Domingo, 11 de enero de 2015

Diversidad de los sentidos de la pobreza

La pobreza evang�lica

1. De acuerdo con la vida y la predicaci�n de Jes�s de Nazaret, de la Iglesia primitiva y de los Santos Padres, la pobreza evang�lica supone la actitud ideal del cristiano ante los bienes materiales, viviendo con sencillez y sobriedad, compartiendo generosamente con los necesitados, no acumulando riquezas que acaparan el coraz�n, trabajando para el propio sustento y confiando en la providencia de Dios Padre. Esta forma de pobreza puede y debe adoptar innumerables formas seg�n los tiempos y las circustancias de cada uno, pero siempre supone unas exigencias fundamentales como seguimiento de Jes�s, para alcanzar la verdadera libertad cristiana, la paz y la alegr�a en el Esp�ritu, como han aconsejado los maestros espirituales de todos los tiempos. Es necesario aclarar que esta forma de pobreza evang�lica nada tiene que ver con la miseria, la indigencia y la marginaci�n, que degradan la condici�n del hombre como hijo de Dios, y que son males contra los que debemos luchar denodadamente. Compartir generosamente con los necesitados
Desde los primeros siglos de la Iglesia, muchos cristianos fueron movidos por el Esp�ritu Santo para vivir un seguimiento m�s radical de la pobreza de Jes�s, renunciando a sus propios bienes de manera definitiva y d�ndolos a los pobres. A lo largo de la historia, esta forma de vida se ha ido estructurando en monasterios y congregaciones de monjes y religiosos que hacen voto de pobreza perpetua, juntamente con los votos de castidad y de obediencia. A�n reconociendo que en ocasiones tanto los individuos como las comunidades y congregaciones hayan ca�do en un cierto alejamiento del ideal, no podemos tampoco ignorar la generosidad que supone, las renuncias que conlleva, el testimonio evang�lico que proclama y el fruto espiritual y pastoral que aporta a la Iglesia. Tampoco esta forma de pobreza es objeto de nuestra reflexi�n. La pobreza en la vida consagrada

La pobreza como indigencia, miseria y marginaci�n

2. La pobreza forzada, la carencia leve, grave o extrema de los bienes necesarios para llevar una vida digna de seres humanos. De �sta precisamente es de la que vamos a tratar en nuestro documento. Aunque propiamente deber�a llamarse indigencia, miseriamarginaci�n, teniendo en cuenta la sem�ntica habitual en nuestra sociedad, seguiremos usando la palabra pobreza, con los matices que en algunos casos correspondan, para referirnos a estas situaciones, aunque sin renunciar completamente a los t�rminos indicados, que creemos m�s adecuados, para distinguirlos de la pobreza evang�lica, que consideramos como un bien que habr�a que fomentar, en tanto que la indigencia, la miseria y la marginaci�n siempre representan un mal que habr�a que erradicar.


Publicado por tabor @ 20:50  | Reflexiones doctrinales.
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