martes, 28 de junio de 2011

Una gran cosecha

 

Decíamos que "las tierras de un hombre rico dieron una gran cosecha". La cuestión gira ahora en torno a cómo dispondrá de esta cosecha abundante aquel rico.

El libro del Eclesiástico (31,5-11) previene de los peligros de la riqueza y alaba al hombre (rico) –rara avis- que no se deja fascinar y pervertir por ella con estas palabras:

"El rico trabaja por amasar una fortuna,

y descansa acumulando lujos;

el pobre trabaja y le faltan las fuerzas,

y si descansa, pasa necesidad.

El que codicia el oro no quedará impune,

el que ama el dinero se extraviará por él.

Muchos quedaron empeñados por el oro

y se entramparon por los corales,

pero no los libraron de la desgracia

ni los salvaron el día de la cólera.

(Las riquezas) son una trampa para el necio,

el inexperto se enreda en ella.

Dichoso el hombre que se conserva íntegro

y no se pervierte por la riqueza.

 

¿Quién es? Vamos a felicitarlo,

porque ha hecho algo admirable en su pueblo.

¿Quién en la prueba se acreditó?

Tendrá paz y honor.

¿Quién pudiendo desviarse no se desvió,

pudiendo hacer el mal no lo hizo?

Su bondad está confirmada

y la asamblea contará sus alabanzas".

  

Las riquezas son una trampa en la que es difícil no caer hasta el punto de que quien no caiga será proclamado dichoso y digno de felicitación: "Dichoso el hombre que se conserva íntegro y no se pervierte por la riqueza".

Esta gran cosecha de las tierras del rico nos traslada al libro del Génesis (41,35-46) cuando José descifró el sueño del faraón que anunciaba siete años de abundancia, seguidos de siete de carestía, representados en siete vacas hermosas y gordas, y siete feas y flacas. Elegido virrey de Egipto, José, previendo un futuro de sequía y escasez, mandó guardar el quinto de la cosecha de cada año de abundancia como reserva para remediar el hambre de toda la tierra en los años de carestía.

El rico podría intuir que aquella gran cosecha era una bendición de Dios, que debería servir no sólo para él, sino para remediar la necesidad y carencias de los pobres. Pero el rico no piensa nada más que en sí mismo. El individualismo atroz de nuestra sociedad neoliberal se ve aquí claramente reflejado.

 

 

Monólogo del rico

 

 

17Él se puso a echar cálculos:

¿Qué hago? No tengo dónde almacenarla.

18Entonces se dijo:

Voy a hacer lo siguiente: Derribaré mis graneros, construiré otros más grandes y almacenaré allí todo mi grano y mis provisiones.

El hombre rico resuelve el problema de modo drástico. No construye más graneros, añadiendo otros a los que ya tiene. Decide derribar los viejos y construir otros más grandes. En principio, el rico parece sensato, pues lo que quiere es almacenar el grano para prevenir el futuro. Pero la parábola da un giro inesperado.

 

19Luego podré decirme: "Amigo, tienes muchas provisiones en reserva para muchos años: descansa, como, bebe y date a la buena vida".

Hasta aquí ha habido en la parábola un narrador que decía. "Y les propuso una parábola; él se puso a echar cálculos; entonces se dijo...". Pero ahora el narrador desaparece por unos instantes y el rico mismo se convierte en narrador, hablando consigo mismo y desdoblándose en dos: "Luego podré decirme: "Amigo..." Sería de esperar una frase como "Entonces el rico se dijo a sí mismo". Pero no, el rico es tan individualista que no sólo es el sujeto de la narración, sino también el narrador. El rico, en sus planes de futuro, excluye a todo el que no sea él mismo. No piensa en nadie. La cosecha no es para él un don de Dios, que hay que compartir con los demás, sino algo para uso y consumo propio: "mi grano, mis provisiones", dice. El piensa en sí solo y en una vida de placer en el futuro: "Luego podré decirme: "Amigo, tienes muchas provisiones en reserva para muchos años: descansa, come, bebe y date a la buena vida".

 

Esta secuencia de verbos recuerda la inscripción de la tumba de Sardinápalo: "Come, bebe, y goza del amor; todo lo demás no cuenta". Sardinápalo era una legendaria figura de la Asiria del siglo VII a.C. muy conocida en el mundo helenístico, como ejemplo de vida epicúrea libertina.

  

Curiosamente, esta actitud epicúrea y hedonista del rico excluye incluso la idea de la muerte futura, pues dice: "tienes muchas provisiones en reserva para muchos años..." En los planes del rico no entra la muerte, como entraba en la de los epicúreos que invitaban a disfrutar de la vida precisamente porque la muerte viene antes o después y acabará con todo. Parece que el rico se siente asegurado por muchos años, cree que esa cosecha es garantía de vida perdurable, un seguro de vida inagotable12.

 

 

En la cultura del antiguo mediterráneo este rico peca contra dos principios interconectados:

1. El primero mantenía que la riqueza debe ser usada para el bien de la comunidad (ya hemos visto cómo se expresa esto en el libro del Eclesiástico, 31,5-11).

2. El segundo partía del convencimiento de que los bienes son limitados. De este hecho se deduce que hay que compartir lo que se tiene, para que haya para todos. Si alguien acumula bienes, otros se quedan sin ellos. La abundancia de unos provoca la escasez de muchos.

En nuestro mundo actual hemos llegado a creer que los bienes de consumo no sólo no son limitados, sino que son inagotables. Pero, en todo caso hoy podemos afirmar, a diferencia de ayer, que "el mundo tiene recursos más que suficientes para acelerar el desarrollo humano y para erradicar la pobreza, al menos en sus formas más dramáticas y denigrantes. Las causas y resistencias están en la sociedad y en las políticas"13.

 

Intervención de Dios

20Pero Dios le dijo: Insensato, esta misma noche te van a reclamar la vida. Lo que tienes preparado, ¿para quién va a ser?.

No extraña que sea Dios mismo quien entre en acción en esta parábola, pues la cosecha era considerada, como hemos dicho, un don de Dios –milagroso, si era abundante. Por eso es Dios en persona quien se dirige al hombre con una frase que contrasta con las que ha pronunciado el rico:

- El rico se dice: amigo; Dios lo llama: insensato.

- El rico se dice: tienes muchas provisiones en reserva para muchos años; pero Dios le anuncia: esta noche te van a reclamar la vida.

La intervención de Dios pone los puntos sobre las íes. Representa la utopía de un mundo donde no haya gente de tal calaña. La cosecha es un don-milagro de Dios que debe servir para todos, como la sobreabundancia en tiempos de José en Egipto sirvió para remediar el hambre de toda la tierra. El rico intenta almacenar esa riqueza no para la comunidad, sino para sí mismo, para su seguridad y confort, como garantía de vida por muchos años. Pero su propósito va a quedar incumplido, porque Dios le va a reclamar la vida.

 

21Eso le pasa al que amontona riquezas para sí y no es rico para con Dios.

Este final retórico de la parábola hace pensar que ahora la riqueza va a ser utilizada por aquellos a los que el rico debía haber hecho partícipes de la misma.

 

 


Publicado por tabor @ 13:58  | Pobres en el N.T.
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