Domingo, 11 de enero de 2015

Motivos fundamentales de la opción por los pobres

17. Pero podr�amos preguntarnos cu�l es la raz�n fundamental de esta importancia de los pobres en la Iglesia y para la Iglesia. �Es una manera de tranquilizar la conciencia de los ricos -la Iglesia y los cristianos tambi�n, en muchas ocasiones-, dando de limosna parte de lo que se roba con la injusticia? �O acaso un ego�smo redomado, pagando con limosnas una entrada para el cielo? �O simplemente expresiones ret�ricas para mover el coraz�n de los ricos? Creemos, por el contrario que, la misi�n de la Iglesia hacia los pobres y la misi�n de los pobres en la Iglesia se basa en s�lidos fundamentos de car�cter teol�gico, cristol�gico, neumatol�gico, y eclesiol�gico. No se trata de "acallar" la conciencia

a) Fundamento teol�gico

18. El Dios de la revelaci�n judeo-cristiana se nos manifiesta en la Sagrada Escritura como el creador infinitamente sabio y poderoso, lleno de amor hacia todas sus criaturas, especialmente hacia el hombre, del que cuida con especial providencia y al que entreg� la tierra con todas sus riquezas, para que las disfrutara y cultivara como colaborador suyo24. El pueblo elegido en el Antiguo Testamento, que deber�a ser para la humanidad como el anticipo, el mediador y el misionero del futuro Reino de Dios, tiene en la Ley y en los profetas normas y orientaciones muy claras que le exigen fomentar actitudes de justicia, de solidaridad y de amor entre los hombres. Cuando son conculcadas -sea por los reyes, sea por los sacerdotes, sea por los ricos-, Dios env�a profetas que les conminan para que socorran al necesitado, liberen al oprimido y hagan justicia al injuriado. En el a�o del jubileo se deb�a liberar a los esclavos y devolver las tierras que se hubieran tenido que vender por la penuria y necesidad de sus leg�timos propietarios. Todos los hombres hab�an de ser libres, y todos poseer y conservar la heredad de sus antepasados. En el Nuevo Testamento, Jes�s de Nazaret y la primitiva comunidad ampl�an estas exigencias de justicia y equidad hasta alcanzar a todos los hombres de cualquier raza y en todas las circunstancias, sean amigos o enemigos -"si tu enemigo tiene hambre, dale de comer"-, con una especial predilecci�n por los m�s pobres y m�s necesitados. Especial predilecci�n de Dios por los pobres y m�s necesitados
19. Dios respeta las leyes que El mismo ha dado a la creaci�n, y de manera especial respeta la libertad que ha otorgado al hombre25. Por eso, se ha podido hablar en ocasiones del silencio de Dios, o de la muerte de Dios, que se destaca de manera particularmente dram�tica y misteriosa en el desamparo de Jes�s en su pasi�n y su muerte. Pero Dios ser�a injusto si pareciese colaborar con la injusticia, o simplemente guardar silencio frente a ella, sin defender al oprimido ni levantar al ca�do. Aunque Dios no intervenga directamente, acude diligentemente por medio de sus profetas en el Antiguo Testamento. Desde el d�a de Pentecost�s, todos los disc�pulos hemos recibido el esp�ritu prof�tico, y somos un pueblo de profetas, que debemos seguir anunciando el Evangelio de Jesucristo, su mensaje de salvaci�n para todos, y de predilecci�n especial por los pobres, como manifestaci�n de la voluntad de un Dios que es Padre de todos los hombres y quiere que compartan los bienes de la tierra como buenos hermanos de una misma familia, y odia la injusticia, la insolidaridad y la opresi�n de unos hombres por otros. Esp�ritu prof�tico de los disc�pulos de Cristo
20. �Qu� imagen dar�amos de Dios si los cristianos call�ramos ante la injusta situaci�n de tantos millones de hombres en el mundo? �No facilitar�amos as�, como dijo el Concilio, el ate�smo de tantos hombres de buena voluntad, que no pueden comprender un Dios que permite que algunos derrochen mientras otros mueren de hambre?26. Para evitar ese silencio que ser�a culpable y blasfemo, la Iglesia debe hablar y debe obrar, bien sea luchando por la justicia cuando la pobreza sea ocasionada por la injusticia, bien actuando por caridad a�n en los casos en que esa situaci�n sea ocasionada por los mismos que la padecen. La Iglesia debe hablar y debe obrar

b) Fundamento cristol�gico

21. Si bien se considera, no hay nadie propiamente rico m�s que Dios, que dispone de una riqueza infinita e ilimitada en todo bien aut�ntico y superior27. El hombre, todo hombre, es siempre m�s o menos indigente de muchas clases de bienes, adem�s de ser limitado en el bien supremo de la vida por el hecho inevitable de la muerte. Por eso, la Encarnaci�n del Verbo de Dios es por s� misma, de manera radical y esencial, el empobrecimiento de Dios. Jes�s de Nazaret, el Hijo muy amado del Padre, en el que tiene sus complacencias, es el pobre por antonomasia, el existencialmente pobre, el vaciado -kenosis-, el abandonado por Dios a la vida humana que ser� su muerte, y el abandonado por s� mismo a la voluntad del Padre y a la voluntad de los hombres. El no ser� el hombre para s�, sino el-hombre-para-los-dem�s, el despose�do, el siervo, el que sirve su vida y sirve su muerte. Tan despojado que ni siquiera tiene un yo propio del hombre, una persona humana -aunque tenga una extraordinaria personalidad-. "Empobrecimiento de Dios"
22. Este este pobre de Yav� que es el pobre m�s grande de toda la historia del Pueblo de Dios, manifiesta un amor preferencial a los pobres y a los oprimidos. Tanto, que les conceder� un t�tulo especial: ser sus representantes, sus delegados, sus presencias en la calle y en el mundo. Podr�amos decir que Jes�s nos dej� como dos sacramentos de su presencia: uno, sacramental, al interior de la comunidad: la Eucarist�a; y el otro existencial, en el barrio y en el pueblo, en la chabola del suburbio, en los marginados, en los enfermos de Sida, en los ancianos abandonados, en los hambrientos, en los drogadictos... All� est� Jes�s con una presencia dram�tica y urgente, llam�ndonos desde lejos para que nos aproximemos, nos hagamos pr�jimos del Se�or, para hacernos la gracia inapreciable de ayudarnos cuando nosotros le ayudamos. M�s de una vez Jes�s ha manifestado su presencia a los santos cuando �stos ayudaban a un pobre. Si el Se�or hubiera venido en su vida mortal a pedirnos ayuda, hubi�ramos corrido a darle de todo coraz�n todo lo que nos pidiera. Ahora lo hace cada d�a en todos aquellos -�y son tantos!- que nos necesitan urgente y gravemente. "Pobre de Yav�". Los pobres, presencias de Cristo en la calle y en el mundo

c) Fundamento neumatol�gico

23. Si se nos permite la expresi�n, bien podr�amos decir que en la econom�a de la Historia de la Salvaci�n el Esp�ritu Santo es como el artesano, el ejecutor, el art�fice que va realizando el proyecto de Jes�s y el mayordomo que va aplicando las riquezas de la muerte y la Resurrecci�n de Cristo. El Esp�ritu del Padre y del Hijo, que obr� la Encarnaci�n del Verbo en Mar�a, se encarga de realizar esta como encarnaci�n continuada que es la Iglesia de la historia. No son dos obras, ni dos historias ni dos proyectos diferentes, sino etapas diferentes de una misma historia de Dios entre los hombres. El Esp�ritu Santo art�fice del proyecto de salvaci�n de Jes�s
24. Por eso, la Iglesia puede y debe hacer suya la proclamaci�n de Jes�s en la sinagoga de Nazaret, al comienzo de su vida p�blica. Cuando le invitan, seg�n costumbre, a dirigir la palabra a los asistentes, en aquel momento dir�amos program�tico, que era como la introducci�n y explicaci�n de su misi�n, retomando las palabras de Isa�as28, dice solemnemente: "El Esp�ritu del Se�or sobre m�, /porque me ha ungido/ para anunciar a los pobres la Buena Nueva -el Evangelio, dir�amos nosotros-,/ me ha enviado a proclamar la liberaci�n a los cautivos/ y la vista a los ciegos, /para dar la libertad a los oprimidos/ y proclamar un a�o de gracia del Se�or". Y a�adi� despu�s, al comenzar su comentario: "Esta Escritura, que acab�is de o�r, se ha cumplido hoy"29. Para anunciar la Buena Noticia a los pobres
Es San Lucas -precisamente el evangel�sta de los pobres y del Esp�ritu Santo, tanto en el Evangelio como en el libro de los Hechos- el �nico de los sin�pticos que expresa la referencia y la vinculaci�n del Esp�ritu Santo a la misi�n de Jes�s hacia los pobres. Pero los tres -Mateo, Marcos y Lucas- destacan fuertemente c�mo el Se�or era movido y empujado por el Esp�ritu30, y Mt 11,5 y Lc 7,22 recogen la escena de los disc�pulos del Bautista enviados a Jes�s, a preguntarle si era el Mes�as que estaban esperando. El Se�or, despu�s de hacer varias curaciones, les responde31,como un signo mesi�nico de su misi�n, que se anuncia a los pobres la Buena Noticia (el Evangelio).
Los seguidores de Jes�s debemos dejarnos mover, inspirar y orientar por el Esp�ritu Santo, si queremos vivir, crecer y madurar como cristianos, llamados a la perfecci�n de la santidad. Por lo mismo, nos sentimos misioneros de la misi�n principal de Cristo, que fu� -y sigue siendo en nosotros- la de anunciar el Evangelio a los pobres, liberar a los oprimidos y curar a los enfermos.

d) Fundamento eclesiol�gico

25. En la Enc�clica Dives in misericordia, Juan Pablo II insist�a en que la Iglesia de nuestro tiempo debe adquirir una conciencia m�s honda de su misi�n, siguiendo las huellas de Cristo. �Cu�l es esta misi�n? O, si se quiere as�, dentro de las diversas misiones complementarias entre s� que la Iglesia debe asumir, �cu�l es aqu�lla que debe ser para ella primordial, permanente, general e irrenunciable? Una Iglesia pobre y para los pobres
Seg�n todo lo que venimos diciendo, parece que esa misi�n es ser la Iglesia de los pobres, en un doble sentido: en el de una Iglesia pobre, y una Iglesia para los pobres. As� como Jes�s fu� radical y esencialmente pobre por su encarnaci�n, y entregado principalmente a los pobres por su misi�n, y s�lo as� cumpli� la redenci�n y El mismo alcanz� su glorificaci�n, la Iglesia de Jes�s debe ser aquella que en su constituci�n social, sus costumbres y su organizaci�n, sus medios de vida y su ubicaci�n, est� marcada preferentemente por el mundo de los pobres, y su preocupaci�n, su dedicaci�n y su planificaci�n est� orientada principalmente por su misi�n de servicio hacia los pobres.
26. La misma historia de la Iglesia nos confirma esta verdad fundamental de la fe cristiana. Si bien es cierto que como instituci�n necesaria en la historia de la salvaci�n la Iglesia siempre permanece, gracias a la promesa y la presencia del Se�or, no lo es menos que en unas ocasiones su testimonio puede ser m�s claro y elocuente que en otras, aunque nosotros no podamos juzgar las circunstancias y las responsabilidades de las personas. Pero en general bien puede decirse que cuando la Iglesia en sus diferentes estructuras -parroquias o di�cesis, congregaciones u �rdenes religiosas, jerarqu�a- han acumulado riquezas materiales y vivido en la abundancia, sobreven�a irremediablemente la decadencia espiritual y se debilitaba o desaparec�a el testimonio evang�lico ante el mundo. La tentaci�n de acumular riquezas
27. En cambio, cuando individual o comunitariamente la Iglesia y los cristianos viv�an con entra�as de misericordia preocupados y entregados a los pobres, desprendi�ndose de las riquezas propias para remediar la indigencia ajena, han florecido los santos, los grandes misioneros, los carismas de todas clases, la alegr�a espiritual y la caridad, la paz y la esperanza, y el evangelio era m�s y mejor anunciado, y generalmente m�s cre�ble y m�s cre�do. Se podr�an poner innumerables ejemplos de toda la historia de la Iglesia. Por poner uno solo, recordemos a Santo Domingo de Guzm�n, can�nigo de Osma, que solamente pudo predicar con fruto el evangelio entre los albigenses cuando se desprendi� de todos sus bienes, de su cabalgadura y sus ricos ropajes, y anduvo a pie, pobre y descalzo, por los caminos del Sureste franc�s. Signo de credibilidad de la Iglesia
28. Esta misi�n fundamental de la Iglesia hacia los pobres supone una permanente con-versi�n, volcarnos, vaciarnos-todos-juntos hacia el lugar teol�gico de los pobres, donde nos espera Cristo para darnos todo aquello que necesitamos para ser verdaderamente su Iglesia, la Iglesia santa de los pobres y para los pobres. De aqu� la necesidad de conocer, vivir y compartir el mundo de los pobres32.

Publicado por tabor @ 20:54  | Reflexiones doctrinales.
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