico y los graneros (Lc 12,13-40), porque me parece que ilustra de modo gráfico la actitud que la gente y los discípulos deben tener, según Jesús, ante el dinero. La imagen de este rico-necio encarna los postulados de la sociedad neoliberal, anteriormente enunciados: la primacía del individualismo; el predominio del materialismo y la preeminencia del hedonismo. Estos tres postulados van directamente contra el núcleo del mensaje cristiano que da prioridad a lo comunitario frente a lo individual, que pone al ser humano en el centro en lugar de al dinero y que propone como meta el amor y el servicio al otro hasta dar la vida en lugar de la búsqueda del propio hedonismo, satisfacción o placer.

 

 

El texto de la parábola en su contexto

 

a) Introducción

12,13 Uno de la multitud le pidió:

--Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia.

14Le contestó Jesús: Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?

15Entonces les dijo:

-Mirad, guardaos de toda codicia, que, aunque uno ande sobrado, la vida no depende de los bienes.

b) La parábola dirigida a la gente

16Y les propuso una parábola:

Las tierras de un hombre rico dieron una gran cosecha.

17Él se puso a echar cálculos:

--¿Qué hago? No tengo dónde almacenarla.

18Entonces se dijo:

--Voy a hacer lo siguiente: Derribaré mis graneros, construiré otros más grandes y almacenaré allí todo mi grano y mis provisiones. 19Luego podré decirme: "Amigo, tienes muchas provisiones en reserva para muchos años: descansa, como, bebe y date a la buena vida".

20Pero Dios le dijo:

--Insensato, esta mismo noche te van a reclamar al vida. Lo que tienes preparado, ¿para quién va a ser?.

21Eso le pasa al que amontona riquezas para sí y no es rico para con Dios.

c) Alocución de Jesús a los discípulos

22Por eso os digo: No andéis preocupados por la vida, pensando qué vais a comer; ni por el cuerpo, pensando con qué os vais a vestir. 23Porque la vida vale más que el alimento y el cuerpo más que el vestido. 24Fijaos en los cuervos: ni siembran ni siegan, no tienen despensa ni granero y, sin embargo, Dios los alimenta, y ¡cuánto más valéis vosotros que los pájaros!

25 Y ¿quién de vosotros a fuerza de preocuparse podrá añadir una hora sola al tiempo de su vida? 26Entonces, si no sois capaces ni siquiera de lo pequeño, ¿por qué os preocupáis por lo demás?

27Fijáos cómo crecen los lirios: ni hilan ni tejen, y os digo que ni Salomón en todo su fasto estaba vestido como cualquiera de ellos. 28 Pues si a la hierba, que hoy está en el campo y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿cuánto más no hará por vosotros, gente de poca fe?

29No estéis con el alma en un hilo, buscando qué comer o qué beber. 30Son los paganos del mundo entero quienes ponen su afán en esas cosas, pero ya sabe vuestro Padre que tenéis necesidad de ellas. 31Por el contrario, buscad que él reine, y eso se os dará por añadidura. 32No temas, pequeño rebaño, que es decisión de vuestro Padre reinar de hecho entre vosotros.

33Vended vuestros bienes y dadlos en limosna; haceos bolsas que no se estropeen, una riqueza inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladrones ni echa a perder la polilla. 34Porque donde tengáis vuestra riqueza tendréis el corazón.

35Tened el delantal puesto y encendidos los candiles; 36pareceos a los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para, cuando llegue, abrirle en cuanto llame. 37¡Dichosos esos siervos si el Señor al llegar los encuentra despiertos! Os aseguro que él se pondrá el delantal, los hará recostarse y les irá sirviendo uno a uno. 38Si llega entrada la noche o incluso de madrugada y los encuentra así, ¡dichosos ellos! 39Esto ya la comprendéis, que si el dueño de la casa supiera a qué hora va a llegar el ladrón, no le dejaría abrir un boquete en su casa. 40Estad también vosotros preparados, pues, cuando menos lo penséis, llegará el hijo del Hombre.


Publicado por tabor @ 13:55  | Reflexiones doctrinales.
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